Cuando el día se repliega
y la luz se esconde en los bordes del mundo,
algo antiguo despierta
en el silencio que nadie nombra.
Las piedras recuerdan pasos
que ya no tienen dueño,
y el viento, sin preguntar,
desordena memorias que no pedimos.
Permanece la huella del tacto
en la madera gastada por los años,
la textura de una voz suspendida
que aún vibra en los huecos de la casa.
Todo lo que pareció extinguirse
deja una marca sutil en la penumbra,
una sombra suave que rehúsa extinguirse,
mientras el aire aprende a nombrarla.
Hay una belleza en lo que no regresa,
como si el olvido tuviera
su propia forma de amar.
Permanece el pulso invisible
en las cosas que nadie contempla:
el calor resistente del barro,
el polvo flotando en la espera.
Y en la grieta donde el tiempo desiste
de medir lo que fue y lo que queda,
habitamos la calma secreta
de todo lo que aún nos hereda.
By A.V
Editado: 25.08.2026