El viento soplaba con fuerza sobre la ciudad, arrastrando hojas, polvo y una sensación de urgencia. Hana caminaba por las calles mojadas, con la llave en el bolsillo y la libreta apretada contra su pecho. Cada paso parecía acercarla más a un encuentro que no podía comprender del todo.
De repente, una sombra se movió a su lado. Instintivamente se giró, pero no vio a nadie. Solo un par de hojas que flotaban como guiadas por manos invisibles.
—¿Qué está pasando conmigo? —susurró, respirando con rapidez.
A kilómetros de distancia, Tatsuki también sentía el mismo impulso. Su cuaderno brillaba débilmente, y las palabras escritas comenzaban a reorganizarse, formando frases que no recordaba haber escrito:
"Ella está cerca… el tiempo se dobla."
Los dos, sin saberlo, se estaban moviendo hacia el mismo lugar. Cada calle, cada esquina parecía guiarlos como si la ciudad misma los conociera y quisiera juntarlos.
Hana llegó al parque central y se detuvo frente a la fuente. El aire se movía extraño, como si el espacio entre ellos se estirara y contrajera. Cerró los ojos y respiró hondo, dejando que la intuición la guiara.
Al mismo tiempo, Tatsuki apareció al otro lado del parque, sintiendo un calor familiar que lo estremecía. Había algo en Hana que reconocía, aunque jamás la hubiera conocido en su tiempo.
—Ella… —murmuró—. Es ella.
Hana abrió los ojos justo cuando sintió una presencia detrás de ella. Giró lentamente, y sus miradas se encontraron por primera vez de manera consciente. No había palabras, no había explicaciones; solo un reconocimiento profundo y silencioso.
El viento cesó por un instante. Todo parecía detenerse. Era como si el tiempo hubiera decidido hacer una pausa para que ellos se vieran. Pero en ese momento, una sombra más grande que las demás cruzó el parque, moviéndose entre ellos y desapareciendo antes de que pudieran reaccionar.
—¿Qué… fue eso? —preguntó Hana, con el corazón acelerado.
Tatsuki dio un paso hacia ella, pero la sombra había dejado un rastro: una sensación de peligro, de que el tiempo todavía no les daba libertad para estar juntos plenamente.
Ambos entendieron lo mismo al mismo tiempo: el verdadero desafío apenas comenzaba. La conexión entre ellos era fuerte, pero había fuerzas más grandes que manipularían cada movimiento que dieran.
Hana y Tatsuki permanecieron allí, en silencio, conscientes de que sus destinos estaban entrelazados y que el próximo paso decidiría si podrían enfrentarse a las sombras que acechaban su encuentro.