🌔
Quinta semana del Equinoccio
Tres noches y tres rondas del Certare Escarlata pasan antes de que Czarina ponga un pie fuera de su alcoba.
Desliza los guantes de terciopelo añil por sus manos, se coloca la capucha de la capa a juego y sale por la puerta exterior del pasadizo.
Es demasiado temprano para que las lucernas estén encendidas, pero el brillo de la luna roja lanza una franja de color que rompe lo suficiente la oscuridad para ver en el jardín laberíntico.
Czarina no necesita ninguna luz. Camina por el sendero mientras la nieve cae del negro cielo.
Vhagar corre delante de ella, olisqueando el aire en busca de amenazas.
En cuanto cruza un arco cubierto de rosales rojos que da a una fuente, una voz exclama:
—¡Czarina!
Una pequeña figura corre hacia ella y se abraza a su cintura.
—¿Ya no estás enferma? —pregunta Anere observándola con sus enormes ojos que resplandecen como miel derritiéndose.
—Estoy bien —responde sonriendo.
La niña inmediatamente le devuelve una gran sonrisa. La nieve cruje cuando otras dos figuras se les acercan.
—Estábamos preocupados —dice Helas.
—Cuéntame cómo te ha ido en el Certare —pide Czarina cambiando de tema.
Satisfecho al escuchar que él cumple su promesa de tutearlo, Helas responde:
—Ha sido duro, pero he conseguido mantenerme en estas cuatro rondas —dice con una sonrisa orgullosa—. Aunque sé que será difícil llegar hasta la última con los miternios.
—¡Yo creo que puedes ganar! —asegura Anere.
Helas se ríe y palmea la cabeza de su media hermana.
—Gracias por tener fe en mí, Ani.
Rogan y Czarina intercambian una mirada en la que se hablan sin decir nada.
—Ten cuidado con el Basilisko —advierte Rogan—. No está mostrando piedad ni a su propio hermano.
—Lo sé —asiente Helas—. Él no tiene nada que probar, así que si participa es porque desea el premio.
—¿Qué es? —pregunta con curiosidad Anere.
—Lo dirán cuando se decida el campeón —responde Rogan.
—Si fuese yo, querría... —Anere mira a su alrededor y luego señala a Vhagar que bebe agua de la Fuente—. ¡Querría una mascota como él!
—A Lady Delia le encantaría eso —ironiza Czarina.
Los tres hermanos ríen, pero Czarina nota cómo Rogan la evade.
Con él siempre tuvo una conexión especial. Incluso más que con Scarrow o Helas.
—¿Podemos hablar? —pregunta mirándolo directamente.
Rogan suspira y asiente. Anere y Helas los observan en silencio mientras ellos caminan rodeando la fuente.
—No te he visto desde el banquete de bienvenida —comenta Czarina.
Los hombros de Rogan se tensan.
—Los dos hemos estado ocupados.
—Puede ser —acuerda Czarina—. O tal vez me estás evitando.
El chico se queda en silencio.
—¿Es por mi aspecto, no? —conjetura Czarina—. ¿Te desagrada? ¿O te recuerda cosas en las que no quieres pensar?
—Tal vez —admite Rogan—. Es solo que... es como si ahora hubiera una gran distancia entre ambos. Como si te hubieses vuelto una lady o una... princesa.
El chico toma aire y lo suelta antes de continuar:
—Es como si al quitarte esa túnica hubieses empezado a reclamar tu lugar. Lo que debías ser. Me alegraría si eso pasase. Es solo que no sé cómo tratarte si ese es el caso. En la posición que estoy... a veces ni siquiera sé cómo tratar a mis... medio hermanos.
Czarina se impresiona al escuchar su discurso que sale a trompicones. Rogan siempre fue un chico serio y callado que se expresaba más por miradas que por palabras.
—No soy una princesa ni una Lady —responde Czarina serenamente—. Con el rostro cubierto o descubierto, sigo siendo una prisionera del rey y un instrumento para los Lores. Puedes tratarme como siempre lo has hecho.
Rogan la mira a los ojos.
—¿De verdad crees eso? ¿No tienes esperanza de que las cosas vayan a cambiar para ti?
—No es que no tenga esperanza, pero soy realista —aclara Czarina—. No puedo ser la princesa de un lugar que ya no existe.
Deteniéndose para observar el puente a lo lejos bañado de rojizo, Czarina baja el tono hasta convertirlo en un susurro.
—No necesito ningún título, deseo ser libre incluso de eso.
Durante un minuto se quedan en silencio hasta que unos ruidosos pasos se acercan a ellos.
—¿Ya hablasteis? —pregunta Anere.
Helas se ríe de la impaciencia de la niña mientras se detiene a su lado.
Un sutil movimiento detrás de uno de los arcos de rosales alerta a Czarina. El susurro de dos voces llega hasta sus oídos. Hablan en un idioma que no comprende, pero curiosamente sabe a quiénes pertenecen.
—Vhagar —pronuncia Czarina y el animal inmediatamente se pone alerta.
Los dos chicos y la niña la miran confusos.
—¿Qué ocurre? —pregunta Helas.
Vhagar se agazapa con los ojos fijos en el arco de rosales y gruñe.
—Ve.
El animal golpea la nieve con sus poderosas patas al correr hacia él. Justo antes de que lo alcance, una gran figura surge desde detrás del arco y el animal se detiene para gruñirle amenazadoramente.
—Basi... ¡Lord Velkan!—exclama sorprendido Helas al verlo.
Los ojos de Czarina primero pasan por la otra figura todavía oculta tras el arco y después permanecen en el Basilisko.
—Vhagar —llama y el feroz animal, tras chasquear los dientes en dirección al Basilisko, corre hacia ella.
Tras unos segundos de tenso silencio, Helas carraspea.
—¿Qué hacéis por aquí a esta hora?
—Vine a ver los rosedales —responde el Basilisko, su tono extremadamente seco.
—Oh —dice Helas—. Son muy hermosos, ¿no?
El Basilisko clava la mirada en Czarina, sin responder.
Incómodo, Helas vuelve a hablar:
—Lord Velkan, ¿podríais guardar este encuentro en secreto? Nuestros padres podrían estar en contra de nuestra amistad con Czarina.
—No tengo tiempo para chismes —asegura el Basilisko con tono aburrido.
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Editado: 10.01.2026