Eklipso: La maldición de las Siete Lunas

Luna del Encuentro

🌖

El agua cae sobre su largo cabello negro con hebras doradas, llenando de espuma la bañera.

—¿Está bien el agua? —pregunta la canosa niñera.

—Sí —responde Czarina.

El silencio entre ellas es incómodo, lleno de asuntos sin resolver.

Cuando se levanta y Madele le pasa el paño de lino para cubrirse, Czarina capta su mirada curiosa sobre el ligero resplandor de su piel.

—¿Habías olvidado cómo me veo? —pregunta—. Debes haberlo hecho después de tantos años de ayudar al rey a ocultar mi verdadera apariencia.

Madele respinga y su cara se cubre de una emoción indescifrable.

—Czarina...

Lo que sea que quisiera decir es ahogado por el escándalo que hacen sus hijas al entrar de golpe en la alcoba.

—Niñas, ¿qué es esa forma de entrar? —regaña Madele.

—Perdón, mamá —dice Elirain para luego mirar a Czarina—. Anoche te fuiste sin decir nada.

—Te vimos hablando con Lord Velkan —añade Kailani casi fulminándola con la mirada.

—El Basilisko me ha citado esta mañana para enseñarme los alrededores de la Corte —explica Czarina sentándose en el tocador donde Madele comienza a cepillarle el cabello.

Kailani pierde por un momento su expresión ceñuda al escucharla.

—¿Y nos llevarás contigo, verdad? —pregunta ilusionada.

—No —niega Czarina encontrándose con su mirada por el espejo—. Si queréis salir, podéis hacerlo, pero no vendréis con nosotros.

Kailani abre la boca, la cierra y aprieta los puños antes de hablar:

—¿Por qué? ¿Qué razón tienes para impedírnoslo?

Elirain trata de pedirle calma a su hermana con una mirada que ella ignora.

—No necesito ninguna razón —declara Czarina manteniéndose calmada ante el inminente estallido que se avecina—. Pero si quieres una... tu pequeña obsesión con el Basilisko no necesita más alimento. Lady Veritia ya me ha advertido sobre él; no quiero que se vuelva peor al notar tu obvia fascinación.

Czarina se levanta del tocador dejando a la furiosa chica atrás para ir al vestidor donde selecciona un vestido celeste y una capa a juego. Lejos de rendirse, Kailani la sigue, al igual que su hermana, que mira de una a otra con preocupación.

—¿Y no será que ahora que tienes cerca a un hombre poderoso al que aferrarte no quieres que te robe su atención? —escupe Kailani con furia—. ¿Helas, no te pareció suficiente? ¿Acaso somos un estorbo en tus planes, princesa?

—¡Kailani! —grita Madele entrando al vestidor—. ¿Cómo te atreves a decir semejantes acusaciones?

Los ojos de Kailani se llenan de lágrimas ante el regaño de su madre, pero la frustración que siente en su interior la hace mantener su postura con terquedad.

—Es la verdad.

—Incluso si lo fuera —dice Czarina conteniendo su propio genio—. Tú no me estorbarías, ya que no podrías robarme la atención del Basilisko. Si hago esto, es por ti. Tus fantasías románticas con el Basilisko te alejan cada vez más de la realidad.

Kailani se sonroja completamente y trata de replicar, pero su madre la interrumpe:

—Czarina tiene razón, mira cómo te has puesto solo porque no te deja ir a un paseo con ellos.

—Mamá...

Madele niega con la cabeza, impidiendo que su hija se justifique.

—Kailani, hay cosas en la vida que, por más que las deseemos, están fuera de nuestro alcance y debemos aceptarlo. Si no eres capaz de hacerlo, me obligarás a tomar una decisión que te ahorrará un gran dolor en el futuro.

Kailani asiente con la cabeza en silencio mientras una lágrima cae por su mejilla y un leve temblor sacude sus manos. Sin decir nada más, sale del vestidor seguida por su hermana, que intenta consolarla.

Madele mira de reojo a Czarina.

—Perdona a mi hija, realmente no piensa nada de lo que dijo.

Czarina simplemente señala el vestido y la capa.

—Ayúdame a ajustarlos.

—¿Qué demonios haces aquí?

Mark de los Snakori, segundo al mando y mejor amigo del Basilisko, sonríe imperturbable a su tono seco mientras se apoya en la mesa del vestíbulo frente a las escaleras.

—Quiero verla.

—La viste en la Corte Dione —recuerda el Basilisko—. Y en el viaje hasta aquí.

—Apenas me dejaste echarle un vistazo —se queja Mark.

El Basilisko lo fulmina con la mirada.

—No vas a venir con nosotros.

Mark suelta una carcajada.

—No te preocupes, Velk. No voy a interferir en tus sibilinos planes, solo quiero ver de cerca a la chica, especialmente sus ojos. Tal vez preguntarle un par de cosas acerca de nuestro negro futuro.

—Lárgate —ordena el Basilisko cruzándose de brazos.

—Con ese humor seguro que la espantas —suspira Mark, ignorándolo—. ¿No puedes por una vez mostrar algo de encanto o por lo menos sonreír un poco?

En lugar de contestar, el Basilisko se gira hacia la escalera justo cuando Czarina aparece en el rellano.

Mark deja escapar un silbido de sorpresa.

—Hermosa es una palabra demasiado terrenal para describirla —murmura mientras la observan bajar los escalones—. Parece provenir de otro mundo.

Czarina se detiene al final de la escalera y algo llama inmediatamente su atención. Sin contar la velada de Lady Delia, esta es la primera vez que, en lugar de su armadura, el Basilisko usa una fina túnica gris con un cinturón plateado con broche de esmeralda.

—Buenos días —saluda.

Mark se adelanta y extiende su mano. Sus ojos gris metálico, repletos de curiosidad.

—Buenos días —repite—. Me llamo Mark, es un placer conocerte.

Czarina observa al robusto guerrero de extraño peinado. Los lados de su cabeza están afeitados y dos trenzas recogen parte de su cabello, mientras el resto, ondulado y castaño caoba, cae libre por su espalda. Del cráneo a su frente, en dirección a sus ojos, hay tres cicatrices de ceniza blanca grisácea.

—Encantada, sir Mark —responde Czarina.

—No hace falta que me trates con formalismos —rechaza Mark frunciendo el ceño sin acritud—. Hace tiempo que mi padre se encargó de que dejara de ser un caballero; ahora simplemente soy un Snakori que está bajo las órdenes de este gruñón.




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