Ecos del silencio

Primeros ecos

Hana se despertó con un sobresalto. Había soñado con un puente derrumbado, un río que crecía más de lo normal y un chico desconocido que la miraba con ojos llenos de sorpresa. Su corazón latía con fuerza mientras recordaba cada detalle; incluso los sonidos que había escuchado parecían reales, como si la ciudad estuviera replicando los ecos de aquel sueño.

En su cuarto, todo estaba en silencio salvo por el zumbido del reloj de pared. Hana se levantó y caminó hacia la ventana, observando la calle que tantas veces había visto. Sin embargo, algo era diferente: había un olor a tierra mojada y un murmullo lejano que no lograba identificar. Cerró los ojos y respiró profundo, dejando que las imágenes de su sueño se mezclaran con la realidad. No entendía por qué sentía que esas visiones estaban conectadas con algo que ocurriría, algo que iba más allá de su tiempo.

Mientras tanto, a cientos de kilómetros, Tstsuki estaba en su laboratorio improvisado, revisando los apuntes de los últimos días. Cada flash del futuro que había registrado comenzaba a formar un patrón. Había notado un detalle curioso: ciertas imágenes coincidían con fechas específicas que aún no habían ocurrido. Y entre esas imágenes, siempre aparecía una chica con cabello oscuro, dibujando o mirando por una ventana. Algo en esa figura le resultaba familiar, aunque nunca la había visto en la vida real.

Esa tarde, Hana salió a caminar por el parque cercano a su casa. Quería despejar su mente y entender lo que los flashes le mostraban. Cada paso que daba le hacía sentir que estaba siguiendo un camino invisible, como si alguien o algo la guiara. Observaba a la gente, los árboles, los charcos reflejando la luz del sol y cada pequeño detalle parecía tener un significado. Cada vez que cerraba los ojos, los flashes volvían, recordándole fragmentos de un futuro que no podía cambiar aún, pero que debía comprender.

En el mismo momento, Tstsuki miraba la ciudad desde el balcón de su habitación. Tenía en la mano un cuaderno abierto, lleno de anotaciones sobre patrones climáticos, posibles desastres y flashes que lo habían dejado confundido. Sintió un escalofrío al ver que uno de los eventos mostraba un puente colapsando exactamente como en los sueños de Hana. La coincidencia era demasiado precisa para ignorarla. Tomó nota con rapidez y pensó: “No puedo saber quién es, pero debo encontrarla. Ella está conectada a esto… y yo también”.

Esa noche, Hana volvió a su habitación y se sentó frente a su cuaderno. Dibujó el puente que había visto en su sueño y escribió todo lo que recordaba: sonidos, olores, emociones y la sensación de estar observando a alguien que no conocía. Sabía que no podía compartir estos detalles con nadie; nadie entendería lo que estaba pasando. Solo Tstsuki podría tener una conexión similar, aunque aún no lo sabía.

Antes de dormir, Hana colocó su mano sobre el reloj de pared y murmuró en voz baja: “Quiero entender todo, quiero ver el pasado… y tal vez… al futuro también”. Cerró los ojos, y los flashes comenzaron nuevamente, mezclándose con los sueños, guiándola hacia un camino que la conectaría con Tstsuki y con los ecos del tiempo que pronto cambiarían sus vidas para siempre.




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