A Carla le costó varios días asimilar la partida de Fran. Había conseguido lo que siempre quiso, una vida junto a Fran, pero se le había escurrido entre los dedos como la arena de la playa. aunque recibía cartas de él todos los días y ella le contestaba de vuelta, tenía la extraña sensación de que la partida de Fran iba a ser más larga de lo que debía. Él le contaba en sus cartas todo cuanto podía acerca de su misión, porque había detalles que le estaba prohibido contar, y ella, a su vez, le contaba cuanto le echaba de menos y lo aburrido que era estar sin él.
En su última carta, le mandó una foto de ella que Ana le había tomada en su lugar favorito. Y él respondió, que la guardaría junto a su corazón y que sería su talismán.
Los días pasaban con lentitud abrumadora para Carla, habían pasado casi dos meses desde la partida de Fran, y le echaba mucho de menos. Las cartas empezaron a distanciarse en el tiempo, y Carla supuso que era porque estarían en algún remoto lugar, donde era difícil hacer llegar la correspondencia. El único consuelo de Carla, era la compañía de sus mejores amigos con los que se reunía siempre que podía.
—Buenos días, Carla ¿Qué vas a tomar hoy? —le preguntó Sam una mañana como tantas otras antes de ir a hacer su trabajo.
No lo sé, hoy no me encuentro demasiado bien, creo que algo de lo que comí anoche no me sentó demasiado bien.
—¿Qué te parece si te hago una infusión frutal y una tostada con jamón? te sentaran bien, ya lo veras. Tienes que comer algo. Últimamente he notado que no comes demasiado y te encuentro algo… demacrada.
Mientras Sam hablaba, ella no pudo evitar sentir como las náuseas subían a su garganta. Se precipitó hacía el baño, llegando a duras penas, y vomitó hasta que no quedo nada en su estómago. Cuando volvió al mostrador su semblante se veía terrible. Sam alzó una ceja y la miro más de cerca con preocupación.
—No es nada, no te preocupes —le dijo Carla intentado tranquilizarlo—, seguro que algo de lo que comí anoche me sentó mal.
—Si tú lo dices —Sam no se quedó muy convencido—. Aunque creo que debería ir al médico y que te haga un chequeo, solo por si acaso.
Carla podía apreciar la genuina preocupación en el rostro de Sam, e intentó tranquilizarlo.
—Está bien, me pasare por urgencias en el hospital para que te quedes más tranquilo ¿de acuerdo?
Sam sonrió intentando disipar la preocupación por el estado de salud de la que ya consideraba su amiga.
—¡Así me gusta! — respondió él.
Carla salió de la cantina sin haber casi probado, ni la comida ni la infusión que con tanto cariño Sam le había preparado. Se apresuró a llegar a su puesto de trabajo y pasó el día con un malestar estomacal que la hacía ir constantemente al baño a vomitar. Al terminar su turno, y sintiéndose cada vez peor, se dirigió a hablar con Carlos, el médico jefe de la sala de urgencias. Lo encontró en su despacho revisando informes y preparando las tareas del día siguiente.
Tocó con suavidad a la puerta y la voz de doctor la invito a entrar.
—¡Adelante! Ah, hola Carla, ¡pasa, pasa! ¿En qué puedo ayudarte?
La muchacha entró y se sentó en una destartalada silla frente a él, he intentó explicar lo mejor que pudo su situación.
—Últimamente no me encuentro muy bien, creo que tengo algún virus o algo por el estilo.
El médico la miro con preocupación, y pudo ver los signos de agotamiento en el rostro de la chica. Ni siquiera necesitaba hacer pruebas para ver que algo le estaba sucediendo a la muchacha, así que se levantó arrastrando su silla y rodeó su escritorio.
—Muy bien, vamos a ver que es lo que te ocurre —se quitó el estetoscopio que colgaba de su cuello y la indicó que se abriera un poco la blusa del uniforme para poder auscultarla—. Tu ritmo cardiaco está algo elevado, pero me interesa más palpar tu estómago, por favor tumbate en la camilla y bajate un poco el pantalón.
Carla hizo lo que el medico le indicó, el doctor procedió a palparle el estómago intentando encontrar algún punto en donde pudiera discernir el mal que aquejaba a Carla.
—¿Te duele aquí? —la muchacha negó—. ¿Y aquí…? —Carla volvió a negar—. Muy bien puedes levantarte. Vamos a hacerte algunos análisis de sangre para ver cómo estás de defensas. Aunque parece un cuadro de intoxicación alimentaria, no está de más que descartemos otras posibles patologías.
Carla siguió al doctor hasta uno de los boxes de urgencias donde la extrajo muestras de sangre.
—Esperame aquí, voy a llevar las muestras al laboratorio yo mismo, en breve podremos saber que es lo que te aqueja.
Carla hizo lo que el buen doctor le indicó. Permaneció tumbada en la camilla del box de urgencias hasta que el médico volvió con los resultados en la mano una hora después. Carlos entró con una sonrisa de satisfacción en el rostro, y encontró a Carla profundamente dormida, y la sacudió un poco para despertarla.
—Espero que te haya sentado bien el sueñecito —y Carla se echó a reír por el comentario—. Bien. Vamos a ver Carla, lo primero de todo es… que no tienes nada grave, al menos nada que no se pueda solucionar en unos cuantos meses —dijo el galeno con una sonrisa y Carla lo miró sin entender.
—¡Enhorabuena, Carla! Estas embarazada.