La tarde caía lentamente sobre la ciudad, tiñendo los edificios con tonos naranjas y púrpuras. Hana y Tatsuki caminaban por una calle semi-desierta, cada paso resonando como un eco en el tiempo.
—Es extraño —dijo Hana, mirando las sombras alargarse—. Todo parece normal, pero siento que estamos viendo algo que aún no sucede.
Tatsuki asintió, observando un cartel antiguo que colgaba de un edificio. Las letras estaban descoloridas, pero entre los símbolos, reconoció números y fechas que no podían coincidir con la realidad actual. —El tiempo… está roto en pedazos —susurró—. Y nosotros estamos caminando justo en medio de esas piezas.
Hana se detuvo frente a una puerta de madera. Un leve resplandor azul escapaba por las grietas. —¿Vamos a entrar? —preguntó, con una mezcla de miedo y curiosidad.
Tatsuki respiró hondo y asintió. —Si queremos entender lo que está pasando, no tenemos otra opción.
Al abrir la puerta, fueron recibidos por un salón lleno de relojes, todos girando a diferentes velocidades. Algunos avanzaban hacia adelante, otros retrocedían, y unos pocos permanecían quietos, como si el tiempo en ese lugar tuviera voluntad propia.
—Es como si el pasado, el presente y el futuro estuvieran conviviendo aquí —dijo Hana, tocando un reloj que mostraba una fecha que aún no había llegado.
—Cada reloj —explicó Tatsuki— representa un fragmento de lo que puede suceder. Debemos aprender a leerlos.
Se sentaron en el suelo, frente a los relojes, y comenzaron a estudiar los movimientos de las manecillas, anotando cada cambio en sus cuadernos. Poco a poco, las visiones empezaron a entrelazarse, revelando patrones y conexiones que antes les eran invisibles.
—Si entendemos estos fragmentos —dijo Hana—, podremos anticipar los eventos del terremoto y salvar a la ciudad.
—Sí —respondió Tatsuki—. Pero debemos ser precisos. Cada segundo cuenta, y cada error puede ser irreversible.
Mientras el resplandor de los relojes llenaba la habitación, ambos comprendieron que su misión era más compleja de lo que habían imaginado, y que solo trabajando juntos podrían reconstruir el flujo del tiempo y evitar la tragedia que se avecinaba.