Dibujó con crayón amarillo el rústico contorno de una llave. La pintó con esmero mientras sonreía. La mamá , mirándolo de reojo mientras planchaba la ropa, le preguntó qué dibujaba. A lo que el niño respondió: "una llave para liberarlo a él..." Y señaló con su dedo regordete la jaula del canario que tomaba sol en el balcón. La mamá sonrió ante tal ocurrencia.
- Necesitas una llave real.- dijo- Además es nacido en cautiverio. Ni siquiera sabe volar. - sonrió una vez más mientras se iba a la cocina, pensando en el almuerzo.
El niño contempló su dibujo unos momentos y a paso lento se acercó a la jaula. Dobló la hoja de papel y la sacudió varias veces. A la tercera o cuarta sacudida, una llave dorada, brillante y pulida cayó al suelo. El niño la tomó y abrió con ella la puerta de la jaula. El canario lo miró a los ojos y con una vocecita dulce y fina le dijo:
- ¡Ella no cree en la magia!
Y se fue volando, silbando graciosamente un "gracias".
El niño se encogió de hombros y viéndolo surcar el cielo azul, pensó: "tampoco yo creeré en la magia cuando sea mayor. Es triste, pero así es la Ley..."