Eklipso: La maldición de las Siete Lunas

Luna del Desvelo

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El Feridae siempre comienza en la Corte Dione. De todos los eventos que se preparan en las siete Cortes, el más esperado es justo el primero.

El Certare Escarlata.

Allí, los siete mejores guerreros de cada Corte luchan simultáneamente en la arena del Pozo Carmesí. Mientras, en las gradas y tribunas nobles se reúnen los habitantes de todo el reino para ver a los más hábiles y fuertes guerreros de cada Corte enfrentarse con la esperanza de convertirse en el portador del Pendón Rojo.

—Y al final del torneo hay una velada que organiza Lady Delia —dice Elirain mientras cepilla su cabello rubio oscuro—. Cada año el tema de la velada cambia.

—¿De qué crees que será este año? —pregunta Kailani.

—Espero que de algo romántico —suspira Elirain, soñando despierta—. ¿Tú de qué crees que será, Rina?

Czarina acaricia suavemente el pelaje de Vhagar.

—No lo sé, nunca he ido a ninguna fiesta o evento de ese tipo.

Elirain le dirige una sonrisa apenada.

—Cierto.

—Bueno, no creo que a nosotras nos dejen ir —se queja Kailani.

Elirain deja el cepillo y recoge las horquillas para atar su pelo.

—El torneo es realmente sangriento. Nos pasaríamos la mayoría del tiempo tapándonos los ojos.

—Sí, los guerreros son fieros y sanguinarios una vez entran en la arena. Aunque seguro que ninguno lo es tanto como el Basilisko —argumenta su hermana—. Tampoco tan atractivo.

—Su hermano es mucho más guapo —contradice Elirain—. Selke es hermoso como un ángel y muy hábil con el arco.

Czarina acaricia las orejas de Vhagar y le pregunta:

—¿No te parece haber oído esta discusión miles de veces?

Vhagar hace una especie de resoplido.

—Ambos son muy apuestos y grandes guerreros —ríe Kailani—. Nunca nos pondremos de acuerdo en cuál lo es más.

—Creo que es mejor que tengamos gustos distintos —dice Elirain; luego mira especulativamente a Czarina—. Me pregunto cuál te gustaría a ti.

Kailani mira mal a su hermana.

—A ella no debe gustarle ninguno. Tiene a Helas y a Rogan.

La mirada de Elirain se llena de curiosidad.

—¿Tienes un romance con alguno de los dos?

—No —responde Czarina—. Dudo que ellos piensen en mí de esa forma.

—¿Y tú? ¿Te gusta alguno de ellos? —insiste Elirain.

Un golpe seco en la puerta las interrumpe. Las chicas se sobresaltan y Vhagar se remueve inquieto.

Czarina se levanta de la cama sorprendida de que alguien llame. Cuando la abre, se encuentra a las tres lingéries que hace un rato vieron entrar al palacio con Lord Knox.

Elirain y Kailani se levantan de golpe con la boca abierta.

—¿Podemos entrar? —pregunta educadamente una—. Lord Knox nos ha enviado para ayudar a prepararte.

—¿Prepararme para qué?

Una gran sonrisa se desliza por el bello rostro de la lingérie.

—Para el banquete de bienvenida de los Lores.

Czarina, Kailani y Elirain observan desde una esquina del desván-alcoba cómo unos soldados vestidos con armaduras de rico magenta dejan una bañera de metal pulido sobre la alfombra y luego la rellenan con baldes de agua.

Vhagar, sentado sobre sus patas traseras, mueve la cola rítmicamente, sin quitarles la mirada de encima hasta que salen por la puerta tras terminar.

—¿No le molestará al rey todo esto? —pregunta Kailani en voz baja.

—Me parece que el rey ya no es el único dueño de mi destino —responde Czarina, observando a las lingéries soltar aceites esenciales sobre el agua.

La lingérie de cabello oscuro y piel clara hace una ligera inclinación.

—Me llamo Lyseriel.

—Yo me llamo Vaelith —añade la de cabello oscuro ondulado y piel dorada.

—Y yo soy Cyralune. Somos las camariel de confianza de Lord Knox.

Czarina contempla su hermoso cabello suelto, lleno de rizos, y su piel oliva. Las tres llevan lujosos vestidos de terciopelo violeta. Sus rasgos árabes son realzados por los velos de seda decorados con amatistas. Sus ojos malva rosados brillan bajo la luz de la lucerna.

Las tres son miternios.

Czarina tiene el impulso de hablarles, pero no se le ocurre qué decir. Aun cuando los miternios son más similares a ella que los mortales, siguen siendo diferentes. Y hay una palpable diferencia de estatus.

Lyseriel le hace un gesto hacia la bañera.

—Ya puedes entrar.

Czarina no se mueve. Nunca se ha dado un baño de verdad.

—¿Tal vez deberíamos salir nosotras? —sugiere Elirain, sonrojada.

—Estamos aquí para ayudarte, Czarina —responde Vaelith—. No debes sentir vergüenza.

—No es por eso —interviene Kailani—. Es que su aspecto es tan grotesco que es mejor ocultarlo.

Cyralune frunce el ceño.

—¿Por qué dices eso?

—Yo no lo digo —aclara Kailani, incómoda—. Lo dijo el rey. Todo el reino lo sabe.

—No creo que sea para tanto —responde Cyralune con firmeza.

—Sí lo es —confirma Czarina—. Mi apariencia es diferente incluso de los miternios. No son mis ojos... es más que eso.

El ceño de Cyralune finalmente se suaviza y sonríe.

—¿Te has visto alguna vez en un espejo, Czarina?

Ella niega con la cabeza.

—¿Alguien, aparte del rey, ha visto tu apariencia?

Czarina recuerda el momento en que el Basilisko posó la mano en su barbilla para elevar su rostro. Él tampoco la vio realmente.

—Madele, mi niñera.

Kailani y Elirain se remueven incómodas.

—¿Y qué te ha dicho ella sobre tu apariencia?

—Lo mismo que el rey.

Cyralune suspira, entendiendo más de lo que la chica dice.

—Entonces, en lugar de basarte en las palabras de otros. ¿Por qué no te miras y juzgas por ti misma?

Czarina traga saliva.

—Pero para eso... —continúa la lingérie—. Primero tienes que bañarte.

El silencio llena la estancia mientras Czarina piensa qué hacer. Vhagar se endereza y frota su hocico en su brazo, emitiendo un bajo ronroneo.




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