Hana y Tatsuki avanzaban lentamente por un pasaje que parecía un túnel entre mundos. Las paredes estaban cubiertas de viejas fotografías y recortes que flotaban en el aire, cada uno mostrando escenas de personas que nunca habían conocido, pero cuyos rostros parecían extrañamente familiares.
—Es como si la ciudad nos estuviera mostrando vidas enteras —dijo Hana, tocando una foto que se deshacía en partículas de luz al contacto—. Cada imagen guarda un recuerdo, un eco de lo que fue y lo que será.
Tatsuki se detuvo y señaló un fragmento de la pared que brillaba con un tono azul intenso. —Mira esto —dijo—. Es nuestro colegio… pero destruido. Y aquí, alguien escribió algo…
Hana se acercó y leyó las palabras que parecían estar hechas de luz:
"Solo los que recuerdan podrán cambiarlo."
—Eso nos incluye a nosotros —susurró Hana—. Si no entendemos estas visiones, nada de esto tendrá sentido.
Tatsuki asintió, su mirada fija en los fragmentos que aún flotaban en el aire. —Cada recuerdo, cada eco del tiempo… es una guía. Tenemos que prestar atención a cada detalle, porque cualquier error podría ser irreversible.
Un viento frío recorrió el túnel, levantando las fotografías y mezclándolas en un torbellino de imágenes y sensaciones. Hana sintió que estaba tocando momentos que aún no habían sucedido, y Tatsuki percibió emociones que no eran suyas, pero que formaban parte de algo más grande.
—Es como si pudiéramos sentir la vida de la ciudad —dijo Hana—. Todo lo que pasó, todo lo que pasará… está aquí.
—Y nosotros estamos en el medio —dijo Tatsuki—. Debemos ser cuidadosos. Cada paso que demos afectará el resultado.
Mientras avanzaban, ambos comprendieron que su conexión no solo los unía entre líneas temporales, sino que también los conectaba con la propia memoria de la ciudad, y que para cambiar el futuro tendrían que descifrar todos los ecos que aún resonaban en el aire.