Ecos del silencio

La ciudad que susurra

El amanecer llegó con un cielo gris plomo, reflejando la incertidumbre que pesaba sobre Hana y Tatsuki. La ciudad parecía tranquila, pero ellos sabían que bajo esa calma se escondía un caos inminente.

Hana caminaba junto a Tatsuki, su mirada fija en la llave que brillaba suavemente en su mano. Cada vez que la sostenía, podía sentir una vibración sutil, como si la propia ciudad le hablara.

—Siento que la ciudad está viva —dijo Hana en voz baja—. Como si conociera todo lo que hemos hecho.

Tatsuki asintió, observando los edificios y las calles desiertas. —No solo viva… alerta. Cada sombra, cada callejón, cada ventana tiene un mensaje. Solo hay que aprender a escucharlos.

El cuaderno en sus manos vibró, y las palabras aparecieron automáticamente:

"El tiempo no perdona. Observa y aprende."

Hana frunció el ceño, entendiendo que no podían seguir avanzando a ciegas. Cada visión, cada susurro y cada símbolo que encontraban tenía un propósito, aunque aún no supieran cuál.

De repente, un sonido como un susurro metálico recorrió la calle. Era breve, pero suficiente para que ambos sintieran un escalofrío. Las sombras en las paredes comenzaron a moverse, formando figuras que parecían representar momentos pasados y futuros al mismo tiempo.

—¿Qué es eso? —preguntó Hana, su voz temblando ligeramente.

—Recuerdos y advertencias —dijo Tatsuki—. La ciudad nos está mostrando todo lo que necesitamos saber para enfrentar lo que viene.

Un farol cercano se apagó de golpe, dejando un instante de completa oscuridad. Pero la luz de la llave iluminaba los símbolos del suelo, proyectando un camino que parecía guiar sus pasos.

—Tenemos que seguirlo —dijo Hana, tomando la mano de Tatsuki—. No hay otra opción.

Mientras avanzaban, ambos sintieron que la ciudad misma los observaba, evaluando cada movimiento, cada decisión. Sabían que cada paso que dieran los acercaría más al terremoto y a la verdad detrás de las visiones.

El viento comenzó a soplar con fuerza, trayendo consigo ecos de voces lejanas, recordándoles que el tiempo no se detiene, y que cada momento es crucial.

Hana apretó la llave contra su pecho y miró a Tatsuki: —Juntos, podemos enfrentarlo todo.

Tatsuki asintió con firmeza, y juntos siguieron caminando, conscientes de que la ciudad y el tiempo mismo eran pruebas que debían superar.




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