El silencio no fue inmediato.
Primero llegó la presión, como si el aire hubiese decidido pesar más. Hana caminaba por el patio con normalidad exterior, pero cada paso se sentía ligeramente fuera de lugar, como si el suelo respondiera con un retraso invisible. No era algo que pudiera señalar. Era algo que se sentía.
El vínculo vibraba.
No como antes.
Ahora era inestable.
—Esto no debería pasar… —pensó, llevándose una mano al pecho.
El mundo seguía funcionando, pero ya no fluía. Era como una melodía tocada con una nota incorrecta que nadie más parecía escuchar.
Nadie excepto ella.
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En otro punto del tiempo, Tatsuki observaba los registros con una tensión que no sentía desde hacía años. Las líneas temporales no estaban rompiéndose… estaban reorganizándose. Y eso era mucho peor.
—El error no es el vínculo —murmuró—. El error es que alguien lo está usando como referencia.
Las pantallas mostraban patrones repetidos, ecos artificiales, correcciones forzadas. No eran consecuencias naturales. Eran intervenciones.
Alguien —o algo— estaba mirando el tiempo como un sistema que debía optimizarse.
Y Hana estaba en el centro de todo.
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Ella lo sintió cuando el sonido del recreo se apagó por completo.
No desapareció de golpe. Se fue drenando, como si alguien hubiese bajado el volumen del mundo. Las voces se distorsionaron, los colores perdieron profundidad y, por un segundo eterno, todo quedó suspendido.
Entonces lo vio.
No tenía forma definida. No tenía rostro. Era una presencia contenida en el espacio, una silueta hecha de intención más que de materia. No caminaba. Existía.
—¿Qué eres…? —susurró Hana.
La figura no respondió con palabras.
Respondió con una sensación brutal: evaluación.
Ella no estaba siendo atacada. Estaba siendo analizada.
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Tatsuki sintió el golpe en el vínculo como una descarga.
—Aléjate de ella —dijo en voz baja, aunque sabía que aquello no lo escucharía como un humano.
Los registros confirmaron su peor sospecha: el observador no pertenecía a una línea temporal específica. No venía del pasado ni del futuro.
Venía de fuera del flujo.
—Un corrector… —dijo con amargura—. Una entidad diseñada para eliminar anomalías.
Y Hana era una.
No porque estuviera rota.
Sino porque sentía demasiado.
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La figura dio un paso inexistente hacia ella.
El vínculo reaccionó.
Por primera vez, Hana no sintió miedo.
Sintió decisión.
—No voy a desaparecer —dijo con firmeza—. No soy un error.
El aire vibró.
En ese instante, Tatsuki entendió algo crucial:
El tiempo no estaba intentando separarlos.
Estaba probándolos.
Y el siguiente movimiento decidiría si el vínculo era corregido…
o si el mundo tendría que adaptarse a él.