Ecos del silencio

La señal que no debía existir

La ciudad siguió su rutina como si nada hubiera cambiado.

Pero algo sí había cambiado.

Hana lo sintió primero en el cuerpo. No fue una visión ni un sueño: fue un error pequeño, casi ridículo. El reloj de la cocina se detuvo exactamente a las 7:17. No avanzó. No retrocedió. Simplemente… se quedó ahí.

—Esto no pasaba antes —susurró.

Intentó ignorarlo, pero durante el día aparecieron más señales. Un semáforo que tardó demasiado en cambiar. Una canción que se repitió dos veces seguidas en la radio. Un mensaje enviado que tardó minutos en llegar… aunque la señal era perfecta.

No eran fallas grandes.
Eran avisos.

Abrió la libreta y escribió con rapidez, como si temiera que el tiempo le cerrara la boca.

> “El cruce ya no espera.
Está ajustando el mundo.”

Al cerrar el cuaderno, sintió algo nuevo: urgencia.

---

Tatsuki tuvo su propia señal.

Estaba en clase cuando el profesor explicó un tema que ya había visto… palabra por palabra. No parecido. No similar. Exacto.

Levantó la vista, confundido. Nadie más parecía notarlo.

—Esto ya pasó… —pensó.

Sacó su cuaderno y revisó una página vieja. Ahí estaba: la misma explicación, escrita días antes, con la misma fecha que aún no había llegado.

Su respiración se aceleró.

—El tiempo no se está rompiendo —murmuró—. Se está doblando.

Por primera vez, entendió algo aterrador:
el cruce ya no era un lugar fijo.
Estaba empezando a expandirse.

---

Esa tarde, Hana sintió el tirón.

No fue dolor, fue dirección. Como si algo invisible le señalara el camino. Tomó su chaqueta y salió sin pensarlo demasiado. Sus pies sabían a dónde ir.

El cruce la esperaba.

Pero no estaba igual.

El aire vibraba suave, como la superficie de un lago antes de romperse. Al acercarse al centro, el sonido de la ciudad se apagó. No de golpe, sino como si alguien bajara el volumen del mundo.

—¿Qué quieres? —preguntó en voz baja.

El suelo respondió con una imagen fugaz: un rostro que no era el suyo, mirándola con la misma intensidad.

---

En otro punto del tiempo, Tatsuki sintió lo mismo.

Una presión en el pecho. Una certeza absurda: ahora.

Corrió. No sabía por qué, pero sabía que si no lo hacía, algo se perdería para siempre.

Cuando llegó al cruce, el silencio ya estaba ahí.

Apoyó un pie en el centro… y el mundo parpadeó.

Por un instante mínimo, imposible de medir, los dos estuvieron en el mismo lugar.

No se tocaron.
No se vieron del todo.

Pero sintieron lo mismo:

Calor.
Reconocimiento.
Y una verdad que no necesitaba palabras.

---

Cuando el ruido volvió, ambos quedaron solos.

Pero ya no como antes.

Porque ahora sabían algo que no podían olvidar:

El encuentro no era un accidente.
Era inevitable.

Y el tiempo… ya había empezado la cuenta regresiva.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.