Efimero

Capitulo 19

《Los días felices también existen, son fugaces, pero existen》

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Las horas pasaron en tranquilidad, hasta que cayó la noche. Antes de que la luz del sol desapareciera por completo, volvimos a bajar. Nuestras sombras se alargaban sobre el camino mientras los árboles se movían con el viento, el sonido era relajante, el clima era fresco.

—¿Tienes más lugares así? –pregunté.

—Nope, solo el lago y este lugar. –respondió frunciendo los labios. —Es difícil encontrar lugares así en una ciudad. –asentí, ninguno dijo nada más, sólo caminamos en silencio hasta llegar a la misma cafetería en donde compró las cosas.

—¿Y ahora qué? –giré a verla, ella me devolvió la mirada encogiéndose de hombros.

—No lo sé ¿deberíamos ir a casa? ¿Explorar? ¿ir a otro lugar? ¿cenar? ¿seguir caminando? ¿Qué quieres hacer?

Lo pensé por un momento, ninguna idea llegaba a mi cabeza. Observé las calles, las tiendas comenzaban a encender sus letreros, la vida nocturna en la ciudad comenzaba a despertarse; una idea se me vino a la cabeza, sonreí y volteé a ver a June.

—¿Tienes dinero en efectivo? –pregunté, June revisó su cartera asintiendo, yo palmeé la cartera en mi bolsillo. —¿Alguna vez has comido en el barrio chino? –pregunté.

—Me gusta la comida china, si.

—No, no. –dije negando con la cabeza. —Barrio chino ¿alguna vez has ido al barrio chino? –June se veía confundida por mis palabras.

—¿Eso existe? Digo, existe china, lo sé ¿pero un barrio chino?

—Muchas ciudades tienen su propio barrio chino y hoy conocerás el de esta ciudad. –la tomé de la mano y la llevé entre calles hasta dar a la entrada del barrio chino.

Lo que nos recibió fue una mezcla de todo. Las estrechas calles estaban llenas de puestos de comida, letreros brillantes y gente caminando de un lado a otro.

Los puestos callejeros soltaban vapor caliente, había música saliendo de pequeños locales y comerciantes gritando oferta desde la entrada de sus locales o puestos callejeros. Había tanto ruido que era difícil distinguir una sola conversación.

June soltó mi mano apenas entramos, y emocionada comenzó a apretar sus manos en puños; sus ojos iban de un lado a otro mirando con curiosidad cada puesto callejero, siguiendo los letreros brillantes, el humo, la gente, todo.

—¡Esto es increíble! –giró a verme con sus ojos grandes y brillantes. Luego se acercó a mí para que la pudiera escuchar mejor. —¿Cómo descubriste esto?

—Una vez Evan y yo nos escapamos de la escuela, caminamos hasta terminar aquí. –respondí cerca de su oído mientras volvía a tomar su mano. —No las sueltes, no te alejes de mí.

Caminamos entre la multitud mientras los comerciantes intentaban llamar nuestra atención desde sus puestos. Algunos levantaban menús plastificados gritando cosas en chino; otros señalaban bandejas llenas de comida humeante mientras gritaban sus ofertas.

June se pegó un poco más a mí cuando un grupo de personas pasó apresurado entre nosotros.

—¿Algo te llama la atención? –pregunté.

—Todo. –respondió emocionada. —¿No podemos probarlo todo?

—Si eso quieres podemos hacerlo.

—Bien. –me regaló una bonita sonrisa. —Vamos a devorarlo todo.

June tiró de mi mano, la seguí entre la gente, esquivando hombros, mesas improvisadas y vapor que salía de las ollas. El ruido era constante, pero ya no parecía molestarle; al contrario, caminaba como si se hubiera adaptado demasiado rápido a ese caos.

Nos detuvimos frente a un puesto donde estaban friendo algo en un wok. El olor era intenso, salado, casi dulce. June se inclinó un poco para oler, se giró y levantó su pulgar. El vendedor levantó la mirada y nos dijo algo rápido en chino. June no entendió nada, pero igual sonrió como si sí.

—Creo que le gusto.

—Regalando esas sonrisas, claramente si.

—No digas cosas raras.

—No es raro. –respondí, miré al señor. —Uno de esos por favor.

—Dólar ochenta. –dijo rápidamente. —¿Efectivo o transferencia? –preguntó el señor mostrando un qr.

Solté la mano de June para pagar, el señor nos dió el pedido June tomó el envase de cartón con ambas manos apenas el señor se lo entregó.

—¿Qué es exactamente esto? –preguntó mirando el envase.

—No tengo idea —respondí volviendo a tomar su mano; ella giró a verme.

—¿Lo pagaste sin saber qué era?

—Así funciona este lugar para quienes no sabemos chino. –respondí. —Igual era algo que querías probar ¿no?

June asintió soltando una pequeña risa, soltó mi mano para enlazar nuestros brazos, comenzamos a caminar otra vez entre la multitud, ella probó un poco, sus ojos se abrieron con sorpresa, giró a verme.

—Sabe bien.

Sonreí.

Saltamos de puesto en puesto probando de todo un poco. Algunas cosas eran dulces, otras tan picantes que tuvimos que comprar algo para tomar entre risas. El aire seguía oliendo a comida, el tránsito de personas seguía siendo igual que antes, aunque ya habíamos cambiado varias veces de calle.

June seguía caminando pegada a mí mientras miraba todo a su alrededor como si todavía no supiera qué observar primero. De vez en cuando se detenía sin avisar al encontrar algún puesto nuevo que le parecía interesante, obligándome a retroceder unos pasos para seguirla.

—Mira eso —dijo señalando unos dulces cubiertos de azúcar brillante.

—Eso te provocará caries, necesitarás dientes nuevos.

—Compraré una dentadura bañada en oro entonces.

Antes de que pudiera responder a eso ella ya estaba arrastrándome al puesto. La observé hablar con el vendedor usando una mezcla torpe de inglés, señas y sonrisas exageradas. El señor terminó riéndose, le dijo algo en chino mientras le entregaba una brocheta cubierta de frutas brillantes bañadas en azúcar. June la sostuvo con cuidado, observando cómo las luces se reflejaban sobre la capa, agradeció antes de girarse.




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