Ecos Perdidos

Capítulo 33: El Punto Ajeno

No había latido.

No había red.

No había rastro de conexión con lo que Elena sostenía.

Y aun así…

el punto existía.

Perfecto.

Inmóvil.

Ajeno.

—No…

El hombre enmascarado fue el primero en reaccionar.

—Eso no puede estar pasando.

El silencio cayó.

Elena no respondió de inmediato.

Porque lo sentía.

Pero no como a los otros.

—No está dentro.

El aire se volvió denso.

—Ni fuera.

El silencio se tensó.

—No pertenece a ningún lado.

La presencia observó.

—Entonces no es parte del sistema.

El aire se volvió insoportable.

—No —dijo Elena—.

—Es anterior.

El silencio se volvió absoluto.

Adrián dejó de sonreír.

Por primera vez.

—Eso no es posible.

El aire se volvió pesado.

—Nada de esto debería serlo.

El silencio cayó.

El punto no se movía.

No reaccionaba.

No respondía a la red.

Pero tampoco la ignoraba.

Simplemente…

no la necesitaba.

—¿Quién lo creó? —preguntó el hombre.

El silencio se tensó.

Elena cerró los ojos.

Intentó sentirlo.

Como a los otros.

Pero no había acceso.

—No lo sé.

El aire se volvió denso.

—No puedo entrar.

El silencio cayó.

—Ni tocarlo.

La presencia inclinó la cabeza.

—Entonces no es un punto.

El aire se volvió insoportable.

—Es otra categoría.

El silencio se volvió absoluto.

Adrián dio un paso hacia el libro.

Los puntos respondieron.

Pero ese…

no.

—No reacciona a nada.

El aire se volvió pesado.

—Ni siquiera a mí.

El silencio se tensó.

El hombre enmascarado lo miró.

—Eso te molesta.

Adrián no lo negó.

—Sí.

El silencio cayó.

—Porque todo lo demás sí responde.

El aire se volvió denso.

—Esto no.

El silencio se volvió absoluto.

Elena abrió los ojos.

—No está esperando.

El aire se tensó.

—No está creciendo.

El silencio cayó.

—Ya es.

El aire se volvió insoportable.

La presencia la observó con atención.

—Entonces no es un inicio.

Elena negó.

—No.

El silencio se tensó.

—Es un origen.

El aire se volvió pesado.

El hombre enmascarado retrocedió.

—No…

El silencio cayó.

—Eso es peor.

El aire se volvió denso.

—Mucho peor.

Adrián volvió a sonreír.

—Entonces tenemos competencia.

El silencio se tensó.

—No —respondió Elena—.

—Tenemos referencia.

El aire se volvió insoportable.

—Eso no es mejor.

El silencio cayó.

—Es inevitable.

El aire se volvió pesado.

El punto…

cambió.

No en forma.

En intención.

Y por primera vez…

respondió.

No a ellos.

Al mundo.

—No…

El hombre enmascarado lo sintió.

—Está proyectando.

El aire se volvió denso.

—Sin estar conectado.

El silencio se tensó.

—Eso no debería ser posible.

La presencia respondió.

—Pero lo es.

El aire se volvió insoportable.

Elena se tensó.

—Está generando estructura.

El silencio cayó.

—Desde cero.

El aire se volvió pesado.

—Sin sistema.

El silencio se volvió absoluto.

Adrián lo observó.

—Entonces no nos necesita.

El aire se tensó.

—Nunca lo hizo.

El silencio cayó.

El punto emitió algo.

No luz.

No sonido.

Una forma.

Una línea.

Y luego otra.

—Está dibujando.

El aire se volvió denso.

El hombre enmascarado retrocedió.

—No…

El silencio se tensó.

—Está replicando sin copiar.

El aire se volvió insoportable.

Elena no apartó la mirada.

—Está creando.

El silencio cayó.

—Por primera vez.

El aire se volvió pesado.

La presencia observó con intensidad.

—Entonces esto no es una consecuencia.

El silencio se tensó.

—Es una causa.

El aire se volvió denso.

Adrián dejó de moverse.

—Entonces…

El silencio cayó.

—Nosotros somos los derivados.

El aire se volvió insoportable.

Elena lo entendió.

—Sí.

El silencio se volvió absoluto.

El punto…

terminó su forma.

No era un punto.

No completamente.

Era una figura.

Un patrón.

Y dentro de él…

algo comenzó a definirse.

—No…

El hombre enmascarado negó.

—Eso no puede salir.

El aire se volvió denso.

La presencia no respondió.

Porque sabía…

que ya estaba saliendo.

—No…

El silencio cayó.

Elena dio un paso atrás.

Por primera vez…

no por control.

Por duda.

—Esto no lo puedo contener.

El aire se volvió insoportable.

Adrián sonrió.

—Entonces estamos en igualdad de condiciones.

El silencio se tensó.

—No —dijo Elena—.

—Esto no es como nosotros.

El aire se volvió pesado.

—Esto no eligió existir.

El silencio cayó.

—Siempre estuvo.

El aire se volvió denso.

La figura dentro del patrón…

abrió los ojos.

Y cuando lo hizo…

miró directamente a Elena…

como si la hubiera estado esperando…

desde antes de que todo comenzara.




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