El sol comenzaba a ocultarse tras los edificios, tiñendo la ciudad de un naranja intenso que reflejaba en los charcos de lluvia. Hana caminaba despacio, aún sosteniendo la llave en su mano. Cada paso parecía resonar con un eco del pasado, como si la ciudad misma recordara lo que estaba por suceder.
—Todo esto… no puede ser coincidencia —murmuró para sí misma—. Es como si alguien quisiera que yo lo encuentre.
Mientras tanto, Tatsuki avanzaba por un callejón cercano al parque, siguiendo la vibración de su cuaderno. Las palabras parecían guiarlo, formando frases incompletas que solo él podía entender:
"El tiempo no es lineal… confía en tus instintos."
De repente, ambos sintieron un tirón en el pecho, la misma sensación de siempre, pero más intensa. Era como si el universo entero los estuviera empujando hacia un mismo punto, obligándolos a unirse.
Hana cerró los ojos y respiró profundo. Los recuerdos del terremoto, las visiones y los mensajes en su libreta parecían mezclarse en un solo flujo de imágenes. Sintió que algo importante estaba por revelarse.
Tatsuki, por su parte, llegó al parque central y se detuvo frente a la fuente. Su mirada se encontró con la de Hana, y por un instante, el tiempo pareció detenerse. No había palabras, no había explicaciones; solo un entendimiento silencioso de que sus destinos estaban unidos.
Entonces, un sonido metálico resonó detrás de Hana. Se giró rápidamente y vio algo que no podía comprender: la llave que llevaba en la mano empezó a flotar ligeramente, emitiendo un brillo tenue que iluminaba la acera.
—¿Qué…? —susurró, con el corazón acelerado.
Tatsuki dio un paso hacia ella, extendiendo la mano, pero algo lo detuvo. Una sombra pasó frente a ellos, deslizándose entre los árboles del parque, observándolos con ojos invisibles.
—No estamos solos —dijo Tatsuki en voz baja, como si temiera que la sombra pudiera escucharlo.
Hana asintió, comprendiendo al fin que las visiones, las llamadas del tiempo y las sombras no eran accidentes. Todo estaba conectado, y cada decisión que tomaran podía cambiar su destino para siempre.
El eco del pasado y del futuro resonaba a su alrededor, recordándoles que el tiempo no perdona, y ellos apenas comenzaban a comprender su poder y sus riesgos.