La grieta
El silencio tras la batalla pesaba más que el rugido de los corrompidos. El atardecer se sentía como una densa oscuridad que envolvió el bosque, donde Arseni, Kara, Elian y Déniil permanecen de pie, atrapados en una tensión invisible.
Arseni con el cuerpo aun adolorido por la batalla, sabía que debía hablar, inspiró hondo, clavando sus ojos en sus compañeros.
-Ustedes merecen la verdad-su voz salió ronca, pero firme- Todo comenzó en Kareth, cuando lo enfrente por primera vez, luchamos, sí y pensé que sería el fin . Pero entonces, cuando estuve a punto de morir , fue él quien me salvó. Y desde entonces lo ha hecho más de una vez.
Elian lo interrumpió incrédulo.
-¿Quieres que crea que un ángel salvó un cazador? ¿Que no planea matarnos a todos?
Déniil observó a Elian con algo de furia, así que se acercó a ellos con firmeza.
-Tipico de los humanos- dijo mirando a Elian- piensan que todos son malos, menos ustedes.
Elian dio un paso hacia él, sujetando sus dagas, pero Arseni los separó.
-No se porque Elian. No lo entiendo, solo sé que cada vez que pienso en alejarme de él, no puedo. Hay algo que me ata.
Kara lo observaba con el ceño fruncido, su mirada cargada de preocupación más que enojo, Elian en cambio, respiraba agitadamente, luchando entre la rabia y la confusión.
Fue Déniil quien dio un paso hacia adelante. Su voz resonó como un eco grave entre los árboles.
-He caminado entre los hombres y he visto el miedo con el que pronuncian la palabra “Ángel” pero no todos elegimos la corrupción. Algunos resistimos, aunque cueste cada día- Sus ojos brillaron suavemente fijos en Arseni- Y a veces, la vida entrelaza caminos que no deberían cruzarse…pero lo hacen por una razón.
Las palabras flotaron en el aire como un peso invisible. Arseni las sintió clavarse en su pecho, y supo que no podía apartar esa verdad aunque quisiera.
Elian retrocedió un paso, su voz sonó tensa, quebrada.
-Necesito, tiempo. No puedo procesar esto aquí, ni con ustedes-miro a Kara, luego Arseni y al final a Déniil con un destello de reproche- Voy al campamento.
Nadie lo detuvo. El sonido de sus pasos alejándose entre las ramas fue el único ruido durante largos segundos.
Kara suspiró y tras un momento, puso su mano en el hombro de Arseni.
-Sabia que aun pasaba esto, desde la última vez que me lo contaste- lo miro a los ojos, seria- Tienes que ser cuidadoso, Arseni. Una verdad así puede costarte la vida, a los dos.
Arseni asintió, sintiendo la carga de sus palabras. A un lado, Déniil permanencia en silencio, pero la calma en su rostro contrastaba con el torbellino que se agitaba dentro de Arseni.
El bosque los envolvió, aislado del resto del mundo, como si el cielo, el sol y las nubes solo les pertenecieran a ambos. Y mientras la brisa agitaba las hojas, el cazador comprendió que las preguntas atenas comenzaban…y que las respuestas, quizá dolerian mas de que estaba preparado para soportar.