Ecos del silencio

El primer cruce

Tatsuki no pudo dormir esa noche. Cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver la ventana empañada, la letra “H”, y esa sensación extraña que llevaba días creciendo en su pecho. Era como si alguien estuviera intentando comunicarse con él, pero sin palabras, como si sus pensamientos estuvieran chocando contra otra mente en algún punto entre dos tiempos.

Se levantó y prendió la luz baja de su escritorio. Sobre él reposaba el dibujo que había encontrado en el depósito. La firma “Hana” parecía recién escrita, pese a que el papel estaba amarillento por el tiempo. Lo volvió a observar, buscando algún tipo de pista.
—¿Quién eres realmente? —murmuró.

Sin saberlo, en ese mismo instante, Hana estaba sentada en su cama con una libreta en las manos. Había pasado la tarde entera intentando plasmar lo que sentía, pero las palabras no le alcanzaban. Escribió su nombre, “Hana”, varias veces, como si así pudiera ordenar sus pensamientos. Entonces sintió un tirón en el pecho. No era dolor, era como si alguien jalara suavemente de un hilo invisible conectado a ella.

Su cuarto se volvió más silencioso de lo normal. Hasta el viento afuera pareció detenerse.

—Ya va a pasar otra visión… —susurró.

Y así fue.

La luz de la habitación se distorsionó como si alguien hubiera doblado el aire. Por un segundo, Hana no vio su propio cuarto, sino un escritorio ajeno, una lámpara encendida y un chico mirando un papel. No distinguió su rostro, pero sí el dibujo. Era el mismo dibujo que ella había hecho meses atrás, uno que creía haber perdido.

Hana dio un paso atrás y chocó contra su cama.
—¡¿Qué?! ¡Ese dibujo… está en el futuro!

En el otro tiempo, Tatsuki sintió un escalofrío en el cuello, como si alguien hubiera exhalado cerca de él. Levantó la vista. Por un instante mínimo, una sombra apareció a su lado, la figura borrosa de una chica. No tenía detalles, era como si estuviera hecha de luz tenue. Pero había algo definitivo en su postura, algo que le decía que esa presencia no era una alucinación.

—Hana… —dijo sin pensar.

La sombra se desvaneció, pero lo dejó con un cosquilleo en las manos.

Esa misma noche, los dos tuvieron un sueño idéntico, aunque no lo supieran.

Hana soñó con un puente interminable suspendido en la nada. En un extremo estaba ella, y en el otro un chico de espaldas. El piso estaba hecho de fragmentos de recuerdos: fotos rotas, relojes, fechas, destellos de momentos que no pertenecían al mismo tiempo. Cuando dio un paso hacia adelante, todo el puente tembló como si estuviera vivo.

Tatsuki soñó exactamente lo mismo: el puente, los fragmentos de memorias, el temblor. Pero él veía la figura de una chica del otro lado. No podía ver su rostro, pero sentía que la conocía desde siempre.

Ambos avanzaron un paso.

El puente comenzó a romperse.

El sueño se convirtió en un estruendo de cristales, voces superpuestas y un sonido grave que parecía venir del fondo de la tierra. Después, silencio total, y ambos despertaron sobresaltados, respirando rápido.

Pero lo más extraño no fue el sueño.

Lo realmente extraño fue lo que encontraron al despertar.

Hana tenía un papel pegado a su brazo, como si lo hubiera estado sosteniendo durante horas. Lo tomó y leyó la palabra escrita con una letra que no era la suya:

"Tatsuki."

Mientras tanto, Tatsuki encontró una hoja en su mesita de noche. No recordaba haber escrito nada. Al verla, sintió un latido extraño en la cabeza. La palabra decía:

"Hana."

Los dos se quedaron quietos, tratando de entender lo imposible.

¿Cómo podían haber escrito el nombre del otro si ninguno conocía a esa persona?
¿Cómo podían estar recibiendo objetos que no pertenecían a su tiempo?
¿Y por qué cada “cruce” de visiones se hacía más intenso?

Hana apretó el papel contra su pecho.
Tatsuki sostuvo el suyo con fuerza.

Y los dos pensaron exactamente lo mismo, sin saberlo:

“Sea lo que sea… esto ya empezó.”




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.