Ecos del multiverso: El camino del guardián

Capitulo 6

Habían pasado varios días desde su última conversación con Eldric. Como le había dicho, se estaba preparando para su primer viaje... al menos, el primero en el que sentía que tenía una elección. A diferencia de los anteriores —donde simplemente había sido arrastrada por los acontecimientos— esta vez era distinto. Esta vez, era su decisión.

Ciudad Refugio seguía sorprendiéndola. Como Eldric siempre estaba ocupado, Lyara había comenzado a explorar por su cuenta. Recorrió sus rincones, habló con su gente, observó sus costumbres. Había algo reconfortante en perderse entre sus callejuelas luminosas y plazas de arquitectura imposible. Por primera vez en mucho tiempo, empezaba a imaginarse quedándose allí. Y aunque los recuerdos de su pasado seguían amarrándola al dolor, sabía que en algún momento tendría que seguir adelante.

—Me pregunto a dónde viajaremos... —pensó Lyara en voz baja, sentada sola en una de las terrazas del nivel alto, desde donde se veía toda la ciudad extendida como un jardín suspendido en el cielo—. Estoy ansiosa...

—H-hola... Lyara —dijo una voz vacilante a su lado, sacándola abruptamente de sus pensamientos—. Soy Jorah.

Lyara lo miró, extrañada, con su carácter siempre alerta.

—¿Te conozco?

—No… pero yo a ti sí —respondió el joven, un tanto nervioso—. Soy de Synthara. Mi padre trabajaba con el tuyo. Te vi muchas veces, aunque tú nunca me notaste.

El nombre Synthara cayó sobre Lyara como un golpe en el pecho. Su antigua ciudad. Las imágenes volvieron a su mente en tropel: las luces, los rostros, las torres, el olor metálico del cielo. El pasado. Todo lo que había perdido.

—C-cómo es posible… —susurró.

—No estaba seguro de que fueras tú, pero… tu cabello rojo… es difícil no notarlo —dijo Jorah con timidez, rascándose la nuca.

Su cabello rojo. Hacía tiempo que Lyara no pensaba en sí misma, en cómo lucía. Era algo que antes le importaba. Su belleza natural, los ojos azul intenso de su madre, las pecas de su padre… siempre habían hecho que su familia llamara la atención. En un mundo donde los pelirrojos eran raros, ellos brillaban como faros. Y ahora, apenas quedaba una chispa de todo eso.

—Lo siento —prosiguió Jorah, bajando la mirada—. No quise sonar como un loco. Es solo que… es increíble verte aquí. No pensé encontrar a nadie más de nuestro mundo, desde… lo que pasó.

—¿Cómo llegaste aquí? —preguntó Lyara, ya más centrada.

—No lo sé. Todo fue una locura. Cuando esa cosa apareció en el cielo y comenzó a destruirlo todo, yo estaba en casa. Fue un caos. Mi padre desapareció… estaba en el centro de investigación junto al tuyo. Pero lo peor vino después.

—¿Lo peor?

—Sí. Culparon al equipo de investigación por lo que pasó. A tu familia. A la mía. Los buscaron por todos lados. Cuando Synthara cayó, la aislaron del resto de las ciudades. Necesitaban a un culpable. Dijeron que esa cosa los había devorado… y que solo quedábamos tú y yo. Pero tú desapareciste. Y a mí… me persiguieron. Me desmayé. Alguien me salvó y me trajo aquí. Dijeron que era el único sobreviviente de la ciudad.

Lyara vio el temblor en sus manos, la forma en que sus ojos se nublaban con cada palabra. Compartía ese dolor. La pérdida, la persecución, la injusticia. Eran los últimos hilos de una historia rota.

—Tranquilo —dijo, poniendo una mano en su hombro—. Aquí estamos a salvo. Averiguaremos quién te trajo, y qué fue lo que realmente pasó. No nos encontrarán aquí.

—No entiendo por qué nos culpan… nosotros no hicimos nada.

—Lo sé. Solo buscan a quién señalar con el dedo. Pero hablaremos de eso después, ¿sí? Ahora debo irme.

Jorah asintió, limpiándose las lágrimas que surcaban su rostro.

Lyara se despidió con una última mirada y se alejó, con el corazón encogido por el reencuentro inesperado. Caminó rumbo a su encuentro con Eldric, pero su mente no dejaba de dar vueltas. Pensaba en Synthara, en su familia, en el padre de Jorah… y ahora, en él. Ya no estaba sola. Había alguien más que compartía su pasado, su pérdida, su origen. Jorah era lo único que le quedaba de esa vida. Y eso, por ahora, bastaba.

Claro, aquí tienes la escena con los elementos que mencionaste:

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Lyara caminaba lentamente por la plaza, sin apresurarse, observando a su alrededor. La ciudad de refugio, aunque llena de vida, seguía siendo extraña para ella. Cada rincón la invitaba a conocer más, pero algo la mantenía al margen. Algo en su interior no la dejaba soltarse completamente, y el tiempo que había pasado sin Eldric solo había fortalecido esa sensación.

De repente, lo vio. Estaba de pie en la esquina, con los brazos cruzados y la mirada fija en ella, como si esperara impacientemente. La luz tenue de la tarde iluminaba su rostro, destacando la expresión de desaprobación que parecía ser su estado natural.

—Llegas tarde —dijo él, sin dejar de mirarla, su tono algo cortante.

Lyara no pudo evitar fruncir el ceño. Se acercó sin apresurarse, su paso seguro pero con una ligera tensión en el aire. Aunque él fuera su guía en este viaje, no confiaba en él, no aún. Algo en sus palabras, en sus actos, la mantenía alerta.

—No es que me haya quedado dormida —respondió, manteniendo la voz neutra pero con un toque de incomodidad. —Tuve que hacer algunas cosas primero.

Eldric levantó una ceja, casi desinteresado, como si esperara algo más, pero no dijo nada por un momento. Lyara percibió el silencio, un tanto incómodo, pero se mantuvo firme, sin ceder ante la presión tácita que él ejercía sobre ella.

—Como sea —dijo finalmente ella, apartando la mirada un momento, con una mezcla de frustración y cansancio. —¿A dónde vamos ahora?

Eldric la observó unos segundos, evaluando su respuesta, antes de soltar una risa suave, casi sarcástica.

—Normalmente esperan por mí, no al revés —comentó, el sarcasmo marcado en su voz.

Lyara lo miró con desdén. No iba a dejar que su actitud la afectara, no más. Con un simple movimiento de cabeza, la indiferencia se apoderó de ella nuevamente.




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