Efecto Asher

Odio Que Seas Tu

Dafne.

Mi cabeza dolía horrores. Se sentía como si una banda de rock estuviera usando su interior para ensayar su peor solo de batería.

Mantuve los ojos cerrados, lamentando el haber venido a esta estudia fiesta. Mi semana ya venía siendo un caos. El examen de historia del arte reprobado, el cargador de mi movil roto y los mensaje de mamá recordándome de la cena de aniversario del compromiso de mi horrible hermana, estaban acabando con mi paciencia. Pero era claro que los rayos de luz solar que se colaban por la ventana me confirmaban de que si, el universo todavia tenía espacio para empeorar las cosas.

Trate de darme la vuelta en la cama, buscando una posición que no me hiciera vomitar el alma, pero no pude.

Había algo pesado bloqueando el movimiento. Solte un quejido de frustración. Aquello que me inmovilizaba parecía ser un brazo al rededor de mi cintura, su agarre fuerte imposible de quitar....

Un brazo..

MIERDA

El aire se me congeló en los pulmones.

Abrí los ojos de golpe. Lo primero que vi no fueron las paredes celestes que caracterizan mi habitación. Era un cuarto totalmente desconocido, ordenado a un nivel casi milimétrico, con dos palos de hockey que resaltaban mas que cualquier otra cosas, y un olor a perfume caro combinado con sábanas limpias.

Gire la cabeza con una lentitud tortuosa, rezándole a la santa virgen para que lo que estaba a mi lado fuera un perro gigante o una simple alucinación de resaca.

No tuve tanta suerte.

Me lleva un carajo.

A mi lado, durmiendo con la tranquilidad de un ángel que jamas ha roto un plato, estaba Asher Brooks.

Asher. Maldito. Brooks.

Te voy a matar.

Ok Dafne, respira, no entres en pánico. Tu solo acabas de despertar al lado un insoportable jugador de hockey, que cada que tiene oportunidad te saca de tus casillas.

Me levante con una lentitud y con la habilidad de un Ninja, apartando su brazo milímetro por milímetro. Mís pies descalzos tocaron el piso frío de la habitación, enviándome una corrientes de escalofríos.

Mis ojos escanearon la habitación con rapidez encontrando mis pantalones.

— Esto tiene que ser una broma de muy mal gusto —digo tan bajo que solo pueda escucharme yo. Me desespero al no poder encontrar mi brasier, al punto de querer arrancarme el cabello.

Un gruñido ronco me hace sobresaltar. Los nervios se disparar cuando Asher se mueve bajo las sábanas. No lo pienso mas y tomo la primera camiseta que encuentro, me coloco mís zapatillas dignándome a salir de la escena.

Pero otra vez, el universo me demuestra que esta semana puede empeorar.

Al menos ya es sabado.

Asher se pasa una mano por el cabello despeinado, abriendo poco a poco los ojos. Pestañea unas cuantas veces a mi dirección.

- Dafne?.

Sip. Esta semana puede ir peor.

—¿que... que haces Aqui? — su voz sonó más grave de lo normal, pastosa por el sueño.

— podría preguntarte los mismo, Brooks— aprieto mís labios formando una linea tensa - aunque técnicamente estamos en lo que parece ser tu habitación, así que la pregunta es: ¿como llegue Aquí?. Acaso me secuestraste?.

Asher soltó una risa seca, sentándose en la cama sin el menor rastro de vergüenza o preocupación. La manta cayó, dejando ver que solo dormía con unos short. Desvíe la mirada hacia la pared de inmediato, ganándome una de sus sonrisas arrogante.

—Claro, porque mi plan ideal de viernes por la noche es secuestrar a la chica que quiere apuñalarme con tenedores cada que me tiene cerca —dijo, frotándose las sienes—. No me hables fuerte, me va a estallar la cabeza. ¿Qué pasó anoche?

—Si lo supiera, no estuviera teniendo esta estúpida conversación contigo —le espeté—. No recuerdo nada.

Asher frunció el ceño, buscando en su mesa de noche. Tomo su movil, ojeando la pantalla.

—Son las siete de la mañana. Y hay unas cuantas llamadas de Maddy.

—. Asher, esto es un desastre. Si alguien nos vio irnos juntos, o si mi hermana se entera... — empiezo a imaginarme el sermón de mamá si se entera de esto.

— Podrías callarte cinco segundos?. Te han dicho alguna vez lo insoportable que puedes llegar a ser niña?.

Se acercó a mí, rompiendo mi espacio personal. Ese olor a madera me golpeó otra vez, y odié lo rápido que mi estómago dio un vuelco que no tenía nada que ver con la resaca. Sus ojos cafe estaban fijos en los míos, serios por primera vez en la mañana.

— Esto es lo que vamos hacer. Vas a salir lo más silencioso que puedas y vamos a fingir que esto nunca paso. — sigue frotando sus sienes con indiferencia — seguiremos como siempre. No hay necesidad de saber que paso. Tienes 5 minutos antes que los demás se despierten para el entrenamiento.

Me da la espalda para tomar algo de su mesita.

No necesito mas señal que esa para darme la vuelta y salir casi que corriendo por la casa.

No me percato de nada, solo siento una especie de alivio cuando el sol de la mañana choca contra mi rostro, cierro con el corazón en la garganta, cuidando de que el pestillo no hiciera.

Di unos cuantos pasos lejos de esa casa, solo cuando estuve a una distancia prudencial, me detuve para meter la mano en el bolsillo de mi chaqueta.

Vacío.

Me revisé el otro bolsillo. Nada.

—No, no, no... Por favor, dime que no —susurré, sintiendo una punzada de pánico aumento mucho más mi dolor de cabeza.

Mi teléfono se había quedado adentro.
Específicamente, sobre la mesa de noche de Asher. Y para empeorar mi brillante situación, al mirar a mi alrededor me di cuenta de que no tenía la más mínima idea de dónde estaba.

Esta parte de la ciudad era un laberinto de casas idénticas, calles arboladas y subidas que no reconocía. Estaba completamente desorientada.

—¿Dafne?

Una voz gruesa y varonil me hizo sobresaltar. Me giré con un nudo en el estómago.




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