Eir. El Idilio de los Soles.

Tenaz

Al siguiente ciclo, no podía aguantar más la curiosidad. Sobre aquella cosa.

El Erye no Erye.

Tenía planeado contarle a Kruger sobre mi descubrimiento, más no podía, porque este científico no me prestaba la atención que quería, incluso la que necesitaba.

Para Kruger, yo ni siquiera era “Nébula”, era un androide para atraer beneficios.

Uno que solo servía para construir y pensar.

Pensar y construir.

Ese es mi bucle estando con él.

Me da peticiones, me dice qué quiere, cómo lo quiere y cuándo lo quiere.

Y si así lo desea, así lo cumpliré. El tiempo me hizo darme cuenta que no es bueno desobedecer a Eryes con tan poca paciencia. Mucho menos a Kruger.

A veces el solo ordenaba:

Contesta está ecuación de manera que no te detengas ni un solo segundo en pensar.

Repara esta máquina, tienes dos latos para terminarlo.

Incluso, a veces me pedía: Describe la sensación del dolor sin usar la palabra “dolor” o “sufrimiento”.

Agradezco no tener dificultad en hacer las cosas que me ordena hacer.

Porque al final, cuando llegan las sombras de Eir, yo solo seré la propiedad y el experimento de él.

Es lo que siempre me ha hecho creer.

Él me adoptó con ese propósito.

Ser su mayor logro.

Cada cierto tiempo, él me inyecta un suero que hace que mis neuronas sean potenciadas.

Nadie tenía mi inteligencia. Pero yo no tenía nada.

Yo pensaba que el en fondo de su corazón, él me quiere, que se siente orgulloso de mi, no como su experimento, sino como Erye.

Eso pienso. Estoy convencida de eso. Solo que…

No es muy expresivo.

Lo sé porque ya me ha dejado en claro que las emociones no son buenas, son ruidos, ruidos que no te dejan pensar.

Me hace decidir entre salvar algo que aprecio o cumplir una orden.

La primera vez escogí salvar algo que aprecio.

Me hizo decidir entre salvar el peluche que me dieron en el orfanato del fuego, o responder un acertijo.

En el momento que yo tomé mi peluche, él me lo arrebató de las manos y enfrente mío lo echó al fuego.

No entendía.

Me miraba con coraje, me obligaba a sentir el arrepentimiento de mi decisión.

Y cuando se quemó por completo, se agachó a mi altura y soltó:

¿Por qué lloras? ¿Cuál es el estímulo exacto?

Jamás volví a hacer algo así.

A Kruger no le gustaban las emociones. No se las mostraba, entonces.

En el momento en que ya no me necesitaba.

Aproveché para salir a buscar aquella cosa.

Me daría gran tristeza saber que despertó de su sueño.

¿Podría yo despertar de mi sueño?

Al llegar a la zona donde nos habíamos encontrado y no verlo hizo que mi vista se fuera al suelo y mi sonrisa desapareciera de mi cara.

Fue muy gracioso estar con él, aunque me llamara vieja. Bebé tonto.

Tal vez él solo paseó por ahí, sería raro que se hubiera quedado exactamente en el mismo lugar, ¿no?

Con la esperanza de encontrarlo, recorrí gran parte del bosque, pero no tuve la dicha de verlo. Es un bosque lleno de cristales, ¿por qué es tan difícil verlo?

Me estoy rindiendo.

No puedo verlo.

Solo me queda tomar mi camino de vuelta a casa.

Pero…

¿Y si solo caminó tanto que llegó al pueblo?

A Kruger no le gusta que vaya allá.

¿Pero quién le ira a decir?

Tengo que encontrarlo. No voy a parar hasta verlo.

Si el dice que no es de aquí, no ha de tener un lugar para refugiarse.

A Kruger le gustará, aunque será su experimento, pero es todo lo que puedo ofrecerle.

Más vale que sea agradecido porque estoy decidida a encontrarlo.

Será una espléndida aventura.

Si mi vida fuera un título, ¿cómo sería?

¿”Nébula y sus aventuras”?

En definitivo, no

¿”La Vida de Nébula”?

Muy insípido.

Cuando terminé de buscar esa cosa, buscaré el título de mi vida.

Tal vez esa cosa me ayude.

Ya me cansé de decirle “cosa”. No tuve la fortuna de que me alcanzara a decir su nombre. Que desafortunada soy.

Solo espero, por ahora, llegar al pueblo sana y rápido.

Aprecio mis caminatas por el bosque cristalino, pero esta no es una caminata, es una búsqueda.

Un viaje de búsqueda.

Pero, no tengo nada.

Y si lo capturaron y yo tengo que pagar para que lo dejen libre.

¡Que desafortunada, que desafortunado, que desafortunados!

Y si se pierde y tengo que dar una recompensa para quién lo encuentre, ¡pero no tengo nada para una recompensa!

¡Que desafortunada, que desafortunado, que desafortunados!

Espero que esa cosa no se moleste si no puedo dar mucho por él.

Llegué al pueblo.

Nunca había visto a tantos Eryes en un solo lugar.

Es fascinante.

¡Enfocate, Nébula!

Si yo fuera un No-Erye donde podría estar.

Por más que vea y vea los lugares, no veo donde podría estar o no estar.

Solo me queda caminar para averiguarlo. Estoy empezando a cansarme.

Caminando, por fin lo veo.

¡No despertó de su sueño! ¡Qué alegría!

Salgo corriendo en su dirección.

—¡Cosa! ¡Cosa!

Llegué a su lado, quitando todo su espacio personal, pero no importa, por fín lo encontré. Que emoción estar a su lado.

—¡Tú! — escupió con gran sorpresa.

—¡Yo!

—¿Cómo me encontraste? — preguntó con esa cara que solía hacer, esa expresión con la cabeza un poco inclinada, con las cejas arqueadas, y la boca medio abierta. Que chistoso.

— Ni idea, fuí a buscarte al bosque pero no estabas, pero sabía que este pueblo estaba cercas, entonces vine. Soy grandiosa, lo sé — dije con mucha confianza, como siempre. No hay mejor cualidad que ser un Erye con gran confianza, sobre todo si soy tan lista.

El solo me agarra de la muñeca y me jala a un lugar más escondido. No tan escondidos, todavía podíamos vernos fácilmente, solo que ahora ya no nos escucharemos tan bien.



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En el texto hay: aventura, fantasía aventura amistad, niños genios

Editado: 20.01.2026

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