Ecos Perdidos

Capítulo 47: La Frontera Inexistente

No hubo avance.

No hubo desplazamiento.

No hubo invasión en el sentido tradicional.

El lugar…

simplemente dejó de limitarse a sí mismo.

—…

La extensión no cruzó una línea.

Porque no había línea.

La frontera…

nunca había sido real.

—No…

El segundo lugar no fue alcanzado.

Fue incluido.

Sin transición.

Sin permiso.

Sin resistencia inicial.

—Esto no…

El hombre que estaba dentro del nuevo espacio no lo percibió como un cambio externo.

Lo sintió como una alteración interna.

—No estoy en el mismo lugar.

El silencio no respondió.

Pero el entorno…

sí.

—Nunca lo estuviste.

El aire se volvió denso.

—Solo ahora lo sabes.

El hombre giró.

Intentó ubicar algo conocido.

Algo fijo.

Algo estable.

Pero no lo encontró.

—Esto no es posible…

El lugar no lo contradijo.

—Es inevitable.

El aire se volvió insoportable.

—No puedes permanecer en algo que ya no se define igual.

El silencio cayó.

—Entonces esto está cambiando.

La respuesta fue inmediata.

—No.

El aire se volvió pesado.

—Está revelando lo que siempre fue.

El silencio se tensó.

—Eso no tiene sentido…

El lugar no explicó.

—No necesitas sentido.

El aire se volvió denso.

—Necesitas sostener.

El silencio cayó.

—No puedo…

El lugar no esperó.

—Entonces no permaneces.

—No…

El instante no existió.

El hombre…

no dejó rastro.

—…

El segundo espacio…

no colapsó.

No resistió.

Se ajustó.

Y ahora…

ambos lugares…

eran uno.

—…

No como unión.

Como continuidad.

—No…

El tercer lugar lo sintió.

Antes de que ocurriera.

—Algo viene.

El aire se volvió denso.

Pero no había dirección.

—No viene.

El silencio respondió.

—Ya está.

—No…

El espacio cambió.

No en forma.

En identidad.

—Esto no es el mismo lugar.

El silencio no corrigió.

—Nunca lo fue.

—No…

El tercer lugar no pudo sostener.

Y esta vez…

no desapareció solo un punto.

Desapareció la referencia completa.

—…

Donde había estado…

no quedó nada.

Ni siquiera negación.

Solo continuidad del nuevo campo.

—…

Y el campo…

creció.

No en extensión.

En dominio.

Elena lo sintió como una presión.

No sobre ella.

Sobre todo.

—No…

El silencio cayó.

—Esto ya no es expansión aislada.

El aire se volvió denso.

—Es integración forzada.

El silencio se tensó.

El hombre enmascarado la miró.

—¿Qué significa eso?

El aire se volvió insoportable.

Elena respondió.

—Que los lugares no están coexistiendo.

El silencio cayó.

—Se están absorbiendo entre sí.

El aire se volvió pesado.

La presencia asintió.

—Entonces no hay equilibrio.

El silencio se tensó.

—Hay dominancia territorial.

El aire se volvió denso.

Adrián observó el fenómeno con una calma inquietante.

—Eso era inevitable.

El silencio cayó.

—Los centros no solo existen.

El aire se volvió insoportable.

—Compiten por sostener más.

El silencio se tensó.

Elena negó.

—No todos.

El aire se volvió pesado.

—Pero algunos sí.

El silencio cayó.

—Y eso alcanza.

El aire se volvió denso.

La presencia habló con claridad.

—Entonces el campo se va a unificar de nuevo.

El silencio se tensó.

—Pero no como antes.

El aire se volvió insoportable.

—Como un dominio total.

El silencio cayó.

Adrián sonrió levemente.

—Un solo campo dominante.

El aire se volvió pesado.

—Otra vez uno.

El silencio se tensó.

Elena lo miró.

—No exactamente.

El aire se volvió denso.

—Porque ahora sabemos que puede romperse.

El silencio cayó.

—Y volver a multiplicarse.

El aire se volvió insoportable.

La presencia intervino.

—Eso lo hace inestable por naturaleza.

El silencio se tensó.

—Un ciclo.

El aire se volvió pesado.

Elena asintió.

—Sí.

El silencio cayó.

—Expansión.

—Multiplicación.

—Colapso.

—Unificación.

El aire se volvió denso.

—Y otra vez.

El silencio se tensó.

El hombre enmascarado respiró con dificultad.

—Eso no termina nunca.

El aire se volvió insoportable.

Elena no lo negó.

—No.

El silencio cayó.

—Y nosotros estamos en el medio.

El aire se volvió pesado.

Adrián la miró.

—No estamos en el medio.

El silencio se tensó.

—Somos parte del proceso.

El aire se volvió denso.

—Y eso…

El silencio cayó.

—no se puede evitar.

El aire se volvió insoportable.

Elena cerró los ojos.

Sintió los lugares.

No como espacios.

Como entidades.

Algunas creciendo.

Otras colapsando.

Algunas sosteniéndose.

—No todos van a sobrevivir.

El silencio se tensó.

—Ni personas.

El aire se volvió pesado.

—Ni lugares.

El silencio cayó.

La presencia respondió.

—Entonces la única pregunta es…

El aire se volvió denso.

—¿qué queda al final?

El silencio se tensó.

Elena abrió los ojos.

—No hay final.

El aire se volvió insoportable.

—Solo estados.

El silencio cayó.

—Y estamos entrando en otro.

En ese nuevo estado…

algo imposible ocurrió…

dos centros humanos…

comenzaron a fusionarse…

y ninguno de los dos…

quería desaparecer.




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