Ecos del multiverso: El camino del guardián

Capítulo 4 - Refugio en la oscuridad

Lyara caminaba al lado de Eldric, su paso acelerado, como si quisiera llegar lo más rápido posible al refugio que Eldric había dicho que iban. Pero no era un simple refugio como ella había pensado, era algo más.

Unas estructuras se alzaban ante ellos, un contraste extraño con la desesperación que aún sentía en su interior. La arquitectura era sorprendentemente hermosa, una mezcla de culturas que la hacía parecer una ciudad emergente, llena de vida y esperanza. Las calles estaban llenas de gente de diferentes orígenes, refugiados de otros mundos que buscaban un nuevo comienzo. Pero a Lyara todo le parecía falso. El bullicio, las sonrisas, los mercados llenos de colores… nada de eso importaba. No podía dejar de ver la cara de Sian, tan llena de esperanza antes del ataque, y la de todos los demás que ya no estaban. La culpa la aplastaba.

Cada rincón de la ciudad parecía un recordatorio de lo que había dejado atrás.

¿Cómo podía ser que aquí, en este refugio, la gente pudiera seguir adelante, mientras ella sentía que su alma se desmoronaba? La ciudad, con su belleza renovada, era un faro de esperanza para otros, pero para ella era un eco doloroso de la traición que aún sentía por parte de Eldric. ¿Cómo pudo haberlos dejado atrás? ¿Cómo pudo él abandonar a Sian y a los demás solo para salvarse a sí mismo?

Lyara miró de reojo a Eldric, su corazón llenándose de rabia. No entendía cómo él podía caminar tan tranquilo, como si nada hubiera pasado, mientras ella cargaba con la culpa de no haber hecho lo suficiente. Si hubiera podido hacer algo más… si solo hubiera tenido más tiempo. Pero no. Eldric la había arrastrado a este lugar, sin importar lo que hubiera quedado atrás. Y lo peor de todo es que ni siquiera parecía arrepentido.

—¿Por qué los dejaste? —las palabras salieron de su boca sin previo aviso, cargadas de furia y dolor.

Eldric la miró, sin sorprenderse. Sabía que llegaría este momento.

—No teníamos otra opción, Lyara. —Su voz era baja, pero firme—. La decisión fue difícil, pero era la única forma de salvarnos.

Lyara apretó los dientes, conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir. El refugio, tan lleno de esperanza para otros, la ahogaba. Se sentía atrapada entre su culpa y el desprecio que sentía por él. No sabía cómo seguir adelante. ¿Por qué él tenía que ser tan… calculador? ¿Tan frío? Mientras ella estaba rota por la pérdida, él parecía ser el mismo, impasible.

—¡Salvarte a ti mismo, Eldric! —explotó, mirando al frente, como si no pudiera soportar la cercanía de él—. Dejaste atrás a Sian… dejaste atrás a todos.

Eldric la observó en silencio, comprendiendo la magnitud de su dolor. Aunque su mirada seguía siendo tranquila, había una ligera sombra de culpa en sus ojos. Sin embargo, no dijo nada más. Sabía que no había palabras que pudieran aliviar lo que Lyara sentía. Y aún más, sabía que él mismo cargaba con su propia culpa por las decisiones que había tomado.

Lyara, a pesar del odio y la rabia que sentía hacia Eldric, sabía en lo más profundo de su ser que Sian ya estaba muerta, que no había nada que hubiera podido hacer para salvarla. Pero el dolor de esa verdad no la hacía perdonar a Eldric. No podía, no después de todo lo que había pasado, no después de sentir que había abandonado a aquellos que confiaron en ella. La culpa seguía abrazándola, y la única forma de lidiar con ella era aferrándose a su resentimiento.

Eldric siguió como si nada, llegaron a un lugar donde se encontraban algunas personas con la cual Eldric empezó a conversar sin prestarle atención, rato después, la noche había caído sobre la ciudad refugio, y la calma que reinaba en el aire no hacía más que intensificar los pensamientos oscuros de Lyara. Mientras caminaba por las calles vacías, sintió la presencia de Eldric a su lado. No dijo nada, pero él parecía esperar un momento adecuado para hablar.

—¿Qué quieres, Eldric? —dijo Lyara, sin volverse a mirarlo, su tono frío y cargado de desdén.

Eldric suspiró, como si ya supiera que la conversación no iba a ser fácil. Finalmente, se detuvo y la miró.

—Necesito que entiendas cómo funcionan los viajes entre los mundos, Lyara. —Su tono era tranquilo, pero había algo en él que indicaba que, a pesar de su serenidad, lo decía en serio.

Lyara lo miró con desconfianza, pero no dijo nada. Se cruzó de brazos y le dio una mirada desafiante.

—¿Y por qué debería escucharte? —preguntó, sin ocultar el desprecio—. Ya me has mentido lo suficiente.

Eldric no se inmutó. Estaba acostumbrado a esa reacción. Sin embargo, sabía que no podía dejarla con tantas preguntas.

—Lo que quiero es que entiendas lo que está pasando, y por qué no puedes quedarte atrapada en el pasado. —Hizo una pausa, como buscando las palabras adecuadas—. Los viajes no son como simplemente dar un paso y cruzar a otro lugar. Cada mundo está conectado de forma diferente, y el viaje… tiene sus riesgos.

Lyara lo miró, algo escéptica, pero curiosa. Sabía que él no mentiría en este tipo de cosas.

—¿Riesgos? ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó, la rabia disminuyendo ligeramente en su voz.

Eldric asintió, comprendiendo que finalmente había captado su atención.

—El viaje entre mundos no es fácil. Los mundos no son iguales. A veces el tiempo se comporta de forma diferente, o las leyes de la física cambian. Hay mundos en los que no se puede estar más de un día, otros donde el tiempo se distorsiona por completo. Y cada viaje deja huellas, efectos secundarios que, con el tiempo, pueden ser peligrosos para quien los haga repetidamente.

Lyara asintió lentamente, la idea de los viajes comenzaba a tener sentido. Aunque no dejaba de sentir rabia, la curiosidad empezaba a ganar terreno.

—¿Y qué pasa con las grietas? —preguntó, sin apartar la mirada—. ¿Eso tiene algo que ver con el viaje entre mundos?

Eldric la observó, sabiendo que finalmente la conversación estaba tomando el rumbo que esperaba.




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