Eklipso: La maldición de las Siete Lunas

Luna del Juramento

🌒

Cincuenta y siete guerreros se detienen en medio de la arena.

Un mar de siete colores representando a las Siete Cortes: rojo, ámbar, verde, violeta, negro, blanco y turquesa. Sumando al azul oscuro que pertenece a Titán y el gris de Snakora que porta un solo guerrero.

—¿Son esos... los Aren? —pregunta Elirain abriendo mucho los ojos.

—Sí —confirma Czarina, que fue escoltada por el famoso ejército hasta su alcoba la noche anterior.

—Esta es la primera vez que participan —informa Kailani sin quitarle la vista de encima a los guerreros de armadura turquesa y yelmos inspirados en cuernos de ciervo.

—¿Los Umbríos también? —pregunta Czarina señalando a los guerreros de armadura negra cuyos yelmos simbolizan cuervos.

Kailani traga saliva y asiente.

—Los únicos que han participado antes son los mortales. Hasta creí que los miternios lo tenían prohibido debido a su mezcla de sangre.

—Esto va a ser peor de lo que imaginé —murmura Elirain observando preocupada al heredero de la Corte Skadi.

—¿Por qué el Basilisko es el único que participa solo? —pregunta Kailani mirando en cambio al solitario líder de Snakora.

—Querrían darle una esperanza de ganar a los demás —supone Czarina, cuya mirada recae en el guerrero con armadura roja y yelmo que encarna un león.

El redoble de tambores resuena durante unos segundos y los guerreros desenvainan sus armas.

La audiencia toma aire audiblemente.

Inicio de la primera ronda del Certare Escarlata —anuncia una voz que retumba por todo el estadio.

El sonido de los tambores se detiene. El silencio es roto por los gritos de guerra y las feroces pisadas de los guerreros que corren por la arena.

Los ásperos ruidos al chocar las espadas, los silbidos de las flechas y los vítores del pueblo irrumpen a la vez en el estadio mientras la intensa batalla comienza.

—¡Es demasiado! —exclama Elirain tapándose los ojos al igual que su hermana—. —¡Estamos demasiado cerca! —se queja intentando cubrir también sus oídos para no escuchar el sonido de la carne al ser atravesada, seguido de lamentos.

—Sois muy impresionables —dice Czarina sin quitar ojo del combate mientras se rasca la oreja, algo incómoda por la fuerza de los sonidos a su alrededor.

Kailani aparta las manos de sus ojos para ver que tiene atrapada su atención.

—Es impresionante, ¿verdad? Ni siquiera parece que esté esforzándose —comenta con gran admiración.

El Basilisko se abre paso por la arena. Un simple vistazo a su espada basta para saber que no es un acero común, sino un legado forjado para matar.

—Nadie le gana a un berserker en el campo de batalla —sentencia Czarina.

Fascinada, pasea los ojos por toda la arena. Disfrutando de la increíble facilidad con la que puede divisar cada detalle en la oscuridad sin necesidad de las antorchas ubicadas en círculo en la arena ni el reflejo de la luna roja.

—¿Qué hay de los Aren? —pregunta Elirain sin mirar—. ¿Tampoco son rivales para él?

—De momento están luchando cada uno por su lado —responde Kailani—. Deben estar dejando su enfrentamiento para la ronda final, así es más emocionante.

La sangre mancha la arena y su olor inunda las fosas nasales de Czarina, provocando que su corazón se acelere. Vhagar a sus pies suelta pequeños gruñidos.

—¿Y Selke? —pregunta Elirain preocupada.

—Sigue en pie —informa Czarina observando al rubio guerrero que dispara flechas en el lado contrario de la arena—. Pero es el único que queda de su Corte.

Elirain aparta de golpe las manos de su cara.

—¿En serio?

Czarina asiente y señala la arena llena de guerreros caídos.

—El Basilisko fue a por ellos desde el principio y no mostró piedad.

Elirain se queda boquiabierta al ver a los guerreros de armadura verde completamente ensangrentados y desmayados en el mismo lugar donde estaban al inicio de la ronda.

—¿Por qué le haría eso a los guerreros de su hermano?

—Porque también son los guerreros de su padre —dice Czarina echando un vistazo al palco de Lord Lykaios, que observa a sus dos hijos en la arena de forma muy distinta.

—Helas también sigue en pie —comenta Kailani—. Lo está haciendo bien para ser su primera vez.

Czarina mira al chico que trata de mantenerse erguido frente a los experimentados combatientes. Un raro sentimiento se construye en su pecho. Cuando eran niños, Helas usaba su pequeña espada de madera para mostrarle cómo lucharía en el Certare cuando fuera mayor.

—Solo porque los guerreros de su padre actúan como su escudo.

—Es un buen guerrero —insiste Kailani—. No deberías ser tan dura con él. Podría ser tu salvación.

Czarina gira la cabeza hacia la otra chica.

—¿De qué hablas?

—Es el futuro Lord de la Corte Dione —explica Kailani—. Piénsalo, si te casaras con él, te convertirías en Lady y serías libre.

La idea de casarse con Helas nunca había cruzado su mente. Vivían en mundos demasiado diferentes.

—El rey jamás lo permitiría —afirma, nombrando solo uno de los impedimentos.

—Tú misma lo dijiste, el rey ya no es el único dueño de tu destino. Si cumples con lo que sea que quieran los Lores a cambio podrías pedirles eso.

El grito asustado de Elirain las interrumpe.

—¡¿Por qué nos está mirando?!

Czarina vuelve la mirada a la arena justo para ver al Basilisko dirigiéndose directamente hacia el lado del estadio donde se encuentran ellas, noqueando a cada guerrero lo suficientemente loco para atravesarse en su camino.

Kailani siente una gota de sudor bajar por su sien.

—¿Qué hacemos? —susurra mientras las tres quedan atrapadas por su poderosa mirada.

—No entrar en pánico es una buena opción —responde Czarina en el mismo tono bajo.

La piel de Vhagar se eriza cuando se endereza.

—¿Y si corremos? —propone Elirain viendo al temible guerrero acercarse cada vez más.




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