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Contrariamente a lo que la mayoría esperaba, Mark sobrevivió.
Aunque no ileso.
—¿Estás segura de que va a despertar? —pregunta Elirain.
—Ya te dije que sí —responde Czarina.
—Pero se ve muy pálido —insiste Elirain echándole un vistazo al hombre inconsciente en la cama.
—Casi es devorado por un monstruo —interviene Kailani—. Por no hablar de que casi lo ahoga.
Czarina suspira.
—Es un miternio engendrado y seguro que ha enfrentado cosas peores fuera del Velo.
Poniéndose aún más nerviosa por sus palabras, Elirain vuelve a preguntar:
—¿Estás totalmente segura q...
—Deja ya de preguntar —la corta Czarina.
Elirain agacha la cabeza.
—Solo está preocupada por él —defiende Kailani a su hermana.
—Me salvó la vida —dice en voz baja Elirain—. Pudo haber muerto y, sin embargo, no lo pensó ni un segundo.
—Lo hubiera hecho por cualquiera —clarifica Czarina, sabiendo lo romántica e impresionable que es la otra chica.
Las mejillas de Elirain enrojecen.
—Lo sé. Solo estoy agradecida.
Selke entra en la alcoba seguido del Basilisko.
—¿Sigue igual? —pregunta mordiéndose el labio ansioso.
—Sigue inconsciente —informa el médico junto a la cama—. No tiene signos de heridas internas. No sé por qué no despierta. Lo único que he descubierto son varios huesos rotos y una herida en el estómago que ya le he cosido.
—Dijiste que despertaría —reclama Selke volviéndose hacia ella.
—Lo hará —asegura Czarina—. Lo supe al tocarlo.
—¿Cuándo? —demanda Selke apretando los puños con frustración—. ¿Es parte de ser un oráculo jugar a las adivinanzas o solo te divierte nuestra angustia?
—Selke, cálmate —ordena el Basilisko.
Ignorándolo, Selke agarra a Czarina del brazo.
—¡Responde!
El rugido furioso de Vhagar resuena por toda la alcoba.
Selke ve al feroz animal listo para atacarlo, pero es la mirada de su hermano la que le hace soltarla y dar varios pasos atrás.
—Váyanse —ordena con la voz ronca—. Todos, váyanse.
En silencio todos salen de la alcoba, cerrando la puerta para dejarlo a solas con el inconsciente Mark.
—Vuestro hermano está realmente afectado —comenta Kailani, sorprendida—. No sabía que existía una amistad tan profunda entre ellos.
El Basilisko permanece callado. Czarina lo observa con curiosidad.
—Es mejor que vayáis a descansar —sugiere Elirain al médico—. Por si alguien más os necesita después.
—Sí, gracias —contesta incómodo el médico—. Buenas noches.
—Nosotras también deberíamos ir a dormir —suspira Kailani.
Czarina asiente.
—Buenas noches.
Viendo a sus camariel desaparecer por el pasillo, Czarina se gira hacia el Basilisko, que la observa con intensidad.
—Estáis herido.
—¿Cómo lo sabes?
Czarina lo piensa un segundo antes de responder:
—Puedo oler vuestra sangre.
Las exóticas pupilas se dilatan.
—Te acompañaré a tu alcoba —dice el Basilisko instándola a caminar por el pasillo—. Lo que viene las próximas semanas va a ser agotador, así que aprovecha para descansar.
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Novena semana del Equinoccio
El rey está indispuesto y se retira temporalmente del Feridae.
Esa es la impactante noticia que recorre el reino de Asivva, causando susurros de preocupación entre los nobles y temor entre el pueblo.
Una distracción perfecta del verdadero horror que golpea sus puertas.
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El gran invernadero en forma de cúpula está lujosamente decorado para el banquete especial del príncipe heredero.
—¿Para qué creéis que organizó un banquete Mihai? —pregunta Elirain observando las cuidadas enredaderas de rosas.
—Me puedo hacer una idea —dice Czarina señalando el enorme cadáver sobre una gran plataforma circular.
La boca de Kailani se abre con sorpresa.
—¿Eso es...?
—El Xardar.
Un ligero tintineo de copa llama la atención de la multitud.
Mihai, engalanado en una rica túnica añil con adornos de plata, sube a la plataforma junto al Xardar.
—Señores, señoritas —pronuncia con un intento de guiño seductor que causa miradas incómodas—. Hoy he querido organizar una reunión especial. Como ya sabréis, un ser del otro lado del Velo ha invadido nuestro territorio.
Sus palabras provocan un murmullo de voces preocupadas y miradas ansiosas.
—Pero no os preocupéis —continúa el joven príncipe con una sonrisa—. Ni siquiera las feroces bestias de ese inframundo son una amenaza para mí. He dado caza al Xardar, provocando que sus compinches huyan como ratas.
Una exclamación de sorpresa colectiva recorre el invernadero.
—Aquí tenéis la muestra de mi protección —sentencia desenvainando la espada de su guardia para cortar la cabeza del animal muerto—. Que empiece el banquete.
Sonriendo por los aplausos de la muchedumbre, el príncipe limpia la espada en la camisa de su guardia y baja de la plataforma para ir a la mesa principal.
—¿Cómo puede mentir tan descaradamente? —susurra Elirain con los ojos llenos de lágrimas.
—La historia oficial la cuenta quien gana —dice Czarina con la vista fija en la mesa donde se sientan los Lores y la familia Real.
—¿Qué hace vuestro hijo? —increpa lord Lykaios a la reina—. ¿Ha perdido el juicio?
—Es vuestro futuro rey del que habláis —advierte Rasha—. Recordadlo.
—Futuro rey o no, todavía hay un Consejo al que tiene que responder —interviene el siempre estirado Lord Temple.
Con un gesto de irritación la reina responde:
—¿No es esto lo mejor? Es una forma de tranquilizar al pueblo.
—¿De verdad pensáis que alguien se va a creer que vuestro joven e inexperto hijo mató al Xardar? —pregunta lord Knox con una burlona sonrisa—. Todos sabemos que el Basilisko fue quien realizó tal hazaña.
—El pueblo creerá lo que necesite para sentirse a salvo —asegura la reina—. Y necesitan creer en un rey poderoso que los proteja. Mi marido no puede serlo ahora, así que naturalmente mi hijo lo hará. Además, todos los guerreros del reino pertenecen a Titán; su espada es la nuestra.
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Editado: 10.01.2026