Ecos del pasado

Capítulo 10 — La calma que precede a la tormenta.

Los días siguientes transcurrieron con una felicidad nueva y cautelosa. Carla y Fran buscaban instantes para estar juntos: desayunos compartidos, paseos breves después de los turnos, manos que se encontraban sin ruido. La intensidad no estaba en esconderse, sino en aprender a elegirse cada día sin prometer más de lo que podían cumplir.

Como cada mañana, Carla se levantó temprano y tras darse una ducha y vestirse, se dirigió a la cantina para desayunar con Fran, una costumbre que repetían cada mañana que podían. La mañana amaneció nubosa y triste. Las oscuras nubes amenazaban con descargar una gran tormenta. Carla se estremeció la ver aquel cielo plomizo y ceniciento, que la provocó un escalofrío por su columna. Nada bueno podía presagiar aquel cambio brusco en el tiempo.

Caminó a paso ligero hacía la cantina, y cuando entro, lo encontró allí, como todos los días durante el último mes. Y aunque todo parecía ser igual, no lo era, algo le pareció diferente. El semblante de Fran era sombrío, ya no parecía el hombre alegre que siempre se levantaba al verla entrar brindándole una gran sonrisa y que después la besaba como si el mundo se fuera a acabar ese mismo día.

—¿Ocurre algo? —le pregunto preocupada antes de tomar asiento junto a él.

—Siéntate, tenemos que hablar de algo importante —Carla se estremeció al oírle hablar de aquella forma tan seria.

—¡Me estás asustando! Cuéntame, que ocurre.

Fran la atrajo entre sus brazos y la abrazó con fuerza antes de besarla con ansia. Y tras un beso intenso pero breve comenzó a hablar, pero sin soltarla.

—Dios, cielo, no sé ni cómo empezar a decirte esto —Fran emitió un profundo suspiro, y después continuó…—. Nos acaban de entregar una notificación de traslado para todo el batallón. Nos vamos en unas semanas.

—No. No, no, no, no puede ser. Pero si ibais a estar aquí por bastante tiempo, ¿cómo es posible? —Carla se separó de él para mirarlo a los ojos, y el agachó la mirada.

—La decisión ha venido de arriba, y no hay nada que se pueda hacer…, nosotros marcharemos a otra misión, y otro batallón nos reemplazara.

Carla lo miró sorprendida y triste a la vez. Jamás pensó que aquello pasaría tan pronto. Y aunque siempre sospechó que en algún momento lo trasladarían a otra ubicación y no lo vería en meses. Pero, nunca pensó que fura tan pronto.

Fran tomó sus manos entre las suyas y las besó con reverencia y ella se abrazó a él con desesperación.

—Fran, esto significa que no podremos vernos por muchos meses… —le dijo Carla con tristeza en la voz, y el asintió.

No sé qué hacer Carla. Le he dado mil vueltas a esto, y la única solución que se me ocurre, es dejar el ejército y que volvamos juntos a España —la confesión de Fran la pilló por sorpresa.

¿De verdad él estaba dispuesto a hacer aquello por ella? Dejar el ejército era algo que nunca se había planteado Fran, siempre fue su mayor sueño, pertenecer a las Fuerzas Armadas y defender su país de cualquier amenaza. Sin embargo, en esa encrucijada que se presentaba, él estaba dispuesto a hacerlo, y tan solo por estar a su lado. Carla lo tenía muy claro, eso era algo que ella no iba a permitir.

—¡No puedes hacer eso! ¡No puedes dejar el ejército! Esto es tu vida, es lo que siempre quisiste, lo que siempre soñaste. No voy a permitirlo, no puedes hacerlo, ni siquiera por mí. Encontraremos otra solución.

Fran tomó nuevamente sus manos entre las suyas y la miró a los ojos. Desde que la vio por primera vez, supo que aquella mujer era para él. Era fuerte, decidida y valiente. Algo en ella le decía que era la mujer de su vida, como si la hubiese conocido de toda la vida. Sus ojos brillaron al mirarla, no había nada que no hiciera por ella, hasta abandonar su sueño de toda la vida.

—¿Y qué más puedo hacer, cariño? Quiero estar a tu lado, no quiero irme y dejarte aquí sola.

—Encontraremos una solución, ya lo veras, no desesperes. Pero nunca, nunca pienses en abandonar tu sueño, ni siquiera lo pienses.

Ya pensarían en algo, debía haber alguna otra solución a aquel problema. Y aunque no quería perderlo de nuevo, tampoco quería que él abandonara su vida por ella. Estuvieron un rato abrazados en silencio, con miles de hipotéticas soluciones pasando fugaces por sus cabezas, pero ninguna era lo sufrientemente valida.

—Fran, cariño, ahora me tengo que ir a trabajar, después seguimos hablando. Y por favor, no hagas nada de lo que después puedas arrepentirte. Cualquier cosa que se te ocurra, lo hablamos los dos antes, ¿de acuerdo? Prométemelo.

—Está bien, te lo prometo. Ve a trabajar, yo Intentaré pensar en alguna otra solución. No vemos luego, y recuerda, te quiero.

—Yo también te quiero, chao cariño.

Carla se levantó y le besó la frente, bajando después a sus labios. Él respondió al beso y la dejo marchar.

Acababa de llegar al hospital cuando la tormenta descargo con fuerza y violencia. El presagio de que las cosas no iban a ser todo lo maravillosas que su amor requería.

Volvió a su barracón cuando terminó su turno, necesitaba contarla a alguien lo que había sucedido, y para su propia suerte sus amigas estaban allí.

Se desahogó con Ana y Sara, y ellas la apoyaron en todo lo que pudieron, aunque verdaderamente la situación era muy complicada y no existía una solución fácil al respecto.




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