El cielo estaba cubierto de nubes densas y grises, reflejando la tensión que ambos sentían. Hana y Tatsuki caminaban en silencio, cada uno procesando las visiones y los susurros que habían sentido en los últimos días.
—Cada vez que avanzo, siento que algo cambia —dijo Hana, mirando el suelo mientras los faroles proyectaban sombras alargadas—. Como si la realidad misma se estuviera deformando.
Tatsuki sostuvo su cuaderno con fuerza, observando los símbolos que habían aparecido la noche anterior. —No es deformación —respondió—. Es una advertencia. Cada visión nos muestra lo que podría pasar si nos equivocamos.
Un sonido metálico resonó a lo lejos, y ambos giraron al unísono. Entre las sombras apareció un objeto flotante, girando lentamente: un reloj antiguo, similar al que habían visto días antes, pero ahora más desgastado.
—Esto… esto no puede ser coincidencia —murmuró Hana—. El tiempo nos está marcando algo importante.
El cuaderno de Tatsuki volvió a vibrar, y las palabras se formaron solas:
"No subestimen las señales. El terremoto se acerca."
Hana tragó saliva, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. —Tenemos que prepararnos —dijo—. No podemos permitir que nos tome desprevenidos.
Tatsuki asintió y avanzó unos pasos, mirando el horizonte. Las sombras se movían alrededor de ellos, como si fueran observadores silenciosos, evaluando cada decisión.
—Lo importante ahora —dijo con determinación— es entender cómo funcionan estas señales. Cada objeto, cada símbolo, cada visión tiene un propósito. Si lo desciframos, podremos cambiar el destino.
La llave en manos de Hana comenzó a brillar, proyectando un haz de luz sobre el suelo. Los símbolos se entrelazaban formando un patrón complejo, y por un momento, ambos pudieron ver fragmentos del futuro, imágenes del terremoto, de la ciudad, de los edificios cayendo y del caos que se avecinaba.
Hana apretó la llave, respirando hondo. —No podemos fallar. Esto no es solo sobre nosotros… es sobre todos.
Tatsuki la miró y sonrió con seguridad. —Juntos lo enfrentaremos. No importa cuán grande sea el peligro, no nos detendremos.
Y mientras el viento susurraba entre los edificios, ambos comprendieron que el tiempo los estaba probando, y que cada paso que dieran sería crucial para salvar lo que amaban.