Ecos Perdidos

Capítulo 43: El Siguiente

No fue un eco.

No fue una repetición.

No fue una interferencia externa.

La voz salió de Adrián…

pero no le pertenecía.

—El siguiente soy yo.

El silencio se volvió absoluto.

El aire no se movió.

Pero todo…

se tensó.

Adrián no reaccionó de inmediato.

No porque no pudiera.

Porque la frase…

también la había escuchado desde adentro.

—No…

El hombre enmascarado dio un paso atrás.

—Eso no eres tú.

El aire se volvió denso.

Adrián levantó la mirada.

—Lo sé.

El silencio cayó.

—Pero está en mí.

El aire se volvió insoportable.

Elena lo sintió.

No como presencia.

Como duplicación.

—No es un centro.

El silencio se tensó.

—Son dos.

El aire se volvió pesado.

La presencia observó con precisión.

—No.

El silencio cayó.

—Es uno que se está dividiendo.

El aire se volvió denso.

Adrián cerró los ojos un instante.

—No se divide.

El silencio se tensó.

—Se despliega.

El aire se volvió insoportable.

—No…

Elena negó.

—Eso no es expansión controlada.

El silencio cayó.

—Eso es fragmentación interna.

El aire se volvió pesado.

Adrián respiró profundo.

—No lo siento como ruptura.

El silencio se tensó.

—Lo siento como…

La palabra tardó.

—Continuidad.

El aire se volvió denso.

—Entonces eso es peor —dijo el hombre enmascarado.

El silencio cayó.

—Porque no lo vas a detener.

El aire se volvió insoportable.

Adrián no respondió.

Porque sabía que era cierto.

—¿Qué significa “el siguiente”? —preguntó Elena.

El silencio se tensó.

Adrián abrió los ojos.

Y por un instante…

no era él quien miraba.

—Significa que no soy el último.

El aire se volvió pesado.

El silencio cayó.

—Significa que esto…

El aire se volvió denso.

—no termina conmigo.

El silencio se tensó.

La presencia intervino.

—Eso confirma lo que está pasando.

El aire se volvió insoportable.

—Los centros no se estabilizan.

El silencio cayó.

—Se reproducen.

El aire se volvió pesado.

El hombre enmascarado negó.

—Eso colapsa cualquier estructura.

El silencio se tensó.

—No hay forma de sostener múltiples centros activos.

El aire se volvió denso.

Elena lo miró.

—Sí la hay.

El silencio cayó.

—Si no compiten.

El aire se volvió insoportable.

—Eso no va a pasar —dijo Adrián.

El silencio se tensó.

—Porque cada centro quiere sostenerse.

El aire se volvió pesado.

—Y eso implica dominancia.

El silencio cayó.

Elena negó.

—No necesariamente.

El aire se volvió denso.

—Solo si siguen siendo sistema.

El silencio se tensó.

—Pero ya no lo son.

El aire se volvió insoportable.

La presencia la observó.

—Entonces qué son.

El silencio cayó.

Elena respondió.

—Campos independientes.

El aire se volvió pesado.

—Que pueden coexistir.

El silencio se tensó.

—O colisionar.

El aire se volvió denso.

Adrián sonrió levemente.

—Y yo soy el primero.

El silencio cayó.

—El primer centro autónomo.

El aire se volvió insoportable.

El hombre enmascarado lo miró con gravedad.

—Entonces también eres el primero que puede romper todo.

El silencio se tensó.

Adrián no lo negó.

—Sí.

El aire se volvió pesado.

—Y eso…

El silencio cayó.

—es lo que va a pasar si no se controla.

El aire se volvió denso.

Elena dio un paso más cerca.

—No se controla.

El silencio se tensó.

—Se equilibra.

El aire se volvió insoportable.

—¿Cómo? —preguntó el hombre.

El silencio cayó.

Elena respondió.

—Creando más.

El aire se volvió pesado.

El silencio se tensó.

—No…

El hombre enmascarado negó.

—Eso lo empeora.

El aire se volvió denso.

—No —dijo Elena—.

—Lo distribuye.

El silencio cayó.

—Un solo centro domina.

El aire se volvió insoportable.

—Muchos centros se limitan entre sí.

El silencio se tensó.

Adrián la observó con interés.

—Entonces quieres multiplicar esto.

El aire se volvió pesado.

Elena no dudó.

—Sí.

El silencio cayó.

—Para que no haya uno absoluto.

El aire se volvió denso.

La presencia asintió.

—Eso crea equilibrio dinámico.

El silencio se tensó.

—Pero también inestabilidad constante.

El aire se volvió insoportable.

Elena respondió.

—Prefiero eso a la absorción total.

El silencio cayó.

Adrián cerró los ojos.

Y el centro dentro de él…

respondió.

—No estás equivocada.

El aire se volvió pesado.

La voz…

no era suya.

El silencio se tensó.

—Pero llegaste tarde.

El aire se volvió denso.

Adrián abrió los ojos.

Y ahora…

había dos miradas.

Superpuestas.

—No…

El hombre enmascarado retrocedió.

—Eso ya empezó.

El aire se volvió insoportable.

El silencio cayó.

El centro dentro de Adrián…

se abrió.

No como punto.

Como eje.

Y desde él…

algo emergió.

No completamente.

Pero lo suficiente.

—El siguiente…

La voz se afirmó.

—ya está en camino.

El aire se volvió pesado.

El silencio se tensó.

Elena lo sintió.

No en Adrián.

En otro lugar.

—No…

El aire se volvió denso.

—No está aquí.

El silencio cayó.

—Está afuera.

El aire se volvió insoportable.

La presencia reaccionó.

—Entonces ya no es contenido.

El silencio se tensó.

—Es expansión real.




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