El abismo no perdona y me envía un ángel a asesinarme

El escritor del misterio llega a la morada

El escritor del misterio llega a la morada

Es un sitio abandonado, y polvoriento, y una presencia en un cuadro de una mujer me trae ciertos recuerdos.

Jaime Diego. Mcfill

Ante la inminente desaparición, y decesos allegados, Jaime profundizó el pasado en soledad en su habitación perdida en enciclopedias que contenían una información solemne y referente al otro mundo.

  • No encontraré lo que busco, pero saber algún indicio seria más que suficiente. – El grimorio de los demonios – Ese libro tan paradigmático – quizás aquí descubra información sobre esa dama. Yo estoy seguro que existe. Su voz, su encanto. Cada parte de su ser significa algo que puede ser catastrófico – al dar vuelta varias páginas verificó cada ser por su nombre establecido.

Un aroma se mudaba cerca de Jaime. y entre oscuridad y sombras desconocidas un susurro alteró su sentidos.

  • Jaime! – ven….ven conmigo debemos huir – la tranquilidad de aquella voz era tal que hipnotizaba cada órgano del cuerpo
  • ¡¿Qué diablos?! - Y comencé a mirar en los alrededores. La energía con la que se desplaza mudaba de un lado a otro. – no me importa! No te tengo miedo!
  • No me temes, pero desafías con el miedo en tus manos a negarte a ir conmigo. Te quieren llevar lejos a un mundo sombrío que tú, ya conoces
  • Ir a qué? Mi alma y yo ya tenemos suficiente. ¿No conozco un solo sitio, de esos que llamas lúgubres, o mortal?
  • La ingenuidad de tu corazón te ha envenenado. – chistó sin decir nada al respecto – Si tan solo mi memoria también se restableciera sabría por qué vine por él – Se dijo mentalmente en una voz en off que manifestaba tales palabras acordes a una situación desconocida para ambos. – alguien viene por ti. Te busca, quiere llevarte al hondo mundo subterráneo del orco.
  • ¿No sé quien será? Ni me interesa
  • ¿No tienes indicios? La memoria en definitiva es eso. Recopilación de datos esparcidos que se extravían por allí y hay que ir en su búsqueda – Ella levitaba a un sector y luego a otro. – No te conviertas en un escéptico.
  • Al menos no soy un monstruo que se encarga de cosechas desdichados.
  • Ese es un asunto que no podrías comprender.
  • Gracias por tus palabras, seas quién seas. Pero mi decisión está tomada. No me molestes mas
  • ¡Jem! Está bien…Aunque volveré – Se dio la vuelta – y por si te interesa, mi nombre es Kōha
  • ¿Kōha?

La dama se desvaneció y en una bruma cavilaba sin mirar atrás. -

  • ¿Aún no comprendo por qué debo ir por él? Pero hay algo dentro de ese hombre que me es familiar. Cómo un regalo que nos une. – y también tiene una particularidad. No es una especie de ningún tipo. Y eso es lo más llamativo.

Y el soplido en el aire desvaneció su plausible y opaca figura que se borraba instantáneamente con un silbido apacible y tenue. Jaime de pie se había alterado un poco. Unas puntadas en su cabeza, proporcionaron una suerte de molestia indómita y bastante tajante.

  • ¡Auch! – Se tomaba la cabeza - ¿Por qué ese nombre me es familiar? ¿Kōha? Ahora que lo pienso desde que ella apareció en mi vida muchos hechos sobrenaturales se han estado produciendo de manera inusitada – Va! Tampoco es que debería preocuparme, aunque esto de vivir experiencias paranormales, me produce una suerte de cansancio mental y corporal. Como si fueran a instalarse en mi interior. - ¿Qué? – estando de pie observó el suelo - ¿Qué mierda es eso? – frunció el ceño – ¡¡Diablos!!

En el suelo había escrito unas palabras.

  • Te llevaremos con nosotros! – No creas que puedes huir!!
  • Dios!! – Y se lanzó atrás por el miedo - ¿Esas palabras? ¿De dónde carajo salieron? – un aroma sombrío de azufre se expandió en la habitación – Pero él, se mantuvo impoluto en la habitación de la biblioteca del subsuelo de la casa. – Y luego la oración escrita en el suelo de una madera chirriante desapareció.

Para Jaime, una persona que ama escribir y que no recuerda su pasado, todas estas implicancias son una nueva manera de sobrellevar la vida, y lo que vendrá es tan terrorífico en el trecho entre la normalidad y la subrealidad paranormal.

La casa era una habitad confiable, aunque su siniestralidad perforaba los sentidos de la existencia en los parámetros de los normal. Jaime recuerda muchos eventos en su vida. Hospicios, infiernos, y lugares insólitos, pero hay algo de lo que nunca se olvida. Una mujer. Una mujer con un kimono floreado rojo. Muy similar a la que consta en la imagen del cuadro pintado en el oleo atroz de un artista que tal vez ya no exista.

Revisaba cada sitio de ese tugurio extraviado en esa casa de campo a las afueras de la ciudad. Solo restaba realizar unos trámites que debía entregar al hombre que le otorgó los papeles. Era una época un tanto tumultuosa en la cual las tecnologías de la ciencia avanzaron sobre una época que aún era arcaica y lo primigenio se fusionaba con el estilo de los años veinte a cincuenta. Llevaba una chaqueta negra porque para él, era como un símbolo. En esos tiempos la vestimenta era un factor de rebeldía, o de sumisión. Él, elegía ser un rebelde sin causa, aunque su personalidad era mucho más que la de un jeansDeen, sino mas bien la de un HumfreyBogard en Casa Blanca, sin perder sus hábitos cristianos que eran importantes a la hora de rezar unas oraciones para que todo católico no se sienta mal de culpas.

Jaime abrió una puerta y encontró un sótano. El sitio estaba totalmente desprovisto de los elementos que pudieran darle una cierta comodidad. La habitación oscura con caños de agua que interactuaban con los de luz.

  • ¡¿Qué toda la casa es un desastre?! – Es mas el polvo y las averías – Sin dejar de mencionar el siniestro aroma del terror que se percibe -

Al salir de allí subió las escaleras hasta el primer piso que contenía una sola habitación y luego al segundo piso y allí tenía una habitación y una sala de biblioteca. –

  • ¡Wow! – Ahora si me parece interesante. –Comenzó a revisar uno por uno cada libro repleto del aroma de las vainillas y eso lo emocionó - Aunque de alguna manera se paralizó frunciendo el ceño - ¿Eh? - ¿Qué fue eso? – Un escalofrió invadió mi anatomía y apenas pude comprender que fue eso. – Y luego una sensación de nostalgia y agobio invadió el espacio en el cual me encontraba




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.