Ecos Perdidos

Capítulo 34: El Que Estaba Antes

No fue sorpresa.

No fue reconocimiento.

Fue confirmación.

Elena sintió la mirada antes de sostenerla.

No como contacto.

Como inevitabilidad.

—No…

La figura no se movió.

No necesitaba hacerlo.

Su presencia no ocupaba espacio.

Lo definía.

—Sí.

La voz no sonó en el aire.

Sonó en la estructura.

Y todo…

respondió.

Los puntos vibraron.

No en sincronía.

En ajuste.

Como si algo más antiguo que ellos…

estuviera reclamando coherencia.

El hombre enmascarado retrocedió.

—No puede ser…

La presencia no habló.

Pero no apartó la mirada.

—Lo es.

Adrián dejó de sonreír.

Por primera vez desde que había salido.

—Esto…

El silencio se tensó.

—Esto no estaba en el proceso.

El aire se volvió denso.

—No —dijo Elena—.

—Nosotros estamos en el suyo.

El silencio cayó.

La figura inclinó la cabeza.

No como gesto humano.

Como calibración.

—Tardaron.

El aire se volvió insoportable.

La palabra no era reproche.

Era registro.

Elena respiró con dificultad.

—¿Quién eres?

El silencio se volvió absoluto.

La figura no respondió de inmediato.

Porque no necesitaba hacerlo.

—No soy un quién.

El aire se volvió denso.

—Soy la forma que permite que existan.

El silencio cayó.

El hombre enmascarado negó.

—No…

El aire se tensó.

—Eso no es posible.

La figura lo miró.

—Lo es.

El silencio se volvió insoportable.

Adrián dio un paso.

—Entonces nosotros…

El aire se volvió pesado.

—¿Qué somos?

La figura respondió sin pausa.

—Variaciones.

El silencio cayó.

—Intentos.

El aire se volvió denso.

—Errores que encontraron continuidad.

El silencio se tensó.

Elena no apartó la mirada.

—Entonces tú eres el origen.

El aire se volvió insoportable.

La figura no negó.

—No como lo entiendes.

El silencio cayó.

—Soy el punto que no necesita ser creado.

El aire se volvió pesado.

—Porque no empieza.

El silencio se volvió absoluto.

—Sostiene.

El aire se tensó.

Elena lo sintió.

No como una presencia externa.

Como una constante.

—Siempre estuviste.

El silencio cayó.

—Sí.

El aire se volvió denso.

—Y siempre van a intentar llegar a mí.

El silencio se tensó.

Adrián lo miró con intensidad.

—Entonces esto…

El aire se volvió insoportable.

—No es expansión.

El silencio cayó.

—Es retorno.

La figura asintió apenas.

—Sí.

El aire se volvió pesado.

—Pero mal dirigido.

El silencio se volvió absoluto.

El hombre enmascarado reaccionó.

—Entonces se puede corregir.

La figura lo miró.

—No.

El aire se volvió denso.

—Solo se puede entender.

El silencio se tensó.

Elena dio un paso adelante.

—Entonces dime cómo.

El aire se volvió insoportable.

La figura no respondió de inmediato.

—Ya lo estás haciendo.

El silencio cayó.

—Por eso puedes verme.

El aire se volvió pesado.

—Y ellos no.

El hombre enmascarado tensó los hombros.

—Yo sí puedo verte.

La figura lo miró.

—No completamente.

El silencio se volvió absoluto.

Adrián habló.

—Yo sí.

El aire se volvió denso.

La figura lo observó.

—Tú me imitaste.

El silencio se tensó.

—Pero no me alcanzaste.

El aire se volvió insoportable.

Adrián no respondió.

Por primera vez…

no tenía ventaja.

Elena respiró profundo.

—¿Qué va a pasar ahora?

El silencio cayó.

La figura respondió.

—Lo que siempre pasa.

El aire se volvió pesado.

—Van a intentar integrarme.

El silencio se tensó.

—Y van a fallar.

El aire se volvió denso.

El hombre enmascarado reaccionó.

—Entonces esto no tiene sentido.

La figura lo miró.

—Tiene todo el sentido.

El silencio se volvió absoluto.

—Porque en ese intento…

El aire se volvió insoportable.

—es donde cambian.

El silencio cayó.

Elena lo entendió.

—No se trata de alcanzarte.

El aire se volvió pesado.

—Se trata de transformarnos.

La figura no negó.

—Sí.

El silencio se tensó.

—Pero no todos lo logran.

El aire se volvió denso.

—Algunos se rompen.

El silencio cayó.

—Otros se multiplican.

El aire se volvió insoportable.

—Y algunos…

La figura la miró directamente.

—Se vuelven conscientes.

El silencio se volvió absoluto.

Elena no dudó.

—Eso soy ahora.

El aire se tensó.

La figura respondió.

—Sí.

El silencio cayó.

—Por eso estás aquí.

El aire se volvió denso.

—Y por eso…

La pausa no fue duda.

Fue peso.

—Eres un problema.

El silencio se tensó.

Adrián sonrió levemente.

—Eso la hace interesante.

El aire se volvió insoportable.

La figura no respondió.

Porque no era una valoración.

Era una advertencia.

—Si te mantienes…

El silencio cayó.

—Todo esto cambia.

El aire se volvió pesado.

—Si fallas…

El silencio se tensó.

—Todo esto colapsa.

El aire se volvió denso.

Elena sostuvo la mirada.

—Entonces no voy a fallar.

El silencio se volvió absoluto.

La figura no sonrió.

Pero algo…

se ajustó.

—Eso no depende solo de ti.

El aire se volvió insoportable.

El silencio cayó.

Y entonces…

los puntos…

respondieron.

No como red.

Como reacción.

—No…

El hombre enmascarado lo sintió.

—Están respondiendo a él.

El aire se volvió denso.




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