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El olor a estanque flota hasta el balcón de la Torre.
La esquelética forma de la anciana se mueve abajo, entre la hiedra.
Su largo cabello cuelga enredado sobre su blanco camisón.
Gemidos angustiados salen de su boca, un llanto escalofriante.
Ella nunca ha llorado así. Ni siquiera cuando la insultan o amenazan.
La extraña anciana siempre hace el mismo camino.
Todos los años, el mismo día. Durante toda la noche.
Se lamenta como si hubiera perdido algo... O como si estuviera condenada a buscarlo incansablemente.
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Séptima semana del Equinoccio
Las siete campanadas que anuncian un nuevo día resuenan todavía cuando un puño golpea la puerta y, antes de que Czarina pueda reaccionar, Lady Veritia entra seguida por Uriel.
Vhagar se eriza y muestra los colmillos.
—Buenos días —dice Lady Veritia deteniéndose frente a su cama.
Czarina acaricia la cabeza de Vhagar, notando su fuerte rechazo hacia ambos.
—Buenos días.
De pie junto a la cama, Madele le hace una silenciosa reverencia a Lady Veritia, que observa a Czarina con una mirada analítica.
—He traído algo que deseo que uses hoy —dice haciendo un gesto a Uriel, que deja sobre la cama un hermoso vestido ámbar.
—¿Para algo en especial? —pregunta Czarina apenas fijándose en el vestido.
—A partir de hoy vendrá uno de los pintores más famosos del reino para pintar un retrato tuyo —explica Lady Veritia—. Ese retrato se usará para una subasta que es el evento principal del Feridae de esta Corte.
Apretando los puños bajo la sábana, Czarina responde con calma:
—Agradezco vuestra amabilidad desde que llegué, pero no deseo que un retrato mío se convierta en la última rareza de la colección de alguno de los nobles.
Lady Veritia levanta una ceja con una nota de arrogancia.
—La subasta es con motivos benéficos. El dinero que obtenga del retrato será donado y, teniendo en cuenta la popularidad de la que gozas actualmente, estoy segura de que recaudaremos mucho. ¿Acaso no deseas ayudar a los pobres y enfermos del reino?
—Si lo que deseáis es ayudar a los desfavorecidos, estoy segura de que disponéis de medios de sobra para hacerlo sin necesidad de usarme a mí.
Tensión exhala del cuerpo de Madele mientras un incómodo silencio se instala en la estancia.
—Entiendo tus sentimientos —dice lady Veritia—. Pero precisamente el Feridae es el momento más indicado para generar una gran cantidad de dinero destinado a ayudar al pueblo.
Czarina no dice nada y, tras una breve pausa, Lady Veritia continúa:
—Normalmente en esta Corte se presenta un retrato del vencedor del Certare, ya que es el tema más popular del momento, pero este año claramente lo eres tú.
En sus pálidos ojos coronados por pestañas blancas, Czarina no encuentra rastros de empatía.
—Entonces supongo que no puedo negarme.
Lady Veritia se adelanta para alzar el vestido y ponerlo en las manos que Madele extiende obedientemente.
—Ponle un poco de rubor en la cara —pide—. Está demasiado pálida.
Girando con gracia, Lady Veritia se retira de la alcoba.
Madele se aclara la garganta buscando algo para decir.
—El vestido es hermoso.
El jarrón de caléndulas sobre la mesa cae de pronto al suelo rompiéndose en pedazos, causando que Madele grite.
—¿Qué pasó? —murmura para sí misma acercándose al suelo mojado.
—Estaría mal colocado —dice Czarina sin darle importancia.
Madele asiente y comienza a recoger los cristales mientras Czarina se levanta de la cama, preparándose mentalmente para el agotador día que le espera.
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En la glorieta iluminada por lucernas ubicada frente al lago del jardín de caléndulas, Czarina posa inmóvil durante horas bajo el reflejo de la luna ámbar. Su cabello suelto es acariciado por el ligero viento.
El joven pintor frente a ella mueve con rapidez el pincel, hipnotizado e inspirado por su inusual apariencia, intentando capturar cada detalle en su lienzo.
Cerca de ellos, Vhagar trata de cazar a un pequeño roedor.
La puerta doble del palacio que da al jardín se abre y, por encima de la cabeza del pintor, Czarina ve salir al Basilisko con su segundo al mando. La charla entre ellos se corta en cuanto el Basilisko la nota.
Tras un breve comentario de despedida a su guerrero, se dirige hacia la glorieta.
Antes de retirarse, Mark le sonríe con una complicidad que ella no entiende.
—¿Estás siendo obligada a posar para un retrato? —pregunta el Basilisko colocándose silenciosamente detrás del pintor, que se queda petrificado.
Czarina sonríe sin ganas.
—¿Debo suponer que Lady Veritia no os ha informado de sus deseos?
El Basilisko la observa en silencio unos segundos.
—Tómate un descanso.
—Pero... —protesta el pintor solo para cerrar la boca y asentir al ver la mirada que le dirige el Basilisko.
—Retírate —ordena.
Frustrado a la par que asustado, el pintor se retira al palacio dejando sus cosas atrás.
El Basilisko sube el escalón de la glorieta y se acerca lentamente a Czarina, que retrocede hasta quedar apoyada en la barandilla.
—¿Qué relación crees que tengo con Veritia?
—Una lo bastante cercana para conspirar juntos —responde Czarina mientras él apoya sus manos enguantadas a cada lado de su cintura y se inclina más cerca de su rostro.
—"El rostro del hombre engaña; sin embargo, el corazón revela la verdad"—cita.
Czarina observa de cerca el verde puro de sus ojos de pupila vertical.
—"El lobo se viste de oveja, pero su corazón sigue siendo cruel".
El Basilisko aparta un mechón de pelo de la cara de Czarina y lo pasa por detrás de su puntiaguda oreja, provocándole un estremecimiento.
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Editado: 10.01.2026