Ecos del silencio

Primera señal

Hana caminaba por la calle con paso lento, pero firme. Cada sonido de la ciudad parecía amplificado: el crujir de las hojas bajo sus pies, el zumbido lejano de un auto, hasta el murmullo del viento entre los edificios. Todo parecía querer decirle algo, aunque no sabía qué.

Su libreta temblaba de nuevo. Al abrirla, encontró una frase escrita que ella no había escrito:

"El tiempo es más frágil de lo que crees."

—¿Qué…? —murmuró, mirando alrededor, esperando que alguien estuviera cerca—. No estoy sola…

Mientras tanto, Tatsuki avanzaba por las calles de su tiempo, sintiendo la misma vibración que Hana. Su cuaderno emitía un suave resplandor que lo guiaba hacia el parque central, hacia el lugar donde sentía que algo importante iba a suceder.

De pronto, ambos sintieron un tirón en el pecho. No era un dolor, sino una especie de llamada, un recordatorio de que sus destinos estaban conectados de formas que aún no comprendían. Hana cerró los ojos y respiró hondo, dejando que la sensación la guiara.

Cuando abrió los ojos, vio una pequeña grieta en la realidad: un instante de aire que parecía ondular como si el tiempo se doblara sobre sí mismo. Dentro de esa ondulación, pudo ver a Tatsuki, parado al otro lado del mundo y del tiempo, mirándola con la misma confusión y determinación que ella sentía.

—No puede ser… —susurró—. Esto no es real.

Pero la sensación persistió, como un eco que resonaba en su mente. Por un momento, el mundo alrededor desapareció: solo existían ellos dos, y el hilo invisible que los unía.

Tatsuki, por su parte, sintió lo mismo. Los edificios, las calles, incluso las personas a su alrededor se desvanecieron en un parpadeo. Todo lo que podía ver era Hana, y algo dentro de él le decía que debía protegerla, aunque no entendiera por qué.

Entonces, un sonido extraño cortó el momento: un golpe seco, como si algo hubiera caído cerca de Hana. Se giró rápidamente, pero no había nada. Sin embargo, cuando miró el suelo, vio un pequeño objeto metálico: una llave antigua, con inscripciones que brillaban débilmente.

—¿Una llave? —preguntó, confundida.

Al mismo tiempo, Tatsuki sintió una ráfaga de aire frío pasar por su nuca y escuchó un susurro que parecía venir del futuro:

"No confíes en todo lo que ves."

Ambos comprendieron que, aunque el encuentro parecía cercano, el tiempo aún tenía sus trampas y secretos. Algo o alguien estaba jugando con ellos, y no podían confiar plenamente ni en sus sentidos ni en la realidad que los rodeaba.

Hana guardó la llave en su bolsillo, mientras Tatsuki apretaba su cuaderno contra el pecho. Ambos sabían que el verdadero desafío apenas comenzaba, y que cada decisión podría acercarlos o alejarlos para siempre.




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