Hana caminaba por la calle, el viento agitaba su cabello y algo en el aire le resultaba extraño. No eran solo las visiones, era la sensación de que algo estaba cambiando a su alrededor.
De repente, vio un pequeño cuaderno tirado en la acera. Lo levantó y, sin entender por qué, sintió un escalofrío.
Al abrirlo, no había notas propias, sino palabras que le eran extrañamente familiares:
"No confíes en lo que ves…"
Hana frunció el ceño.
—¿Qué es esto? —murmuró, sintiendo que el papel vibraba levemente en sus manos.
Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Tatsuki estaba sentado en un banco del parque, revisando sus propios apuntes sobre las visiones. De pronto, notó algo extraño: una sombra se movía entre los árboles, pero no era humana. Su corazón latió más rápido.
El mismo viento que soplaba sobre Hana llegó hasta él, y por un instante, escuchó un murmullo que decía su nombre.
—¿Hola? —preguntó, pero no había nadie.
Al mismo tiempo, Hana sintió la misma voz, casi imperceptible, resonando dentro de su cabeza.
—¿Esto es… real? —se preguntó, sujetando el cuaderno con fuerza.
Ambos miraron alrededor, pero no había señales de nadie. Sin embargo, la sensación de conexión no desapareció. Era como si un hilo invisible los uniera, uniendo sus pensamientos aunque estuvieran separados por kilómetros y años.
Más tarde, Hana llegó a su casa y revisó nuevamente las fotos del terremoto. Esta vez, entre los escombros, apareció una figura borrosa: un chico que parecía mirar directamente hacia ella.
—¿Tatsuki…? —susurró, sin estar segura de haber pronunciado el nombre en voz alta.
En su habitación, el cuaderno cayó de repente al suelo. Hana lo recogió y notó un nuevo mensaje, escrito con la misma letra desconocida:
"Tu tiempo y el suyo ya se están cruzando. Prepárate."
Al mismo tiempo, Tatsuki sintió que su celular vibraba solo. Al mirar la pantalla, solo estaba en blanco, pero de alguna manera podía leer:
"Está más cerca de lo que crees."
Ese día, ninguno de los dos durmió bien. Cada ruido parecía ecos del otro. Cada sombra, un presagio de algo que no entendían completamente.
Por primera vez, comprendieron que el tiempo no era solo un flujo, sino un camino que los estaba guiando hacia algo que cambiaría sus vidas para siempre.
Y aunque no podían verse todavía, una certeza comenzó a formarse en sus corazones:
No estaban solos.