Hana caminaba con cuidado por la calle desierta, la llave apretada contra su pecho. Cada paso parecía resonar con un eco extraño, como si alguien o algo siguiera cada movimiento. La noche estaba tranquila, pero la calma era solo superficial; había tensión en el aire, invisible pero presente.
—No sé si estoy lista para esto —susurró, mientras miraba a Tatsuki—. Pero no podemos huir.
Tatsuki asintió, sosteniendo su cuaderno como si fuera un escudo. Sus ojos brillaban con determinación.
—No estamos solos, Hana. Pero si confiamos en lo que sentimos, podremos entenderlo —dijo, señalando la llave que ella llevaba—. Esa llave… no es solo un objeto. Es un puente entre nosotros y algo más grande.
De repente, un ruido metálico se escuchó detrás de ellos. Un viento frío los envolvió, y el cuaderno de Tatsuki comenzó a moverse solo, como si las palabras quisieran salir de sus páginas.
"El tiempo se dobla… no mires atrás."
Hana frunció el ceño. La sensación de peligro crecía con cada segundo. Sintió que la llave latía con fuerza en su mano, marcando el ritmo de algo que aún no comprendía del todo.
—Tenemos que seguir —dijo Tatsuki, avanzando un paso—. No hay otra opción.
Mientras caminaban, las sombras parecían moverse alrededor, deformando la realidad a su paso. Cada farol, cada ventana, cada rincón del parque parecía observarlos, como si estuvieran siendo evaluados.
Finalmente llegaron a un pequeño puente de hierro que cruzaba un río casi seco. La llave comenzó a brillar intensamente, iluminando la zona a su alrededor. Hana la sostuvo frente a ella, y un haz de luz proyectó un patrón sobre el suelo: símbolos extraños que parecían antiguos y modernos al mismo tiempo.
—Esto… esto es un mapa —susurró Hana, con los ojos abiertos de par en par—. Nos está mostrando algo.
Tatsuki se acercó y miró los símbolos. Sintió que todo el peso del tiempo y del destino descansaba sobre ellos.
—Hana… lo que vamos a descubrir cambiará todo —dijo—. No solo nuestras vidas, sino todo lo que conocemos.
El viento susurró entre los árboles, y por un instante, el mundo pareció detenerse. Ellos sabían que habían dado un paso crucial. La llave no era solo un objeto; era la llave del destino, y lo que estaba por venir pondría a prueba todo lo que creían saber sobre el tiempo, las visiones y su conexión.