La conexión no volvió de inmediato.
Eso fue lo que más inquietó a Hana. Hablar con Tatsuki había sido intenso, pero el silencio posterior era peor. Como si el tiempo hubiera decidido observarlos desde lejos, esperando a que cometieran un error.
Esa mañana, mientras caminaba por la ciudad, notó pequeños detalles que antes pasaban desapercibidos: grietas reparadas en muros antiguos, placas con fechas, nombres de calles que habían cambiado tras el desastre. Todo era una huella del futuro… un futuro que ya había ocurrido para ella.
—Si pudiera marcar los puntos clave… —pensó—, tal vez él podría verlos.
Sacó el celular y tomó una foto de un edificio reconstruido. En la imagen, por un segundo, creyó ver una sombra reflejada en el vidrio. No era la suya.
Era él.
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Cuatro años atrás, Tatsuki despertó con el celular vibrando sin razón aparente. La pantalla estaba en negro, pero al desbloquearlo apareció una imagen que no recordaba haber tomado: un edificio desconocido, moderno, con una placa que indicaba una fecha futura.
—Esto… no es posible.
La imagen parpadeó y desapareció.
Se sentó en la cama, respirando hondo. No había escuchado la voz de Hana, pero sabía que había sido un intento. Una señal. Y eso significaba que la conexión podía ir más allá de palabras.
—Entonces… —dijo para sí—, podemos enviarnos cosas.
Esa tarde, pasó por una calle antigua, una de las que ella había descrito como zona crítica. Se detuvo, memorizó cada detalle y escribió en su cuaderno una sola frase, clara y directa:
> “Aquí empieza.”
Cerró los ojos con fuerza, concentrándose en ella, en su voz, en la sensación que había quedado después de hablar. No sabía si funcionaría… pero lo intentó.
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Hana sintió un cosquilleo en la nuca. Sacó la libreta y la abrió sin pensar. En una página en blanco, apareció una frase escrita con una letra que ya reconocía:
> “Aquí empieza.”
El pulso se le aceleró.
—Sí —susurró—. Aquí empieza todo.
Por primera vez, no fue solo el tiempo el que se dobló.
Fueron ellos.
Dos voluntades, dos épocas distintas, empezando a dejar marcas en el mismo punto invisible.
Y sin saberlo aún, estaban acercándose peligrosamente al momento en que una sola decisión podría cambiarlo todo.