Ecos del silencio

Primer contacto del tiempo

La noche había caído sobre la ciudad, y Hana no podía dejar de pensar en lo que había sentido durante el día. Cada paso, cada sonido, cada sombra parecía susurrarle algo que no podía comprender del todo.

Se sentó frente a su libreta, encendió una lámpara tenue y comenzó a escribir, intentando ordenar sus pensamientos. Los símbolos y palabras que aparecían solos en las páginas no eran mensajes cualquiera; eran fragmentos de recuerdos y visiones de alguien más.

"Él está cerca. Lo puedes sentir, aunque no lo veas."

Hana frunció el ceño y respiró hondo. ¿Cómo podía alguien del futuro… o del pasado, estar comunicándose con ella de esta manera? Cerró los ojos y, por un instante, sintió un tirón en el pecho, un hilo invisible que parecía guiar su mano. Tomó su lápiz y dibujó un símbolo en el aire, siguiendo la sensación que recorría su cuerpo.

Al mismo tiempo, Tatsuki caminaba por un callejón, con el corazón acelerado. No entendía cómo sabía que debía estar allí, pero cada fibra de su ser le decía que no podía detenerse. El cuaderno que había encontrado semanas antes ahora estaba abierto frente a él, y sobre sus páginas apareció un mensaje que no había escrito:

"Si sientes esto, significa que estamos más cerca."

Un escalofrío lo recorrió. Sintió que alguien lo observaba, pero al mirar a su alrededor no había nadie. Solo la ciudad silenciosa, iluminada por faroles y luces de neón que parpadeaban suavemente.

Hana decidió salir a la terraza de su edificio. El viento nocturno acariciaba su rostro y su cabello, y por un momento, todo parecía quieto. Cerró los ojos y extendió la mano, imaginando que podía tocar algo que aún no existía. De pronto, sintió una corriente de aire cálida, como si alguien estuviera justo frente a ella, aunque no podía verlo.

En el otro lado de la ciudad, Tatsuki experimentó lo mismo. Sintió la misma corriente de aire, el mismo escalofrío recorriendo su columna. Su mano se movió hacia arriba, casi instintivamente, como si intentara alcanzar algo intangible.

Durante minutos, ambos permanecieron en esa posición, sintiendo la presencia del otro sin comprender cómo ni por qué. Sus pensamientos se entrelazaban: Hana imaginaba los ojos de Tatsuki, su expresión curiosa y cautelosa; Tatsuki pensaba en la chica de su reflejo, su cabello oscuro moviéndose con el viento, sus ojos brillando con una intensidad que lo dejaba sin aliento.

Finalmente, ambos bajaron la mano al mismo tiempo y abrieron los ojos. Una certeza se formó en sus corazones: no estaban solos, y nunca lo habían estado.

Esa noche, mientras escribían en sus libretas, un mensaje apareció simultáneamente:

"El tiempo nos unirá. No temas."

Hana y Tatsuki sonrieron, aunque no podían verse. No necesitaban palabras ni miradas; sabían que el hilo que los conectaba era más fuerte que cualquier distancia, más poderoso que cualquier año que los separara.

Por primera vez, comprendieron que el tiempo no era un obstáculo, sino un camino que los llevaba hacia algo que cambiaría sus vidas para siempre. Y mientras las estrellas brillaban sobre la ciudad, una promesa silenciosa se formó en sus corazones: llegarían a encontrarse, pase lo que pase.




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