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A pesar del conocimiento de la amenaza cerniéndose sobre Asivva, el reino siguió celebrando con alegría el Feridae.
Excepto la abochornada mujer que recibió públicamente un edicto del Consejo de Lores:
"Lady Delia, por haber infringido las normas del Consejo y exponer información potencialmente perturbadora sin autorización, queda privada de participar en el Feridae y permanecerá bajo custodia en el palacio de la Corte Dione durante toda la festividad. Que este castigo sirva de ejemplo para todos los que desafíen nuestras leyes."
Quizás fue por coincidir con la Nativia, tiempo de esperanza y gratitud, de creer en los milagros.
La noticia del Velo de Lúmina permaneció en un extraño aire de irrealidad.
El pueblo de Asivva era experto en cerrar los ojos e ignorar la oscuridad que los rodea.
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El día de Czarina inicia con un golpe en la puerta de su alcoba.
Tres hermosas sonrisas la reciben cuando abre la puerta.
—Czarina —dice Cyralune saludándola con una inclinación—. Buenos días.
—Buenos días —responde dejándolas pasar.
Lyseriel levanta el bulto que lleva en sus manos.
—Lord Knox te ha mandado este regalo —explica.
Czarina lo desenvuelve para descubrir un ricamente hilado vestido de terciopelo azul con delicados bordados de plateados a juego con el cinturón de plata.
—Decís que es un regalo de Lord Knox, pero obviamente está hecho por vosotras —murmura Czarina tocando los delicados guantes que lo complementan.
Los ojos de Vaelith se llenan de comicidad.
—Pero fue él quien nos pidió hacerlo.
La hora siguiente es un revoltijo de manos expertas que ajustan su vestido y peinan su cabello.
—Este sí es un regalo hecho por la mano de Lord Knox —declara Cyralune levantando un fino cofre donde descansa un tocado de plata con forma de pétalos que parecen alas en miniatura a juego con unos pendientes.
—¿Lord Knox sabe de orfebrería? —pregunta Czarina.
—Es un talento común en nuestra Corte —explica Lyseriel—. Aunque Lord Knox es especialmente talentoso.
Vaelith se acerca para colocarle las joyas.
—¡Perfecto! —exclama Cyralune con una palmada.
Cuando las tres lingéries quedan satisfechas con su aspecto, se despiden alegremente.
Elirain y Kailani llegan solo unos minutos después.
—¿Estás lista? —pregunta Kailani expectante mientras abre la puerta.
—¡Vaya! —dice Elirain al verla—. ¿Las lingéries han estado aquí?
Czarina asiente y echa un vistazo a su reflejo en el espejo. Todavía no se acostumbra.
—¿Otro vestido regalado? —pregunta Kailani, con un dejo de envidia en la voz.
Czarina se dirige a la puerta ignorando su pregunta. Vhagar se estira perezosamente antes de seguirla.
—Vámonos.
Mark las espera en el vestíbulo.
—Buenos días —saluda—. Estáis muy hermosas.
—Gracias —dice Czarina mientras Elirain se sonroja.
—¿Y Lord Velkan? —pregunta Kailani mirando a todos lados.
—Ha ido a solucionar algo —responde Mark—. Pero vendrá más tarde. Yo os escoltaré por el momento.
Kailani asiente con desánimo y dejan el palacio para subir al carruaje abierto.
Mientras recorren el sendero que lleva al valle, Czarina observa las colinas y cordilleras mientras sus camariel charlan en el banco de atrás.
—¿Estás nerviosa?
Czarina mira a Mark, que sentado a su lado la observa con una expresión de curiosidad.
—¿Por la celebración o por el Velo?
Mark sonríe con buen humor.
—En esta ocasión me refería a la fiesta. No debes dejar que te intimiden las miradas y los cuchicheos. A los Snakori ya casi nos ignoran y somos mucho más llamativos.
Czarina no está para nada de acuerdo con nada de eso.
—Eres hijo de un Lord y sobrino de la reina —enumera—. ¿Quién se atrevería a ofenderte?
Una sonora carcajada hace vibrar el cuerpo del guerrero.
—Cualquiera —asegura—. Todos saben que mi familia me repudió; me respetan porque soy parte del ejército de Velkan. Soy solo un Snakori y no podría estar más feliz de eso.
Czarina nota un regusto amargo en su boca. Un sabor a ponzoña que no entiende.
—¡Llegamos! —exclama Kailani distrayéndola.
El carruaje se detiene suavemente frente al lago de cisnes. La nieve cruje bajo las patas de los caballos.
El lago, parcialmente congelado, refleja la luna, creando el efecto de un río de ámbar flotando sobre el valle nevado. Cisnes blancos y negros nadan con gracia, sus plumas ligeramente salpicadas de nieve, mientras pequeñas antorchas flotantes delinean su contorno y lanzan destellos de luz cálida sobre el hielo.
Cintas de plata y lucernas adornan los árboles nevados, de cuyas ramas cuelgan esferas con figuras de cristal que parecen cobrar vida al moverse con la brisa.
Columnas de ámbar fosilizado, con coronas de acebo y bayas rojas, están ubicadas en diferentes puntos y entre ellas se alzan mesas con manteles plateados. Aromas de incienso dulce y pino fresco se mezclan con el aire frío.
Pequeños puentes de madera, con pasamanos envueltos en guirnaldas de plata, cruzan los estrechos canales que conectan los estanques del lago. Sobre ellos, los músicos de la Corte afinan arpas y flautas.
Las risas y conversaciones de los invitados se mezclan con la melodía y el suave aleteo de los cisnes, creando una sinfonía.
La escena parece salida de un sueño: una fantasía de luz invernal al ritmo de la Nativia.
Czarina inspira profundamente, dejando que el frío acaricie su rostro.
—Es tan hermoso —suspira Elirain—. Tan romántico.
—Hablando de romance... —dice Mark mientras les ofrece su mano para descender del carruaje—. ¿Sabéis que en la cultura nórdica hay una antigua leyenda sobre amores verdaderos que se besan bajo el muérdago?
—¿Eso te lo ha contado Lord Velkan? —pregunta Kailani enseguida.
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Editado: 10.01.2026