Efímero

Capítulo 9

Capítulo 9 | Esperanza

Apenas puedo andar sin estar agarrada a alguien. Matt me lleva hasta la misma puerta de mi casa, teniendo que abrirla él. Nunca pensé que todo sería tan triste.

Ambos entramos, y escuchamos las voces de mi madre y de Kendra, que me sorprende que esté aquí a estas horas.

-¡Elizabeth!- exclama mi madre acercándose a mí- Matt- dice algo más seria. A pesar de que sabe que Matt es un buen hombre, ella tiene miedo a que me haga daño y que pase mis últimos días dolorida por un desamor.

Mi madre besa mis mejillas y me dirijo lentamente a Kendra, la cual, al darse cuenta, acelera su paso y me abraza.

-Tu madre tiene que contarte algo- dice Kendra agarrándome del brazo.

-Será después, cuando...- mira ligeramente a Matt.

-Dilo ahora, todo lo que tenga que ver conmigo Matt puede enterarse- digo, y vuelvo a su lado. Matt aprieta con fuerza mi mano.

-El ex marido de Kendra, una eminencia en operaciones a corazón abierto, está aquí, en Montana- comienza a contar y mis ojos se abren como platos. ¿Pretende hacer lo que me estoy imaginando?- Quiero que te opere.

-Es una locura...- masculla Kendra mirando hacia el suelo.

-¿Puede hacerlo?- pregunto mirando esperanzada a Kendra.

-Elizabeth...- murmura apenada.

-¿Es posible?- insisto, y Kendra asiente con la cabeza.

-Elizabeth, no...- murmura Matt, soltando mi mano, y le miro profundamente.

-Matt- sonrío levemente- Hay una oportunidad.

-No...- murmura negando con la cabeza.

-Habla con él, por favor- me dirijo a Kendra y ella acaricia mi mejilla- Por favor.

-Está bien- dice con una media sonrisa- Pero Elizabeth...

-Gracias- la interrumpo. No quiero saber nada más.

Matt me mira, con sus ojos comenzando a enrojecer, y sin decir nada más, se va.

-¡Matt!- exclamo, pero él no se da la vuelta. Como puedo voy tras él, teniendo que gritar más fuerte cuando me encuentro en mitad de la carretera, me es imposible llegar hasta él- ¡Matt por favor!- comienzo a sollozar, y Matt se gira, pero no se acerca- Por favor...

-No te importa una mierda mi opinión- dice con lágrimas en sus mejillas- Elizabeth, no es una oportunidad, es acortar aún más tu vida.

-¿Y qué?- grito sollozando aún más fuerte- Matt, ¡me quedan días! Si sale mal, da igual uno más o uno menos...- comienzo a decir cada vez más bajo.

-Pero a mí no, Elizabeth, joder, a mí no...- se acerca unos pasos, pero aún está demasiado lejos como para andar yo más.

-Lo voy a hacer, por ti, por mí, por nosotros Matt, por nosotros- Matt niega con la cabeza, enfurecido, gira sobre sus talones y comienza a irse.

Las lágrimas y ese nudo en la garganta que se me ha formado no me dejan decir nada más, pero tampoco hace falta, la decisión ya está tomada.

Mi madre saca una manta y me envuelve en ella, ayudándome a regresar a casa, mientras miro hacia atrás y veo como Matt se aleja con pasos confusos.

Tras unos días intensos de pruebas, por fin es el día de la operación, la cual o me dará la vida, o me la quitará, por fin, de una vez.

A Kendra no le resultó difícil que su ex marido le hiciera el favor, pero repitió hasta la saciedad que la operación por la que iba a pasar era demasiado cara para el pequeño índice que había que saliera bien. Él mismo se sorprendió ante mi estado demacrado.

No he vuelto a hablar con Matt. Solo guardo la esperanza de que haya visto mis mensajes, y que sepa que estoy ya aquí, dispuesta a todo, por un futuro junto a él. Él es el motor de mi vida, y todo lo hago por él, aunque no se dé cuenta.

La operación, el doctor Whiteapple me ha explicado que es muy delicada; tienen que cambiar mi corazón por otro sano, y debido a mi avanzada enfermedad, es más delicado aun. No pierdo nada, algunos días de más quizá, en cambio, gano mucho.

Llegan las enfermeras que me avisan de que es el momento, y con su ayuda, me trasladan a una camilla. Estoy tan débil que apenas puedo pestañear.

Salgo de la habitación y veo los rostros de mis padres, de mis tíos, de Kendra, todos con un amargo rictus. Mi padre besa mi frente, y mi madre me abraza tan fuerte que no me quiere dejar escapar. Todos me besan y me acarician, como si fuera una despedida, puede que quizá lo sea. Las enfermeras avanzan conmigo tras el cálido momento, y las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos al quedar destrozada mi ilusión de ver a Matt allí.

Antes de entrar a la sala de operaciones, pasos antes, escuchó una voz muy conocida para mí, gritando mi nombre.

-¡Elizabeth!- escucho su dulce voy giro mi cabeza como puedo, viéndole postrado al principio del pasillo y dos enfermeros impidiéndole el paso.

-Te amo- susurro enfatizando cada letra para que pueda leer mis labios.

-Y yo a ti- le escucho a lo lejos y leo en sus labios. Suspiro profundamente, y las enfermeras cierran la puerta de operaciones, dejando de ver, quizá por última vez, el rostro de Matt.

Me colocan en la zona central de la sala y veo la cara conocida del doctor Whiteapple.

-¿Estás bien?- pregunta colocándose sus guantes. Yo asiento, algo asustada- Tranquila, no sentirás nada- murmura y me inyecta la anestesia- Piensa en algo bonito, para que cuando despiertes, lo hagas contenta- asiento levemente con la cabeza, mientras comienzo a sentir un profundo sueño.




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