El escritor misterioso. Koha muda de atuendo. La cena (nueva emoción). Nuevas maneras de liquidar a Jaime.
Es asombroso el mundo, y yo que no conozco nada de él,
Koha. –
Koha no dejaba de presumir uno u otro vestido. Estaba como maravillada. La realidad es que ella provenía de una tierra que las obligaciones demoniacas le prohibían salirse de tu precepto laboral de asesina. Y pertenecía a un mundo despiadado en el cual no existían estas algarabías alegres de lo que representa la vida humana. Realmente eran vicios consumistas pero agradables. Una droga que al experimentar en cada paso le producía cierta sensación.
Experimentar es algo relevante e importante a la hora de tener conocimiento. Y el de Koha solo se basaba en el hecho de existir para una formalidad requisitoria que solo se refería a la destrucción. En el abismo, quienes la contratan son malhechores que toman las almas para sí. Y los siameses necesitaban de esa oveja descarriada que logró huir de ellos de alguna manera.
Eso la llevó a perder un poco la compostura de la situación en la que estaba viviendo, y no reparó en ello, hasta que al verse al espejo extendió la mano tocando con sus dedos un tanto machucados su rostro y con ello cicatrices que existían en su interior y exterior. – con la yema de su dedo seguía el contorno de una de las marcas y se percató de algo interesante. Jaime también poseía esas marcas similares para no exponer que fueran idénticas.
Ladeo la cabeza una y otra vez moviendo su cabello rojizo y totalmente despeinado. Y luego como acto seguido salió de la habitación mirándose una y otra vez. Jaime pasó por allí con algunas cajas pequeñas.
Jaime salió de la cocina y prosiguió yendo de un lado a otro controlando la cocina y mientras continuaba movilizándose hasta una habitación del fondo con las cajas. – Y mientras tanto tarareaba la canción que estaba difundiéndose en la maquina musical. -
Ese hombre sonriente con cicatrices en su nariz, se desvanecía en el silencio del cuarto. Koha se perdió en la situación de un rápido homicidio, el vestido, el cumplido, y saber que cenará a la noche. Demasiadas emociones que no podía discernir, y así mismo se continuaba shockeadacon todos los hechos venideros; las nuevas sensaciones equiparables a las que pueden percibir los humanos. –
Koha tuvo la ligera intensión de querer seguir a Jaime que llevaba las cajas hasta esa otra habitación. Estiró nuevamente la mano y se remordía los dientes por los fallidos intentos de asesinato sobre ese ser parsimonioso y a la vez ansioso por el simple hecho de verlo ir y venir constantemente sin mediar pausa alguna. Intuía que podría estar alterado por alguna razón. Y ella comenzó a realizarse preguntas.
Pensó que no eran tan diferentes al respecto. Ella en algún punto de la realidad también era una suerte de aparato que cumple con los mandados.
Jaime ordena las cajas sacando ropa que deposita en un mueble de lo que será su habitación y Koha lo observa detenidamente. Ella detrás espía sus movimientos (con un rostro sigiloso y sagaz). Luego recoge de una de ellas, una maquina con teclas. La música iba mudando de sonidos. La maquina era un artificio muy complejo y determinado que Koha apenas podía discernir. Un artefacto para escribir y lo coloca en otra habitación en la cual se encuentra la biblioteca. Todos los ambientes estaban lubricados con el añejo paisaje de la nostalgia y la lúgubre maquinación del terror. Eso le producía escalofríos. De hecho desde que llegó a ese recinto su espanto la llevó a querer concluir la tarea de inmediato.
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Editado: 21.09.2026