El abismo no perdona y me envía un ángel a asesinarme

Alguien llega.

Alguien llega.

Me invaden sentimientos de culpa, ¿Y no comprendo por qué?

El demonio de las flores

Y entonces caminé por ese sendero de girasoles que me hablaban hasta llegar a esa casa. Algo que estaba llamando. ¿O alguien? Lo que conozco como existencia, siempre estuvo marcada por una fatídica sensación de incertidumbres. Solo sé que existe su presencia. La de una silueta que no puedo memorizar bien. Pero debo esperar a que él venga. Venga aquí y saber de él. Hasta ahora solo conozco la muerte que se desarrolla en las gotas de mi sangre. Un veneno fatal que destruye todo lo que toca que el brote de elementos que son destructivos. Por eso me dicen el demonio de las flores. Un apelativo bastante útil a la hora de describir a una mujer cuyas características se asemejan a la muerte. Una parca con sentimientos confusos.

Solo sé que debo aniquilar a los seres que me son designados, y esta persona que guarda mi memoria. Es una de ellas. Su nombre es Jaime. Jaime Diego Leandro McFill. ¿Pero por qué? ¿Por qué debo aniquilarlo? Solo me dieron el encargo, unos engendros del abismo de los infiernos de un sitio llamado Baba. Los demonios siameses.

Una mujer se dirige a tejer los hilos de la muerte en una casa antes de que alguien llegue para ser sentenciado. -

La mujer un tanto nostálgica se sentó en una piedra en ruinas a cavilar mientras la leve brisa de una enclenque onda de la naturaleza rosaba su cabello morado que se despeinaba de manera salvaje combinándose con sus ojos de a momentos ámbar y de a momentos rojos

Sus sentimientos estaban estancados en emociones que no comprendía. Aunque para ella, eso no tenía razón, solo sabía que debía cumplir una de tantas misiones que le fueron encomendadas en la tierra de los infiernos. Muchos se disputaban su nombre, pero de alguna forma su existencia ahora, y en este momento pertenecía a los esbirros de unos seres que tiempo atrás perdieron ese derecho a ella por causa de sus rivales que poseían las cartas del ganador, y esa historia es otra. Una ya pasada, o mejor dicho una del futuro. Porque aquí el tiempo es inestable y quien es su presa. Un cordero inconsciente de lo que es, solo sabe que debe llegar a una morada. Un hogar heredado. Estamos en una época antigua, a principios del siglo XX.




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