Hana regresó a su habitación con la mente llena de imágenes que no podía explicar. La llave brillaba levemente en su bolsillo, y cada vez que la tocaba, sentía una corriente que la atravesaba, como si el tiempo mismo le hablara.
—No puedo ignorarlo… esto tiene que significar algo —susurró, apoyándose en la pared—. Pero ¿qué?
Su libreta, por primera vez, comenzó a moverse sola. Las páginas se pasaban rápidamente hasta detenerse en un espacio en blanco que pronto se llenó con palabras escritas en tinta que parecía brillar:
"El próximo encuentro definirá todo. Confía en tus visiones."
Hana no pudo contener un escalofrío. Todo era demasiado extraño, demasiado real. Cada sensación, cada visión, la acercaba más a Tatsuki, aunque el tiempo los separara.
Mientras tanto, Tatsuki estaba en su habitación, observando cómo su cuaderno también reaccionaba. Cada palabra escrita parecía vibrar con fuerza propia, guiándolo hacia Hana. Sintió un tirón en el pecho, igual que Hana, y comprendió algo: no estaban solos en esto.
Decidió salir de inmediato. No podía esperar más. La conexión era demasiado intensa para ignorarla. Cada calle, cada esquina, cada parque se sentía como un camino que los acercaba.
Hana, por su parte, salió del edificio, sin saber exactamente a dónde ir. Solo seguía la intuición y la sensación de que algo importante iba a suceder. La llave en su bolsillo parecía latir con ella, marcando el ritmo de su corazón.
Ambos llegaron nuevamente al parque central, casi al mismo tiempo, y por un instante, el mundo alrededor desapareció. Solo existían ellos dos, y el hilo invisible que los unía.
—Tatsuki… —susurró Hana, aunque no estaba segura de que pudiera pronunciar su nombre correctamente.
—Hana… —respondió él en su mente, más que con palabras, sintiendo que su corazón entendía lo que la razón aún no podía procesar.
Pero entonces, un ruido extraño interrumpió el momento. Un golpe seco, metálico, proveniente de la fuente del parque, los hizo dar un paso atrás. No podían ver de dónde venía, pero ambos sabían que no estaban solos, y que las visiones y las sombras no dejaban de observarlos.
Hana sostuvo la llave con fuerza y Tatsuki apretó el cuaderno contra su pecho. Por primera vez, ambos comprendieron que la verdadera batalla no era solo contra el tiempo, sino contra algo mucho más grande que los estaba guiando, o tal vez manipulando.
El encuentro había comenzado, pero las pruebas apenas empezaban.