Ecos del silencio

Mensajes entre el tiempo

Hana estaba revisando de nuevo los documentos del terremoto, tratando de descifrar algo que todavía no entendía. Su libreta descansaba a su lado, abierta, con símbolos y palabras que parecían moverse ligeramente bajo su mirada.

De repente, un mensaje apareció en la página, escrito con la misma letra que antes:

"No esperes más. Busca lo que falta."

Su corazón se aceleró. Sabía que no era un error de su imaginación. Algo—o alguien—la estaba guiando.

Al mismo tiempo, Tatsuki estaba en la biblioteca de su escuela, hojeando libros antiguos sobre fenómenos extraños. Un papel cayó de entre las páginas de uno de ellos. Lo recogió y vio un mensaje:

"Ella ya te busca. No falles."

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—No puede ser… —susurró. —¿Cómo…?

Ambos, sin saberlo, estaban recibiendo mensajes del mismo hilo invisible, conectados a través del tiempo. Cada palabra parecía resonar con su propia mente, haciendo que sus pensamientos se entrelazaran, aunque nunca se hubieran visto cara a cara.

Hana decidió probar algo arriesgado: tomó un pequeño espejo y escribió su nombre en él con el dedo, como un ritual. Luego miró a través del cristal y, por un instante, vio un reflejo que no era suyo. Era un chico con cabello oscuro, ojos atentos, que la observaba con la misma intensidad con la que ella lo miraba.

Tatsuki, en su habitación, hizo lo mismo con otro espejo. Al escribir su nombre, vio un reflejo difuso de una chica que le resultaba increíblemente familiar. Sintió que algo se movía entre ellos, una fuerza invisible que los empujaba hacia un punto de encuentro que aún no existía.

Durante la noche, ambos intentaron dormir, pero no pudieron. Cada sonido parecía un eco del otro: pasos que no estaban, susurros que no entendían, luces que parpadeaban sin explicación.

Finalmente, Hana escribió en su libreta:

"No sé quién eres, pero siento que ya te conozco."

Y Tatsuki, al mirar su cuaderno, vio escrito en la misma página:

"Siento lo mismo. Debemos encontrarnos."

Por primera vez, ambos supieron con certeza que no estaban solos. Que el tiempo los estaba uniendo, y que lo que vendría sería mucho más grande de lo que podían imaginar.

El vínculo estaba activado.
El juego del tiempo acababa de comenzar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.