Tatsuki caminaba por las calles vacías del pueblo. El viento arrastraba hojas secas que giraban en espirales, como si danzaran siguiendo un ritmo que solo él podía percibir. La sensación de estar siendo observado no lo abandonaba. Cada sombra parecía moverse con vida propia, cada sonido le recordaba que algo estaba cambiando en su mundo.
—No puede ser solo coincidencia… —susurró, más para sí mismo que para alguien más.
Sacó su cuaderno y empezó a dibujar mapas, conexiones, notas sobre lo que había visto en las visiones de Hana. Cada símbolo parecía una pieza de un rompecabezas imposible. Sin embargo, mientras lo hacía, algo se iluminó dentro de él: la certeza de que Hana estaba al otro lado, tratando de descubrir lo mismo que él.
Mientras tanto, Hana estaba en el parque central del pueblo, sentada en un banco antiguo. Sus manos temblaban al sostener el cuaderno donde anotaba todas sus visiones. Cerró los ojos y recordó la última que tuvo: el terremoto, los edificios derrumbándose, pero entre todo el caos, una sensación de esperanza, de conexión.
—Tatsuki… —murmuró con voz baja, casi temerosa de pronunciar su nombre en voz alta.
De repente, un sonido quebró el silencio: un golpe seco sobre el banco, como si alguien hubiera dejado un objeto. Hana abrió los ojos y encontró un pequeño papel. Lo tomó y leyó:
"No busques respuestas solo en el pasado, el futuro también habla."
Su corazón dio un brinco. La caligrafía le resultaba extrañamente familiar, y un escalofrío recorrió su espalda. Era como si alguien estuviera guiándola, pero… ¿quién?
Al mismo tiempo, Tatsuki escuchó un sonido similar detrás de él. Giró y vio un papel flotando en el aire, aterrizando frente a sus pies. Lo recogió y leyó:
"Todo lo que crees perdido, está más cerca de ti de lo que imaginas."
El corazón de Tatsuki se aceleró. ¿Cómo podía ser que ambos recibieran mensajes al mismo tiempo, en lugares separados y en líneas temporales diferentes? La sensación de que el tiempo se estaba rompiendo se intensificó. Cada latido de sus corazones estaba conectado, y sin saberlo, ambos se acercaban a un punto donde pasado y futuro colisionarían.
Hana miró el horizonte y vio como la luz del atardecer pintaba el cielo de colores cálidos y anaranjados. Todo parecía tranquilo, pero en su interior sentía que algo grande estaba por ocurrir. Cerró los ojos y dejó que sus recuerdos y visiones fluyeran, intentando encontrar la conexión con Tatsuki.
Tatsuki, por su parte, caminaba hacia el centro del pueblo, guiado por una fuerza invisible. Cada paso lo acercaba a un lugar donde sabía que encontraría respuestas, aunque no supiera cuáles serían. El viento parecía susurrar su nombre, y en cada sonido reconocía fragmentos de las visiones de Hana.
Era como si el tiempo, por fin, estuviera alineando sus destinos.