Efimero

Capitulo 18

《Te prometo que todo mejorará, tarde o temprano, pero mejorará》

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Cuando bajamos del auto pensaba que estaríamos en un lugar sorprendente, como el lago, pero no era nada extraordinario, solo una plaza comercial. Miré a June, ella dejó escapar una sonrisa traviesa, se despidió del chofer y me arrastró hasta una cafetería.

—¿El pastel? –pregunté, ella solo me dio una sonrisa antes de entrar, la iba a seguir dentro de la cafetería, pero ella sacó la cabeza y negó con la cabeza. —Espérame aquí.

—¿Por qué?

—Arruinarias la sorpresa. –dijo como si fuese lo más lógico del mundo. —Espérame.

Suspiré y la esperé como pidió, veía a las personas pasar, muchos hombres iban de traje, las mujeres de falda plisada y camisa blanca, rutinario, pasaron unos 10 o 15 minutos así hasta que June salió con una bolsa gigante en una mano y una lata de soda sabor uva en la otra, intenté tomar la bolsa pero ella la apartó de mi mano.

—No, no quiero que espies.

—No espiaré, solo quiero ayudar.

—No, no puedes, no quiero que te lastimes el brazo que está en función.

Miré mi brazo enyesado y no pude decir nada, solo asentí, June volvió a sonreír y me ofreció de su soda, denegué su oferta, se encogió de hombros y comenzamos a caminar. Diría que reconocía las calles, pero nunca había caminado por estos lados.

June caminaba delante, con la mano en la que cargaba la bolsa me tomaba la mano para no perderme entre las personas, caminamos unos 10 minutos antes de encontrar un pequeño camino oculto entre árboles, caminamos en silencio por unos 20 minutos más hasta llegar a lo que parecía ser un lugar de descanso, en el centro había un circulo de piedra para hacer una fogata, dos mesas de 4 puestos de madera estaban a un lado, una hamaca colgada entre dos árboles frondosos y un columpio improvisado con una llanta y tela, el lugar era como un bosque, rodeado de árboles grandes.

—Es lindo, me atrevo a decir que es más lindo que el lago. –dije sentándome en las mesas.

—Es mío, mi abuelo la compró para mi antes de morir. –me miró con una sonrisa, dejó las cosas sobre la mesa. —Antes de que muriera veníamos todos los domingos, era algo nuestro.

—¿Por qué me lo enseñas? Este lugar significa mucho para ti.

No respondió, solo me extendió un té con leche con una sonrisa brillante, lo acepté, ella tomó uno, se sentó frente a mi y nos quedamos en silencio por un largo tiempo, solo disfrutando del sol y la sombra que nos daban los árboles, era tranquilo, relajante.

Dejé el té con leche en la mesa y apoyé mi cabeza en la mano buena, me quedé viendo a June, tenia los ojos cerrados mientras disfrutaba del clima, tenía un pequeño lunar debajo del ojo izquierdo casi imperceptible, pestañas largas, cejas espesas, nariz pequeña y redonda, labios perfectamente rosados y su cicatriz, el viento movía su cabello, abrió los ojos y se sorprendió al verme verla, le sonreí, una sonrisa casi imperceptible.

—¿Soy tan bonita? –preguntó acunando su rostro con una mano, con la otra bebió de lo que le quedaba del té con leche, mi sonrisa se hizo un poco más visible.

—Lo eres.

Mis palabras la sorprendieron, comenzó a toser fuerte, me levanté para ayudarla, pero levantó la mano para que me quedara en mi sitio, le tomó un par de segundos recomponerse, su rostro estaba rosado, respiró hondo para asegurarse que estaba bien.

—Eres la primera persona, fuera de mi nonna, que lo dice, mis padres dicen que mi belleza se arruinó por la cicatriz. –cuando dijo eso llevó su mano a la cicatriz, sus ojos se apagaron.

—Una cicatriz no puede ocultar tu belleza. –la miré a los ojos. —Eres bonita ahora y serás bonita en un futuro.

—¿No crees que me vería fea con arrugas? –preguntó estirando su piel para crear arrugas.

—Me gustaría ver eso.

Dejó escapar una pequeña risa, murmuró algo y sonrió, sus ojos se volvieron dos lindas curvas, ladee la cabeza devolviéndole una pequeña sonrisa.

—Deberías hablarme sobre ti. –dijo repentinamente, enarqué una ceja. —Ya sabes cosas sobre mí, no me parece justo que no hables sobre ti.

—¿Oh? ¿No eras tú la que sabía cosas de mi? –pregunté apoyando el mentón sobre mi mano. —Yo sé lo que tú quieres que conozca de ti, hasta ahora sigo sin saber tu nombre.

—Lo sabrás cuando sea el momento adecuado.

—¿Y si ese momento nunca llega? ¿Debería de recordarte como June o como un trato de un mes? –mis palabras hizo que ambos nos quedamos en silencio, no quería que mis palabras sonaran a queja, porque realmente no era una queja, la decisión de aceptar el trato fue mía, aceptar darle un nombre también fue decision mia. Suspiré cansado.

—Me gustan las flores. –hablé, ella me miró sorprendida. —Mi padre me enseñó a cuidar flores, plantabamos árboles junto a una organización, desde entonces mi sueño era comprar un edificio de dos plantas en una buena calle, vivir arriba y abrir una floristería o una cafetería con muchas plantas, sería una vida tranquila.

—¿Era? ¿Ya no lo es?

—Trabajaba para comprar un ataúd y un lugar para ser enterrado ¿tu qué crees? –pregunté con una pequeña sonrisa, mi mirada era suave. —Mi padre quería que fuera a la universidad, que estudiara algo que me gustara y viviera bien. –cerré los ojos. —Debe estar decepcionado de mí.

—No creo que este decepcionado. –se apresuró a hablar. —Creo que estaría triste, por no poder cuidar a su hijo. –bajó la cabeza. —Cuando hablas de él sonríes inconcientemente, debió de ser un buen padre, es algo que nunca tendré.

—Lo fue. –ladee la cabeza. —Tu sigues teniendo a alguien que te ama, tu abuela ha hecho el papel de madre y padre para ti.

Ambos sonreímos y nos quedamos en silencio disfrutando de ello, cada uno en su propio mundo. Miré al cielo, estaba despejado, el sol brillaba, pero no lastimaba los ojos, sonreí, quizás él esté cuidando desde arriba, quizás…




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