Efectos especiales

El salto cuántico

Todo el grupo de producción salió de la sala de cine donde se llevó a cabo la premiere de la que prometía ser la película de ciencia ficción más taquillera de la temporada. El equipo de efectos especiales se preparaba para ir a festejar ya que su trabajo había sido tan reconocido que se hablaba de que podrían obtener alguna presea por su trabajo. Pero la excepción fue Jamie McDowell, un novato que dio excelentes aportaciones, sin embargo, fue el único en negarse a festejar, de hecho, fue el único que estuvo completamente distraído y distante durante la función.

Saliendo de la premiere, en seguida tomó un uber que lo llevaría a un hotel lujoso en Beverly Hills. Sacó su teléfono celular y vio el mensaje del doctor Phillips, su antiguo profesor de ciencias, un hombre maduro que un año atrás había ganado un suntuoso monto de dinero en la lotería.

“Me entere en los noticieros de tu trabajo, estoy muy orgulloso de que al fin tengas el logro que tanto deseabas. Estoy de visita en California así que dime si tienes tiempo para tomar una copa”

Debajo de ese mensaje estaba la respuesta de Jamie en donde aceptaba la invitación y lo citó justo esa misma noche.

Volvió a leer el mensaje. “… el logro que tanto deseabas”. Meneó la cabeza, en efecto, él trabajó en un proyecto para un cortometraje justo en los efectos especiales, pero ese no era su sueño, sino el de Sandy… la bella e ingenua Sandy.

Jamie suspiró al pensar en ella. La conoció 5 años atrás, cuando él apenas tenía un año en la universidad, una alegre y soñadora estudiante de cinematografía que se acercó a él para solicitarle apoyarla en un proyecto de cine. Fue algo que no le interesó desde el principio, de hecho, su primera respuesta fue un no, pero Sandy había visto el desempeño de Jamie en una competencia escolar y se interesó en él desde el principio para los efectos especiales de su cortometraje, le insistió por meses hasta que Jamie al fin accedió.

La ayudó a reunir un equipo completo: un guionista, actores amateurs, músicos y algunos otros estudiantes de ciencias para los efectos especiales y digitales. El sueño de Sandy era terminar ese cortometraje a tiempo para una feria de cortometrajes en la que deseaba participar, pero hubo dos detalles, el primero fue que todos los estudiantes lo tomaron como un pasatiempo, la única que se tomaba todo en serio era Sandy y de ahí vino el segundo problema. Muy tarde se enteró de que ella padecía de cardiopatía congénita, una condición que se agravó en el estrés por terminar la filmación a tiempo. Ella falleció seis meses antes de la feria de cortos y ni siquiera pudo ver su película terminada.

Jamie cerró los ojos con un gesto de dolor, recordaba exactamente el momento de su muerte, él la había ido a visitar al hospital, se veía demacrada y muy cansada, había estado charlando con ella cuando de repente sus ojos se desorbitaron, sus últimas palabras resonaban constantes en su mente.

—Jamie… ¡creo que estoy muriendo! —y dicho esto fue languideciendo hasta quedar inmóvil. Jamie se apresuró a buscar ayuda, desde la puerta de la habitación vio cómo los médicos intentaron en vano resucitarla, pero ella ya no regresó.

Después de su funeral, el equipo se esforzó para lograr terminar a tiempo y cumplir el sueño de Sandy, pero las críticas no fueron nada buenas, calificaron al guion como falto de energía, las actuaciones pobres y aunque elogiaron el trabajo de efectos especiales, su cortometraje fue minimizado y dejado en el olvido.

Jamie continuó su vida, terminó su carrera y con la experiencia obtenida logró un puesto en una importante casa productora. Poco después de que él egresara fue cuando el doctor Phillips ganara la lotería e invitó a algunos de sus exalumnos a las Vegas para festejarlo. Ese día, Jamie habló con el doctor de un tema que llegaron a discutir en la universidad sobre los saltos cuánticos y si eso podría permitir los viajes en el tiempo y, un poco tomado, el doctor Phillips le diría a modo de secreto que él lo había logrado y que su único viaje en el tiempo lo había hecho para tener los números ganadores de la lotería y, después de eso, se quedó dormido por la borrachera. Jamie quiso retomar esa chara después, pero el doctor simplemente negó haber dicho tal cosa y dejó de contactarlo.

Pero eso le rondaba en la cabeza constantemente, ¿qué tal que fuera cierto? Quizá el podría viajar en el tiempo e ir con Sandy. Sabía que no podía hacer nada por su condición física, pero quizá podría ayudarla a cumplir su sueño a tiempo, hacerse cargo de todo para evitar que el estrés le diera una muerte tan prematura. Quizá Sandy moriría de cualquier forma, eso no podía saberlo, pero al menos vería su sueño realizado antes de partir.

Jamie llegó al hotel en donde el doctor Phillips lo esperaba en el bar, lo primero que pudo notar era que el dinero no había cambiado en nada al viejo científico, seguía siendo el mismo hombre de ropa sencilla y algo desaliñado que conoció en la universidad, era un hombre auténtico y lo pudo sentir en el abrazo de felicitación que le dio, realmente feliz de ver a uno de sus alumnos triunfar.

El tema de plática se centró en el trabajo de Jamie en la película, pero justamente la trama de esta fue sobre viajeros en el tiempo y eso dio pie a Jamie para abordar el tema que deseaba.

—Doctor, y hablando de viajeros en el tiempo, ¿recuerda aquella noche en las Vegas? Cuando celebramos con usted su prematuro retiro.

—¡Que si lo recuerdo! —el doctor habló perdiendo su sonrisa—. Jamás en mi vida me había emborrachado tanto. Debí entender que mi edad me permite cada vez menos los excesos.




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