Ecos del silencio

Ecos que se cruzan

El viento golpeaba las ventanas del apartamento de Hana, haciendo que los cristales vibraran levemente. Ella estaba sentada en su escritorio, mirando fijamente las hojas llenas de anotaciones y fotografías del terremoto que había devastado su ciudad cuatro años atrás. Cada imagen, cada nota, parecía susurrarle secretos que solo ella podía entender.
—Tengo que entenderlo… —murmuró, pasando los dedos sobre los bordes quemados de un papel viejo—. No puedo seguir así.
Sus ojos recorrieron nuevamente las notas, y por un instante, sintió una sensación extraña: como si alguien la estuviera observando, pero no de forma física. Era algo que trascendía el tiempo. Casi podía sentir la presencia de Tatsuki, allí, entre las líneas de sus recuerdos.
Mientras tanto, Tatsuki caminaba por la ciudad en ruinas de su línea temporal. Cada paso hacía crujir el suelo bajo sus pies, y el aire olía a polvo y cenizas mezcladas. Miró un edificio que antes conocía, ahora convertido en un montón de escombros. Sin embargo, había algo que brillaba entre las ruinas: un pequeño papel quemado, casi idéntico al que Hana había recibido días antes.
Lo recogió con cuidado. Las palabras eran simples, pero lo dejaron helado:
“NO LO SABES”
Era la misma caligrafía que él había visto en sus visiones. Y por primera vez, comenzó a entender que no estaba solo en esto. Alguien, o algo, lo estaba guiando.
Hana cerró los ojos y respiró hondo. Sabía que debía intentar algo peligroso: conectar su mente con el tiempo de Tatsuki. No había garantías de que funcionara, pero el riesgo valía la pena. Colocó su mano sobre la libreta y susurró:
—Llévame a él.
Un zumbido comenzó a recorrer la habitación. Las luces parpadearon y un frío intenso llenó el aire. Las imágenes de sus recuerdos y las de Tatsuki comenzaron a mezclarse, como si los muros del tiempo se desdibujaran.
Por su parte, Tatsuki sintió un tirón en el pecho, similar al que Hana había sentido semanas atrás. Se detuvo y cerró los ojos, y entonces vio algo que lo dejó sin aliento: la silueta de Hana, frente a él, difusa pero claramente presente.
—Hana… —susurró, sin poder moverse.
El mundo alrededor de ambos parecía suspendido, como si todo se hubiera detenido para que ellos pudieran encontrarse. Las líneas temporales se entrelazaban lentamente, y por primera vez desde que comenzó todo, ambos entendieron que no estaban destinados a estar separados.
Un pequeño destello de luz iluminó el papel quemado en sus manos, y un mensaje adicional apareció, casi como un eco del tiempo:
“JUNTOS SERÁN MÁS FUERTES”
Hana abrió los ojos y sonrió levemente. Sabía que el camino aún sería difícil, pero ahora había esperanza. Y en algún lugar, Tatsuki sintió lo mismo: que por fin, después de tanto tiempo, sus caminos estaban convergiendo hacia el mismo destino.




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