El Alfa Enamorado.

Capítulo 21

Testigo de un genuino amor...

 

 

Deseaba irse, Madeleine preparo todo para irse, maletas todo, estaba a punto de salir por aquella puerta para arrancarse de un tajo todo el dolor que la consumía, el silencio de la casa era tenebroso, siendo que un día antes era fiesta, se detuvo en la puerta principal, bajo las escaleras y se quedó mirando al bosque, se sentía pegada al suelo con los pies tan pesados que no avanzaba, no podía dar un paso, se dejó caer sentándose en el último escalón, maldecía por todo, pero aun así no podía iré, un leve ruido la alerto, desde el bosque el lobo blanco imponente se acercaba a ella, quedándose sentado en sus patas traseras frente a ella, la miro a los ojos, ella por inercia lo acaricio y fue bien recibida, el lobo se dejó ser por ella, atreviéndose lo abrazo y se soltó llorando, no tenía palabras para describir lo que sentía, pero era tan parecido al sentimiento de consuelo que siempre encontró en él, cuando se sintió más tranquila se separó  y sin decir nada el lobo corrió de regreso al bosque... fue entonces que decidió quedarse, por más que deseaba irse sabía que pertenecía a ese lugar, algo en su corazón lo dictaba.

 

María miraba a su alfa que aun permanecía perdido en sus pensamientos y recuerdos doloroso.

—Deje de atormentarse alfa, eso es algo que no estuvo en su manos, la vida dio tantas vueltas, la manada ha estado bien desde entonces, la muerte de la señora Gabriela eso fue un accidente —  dijo María, el sol podía verse salir entre los árboles anunciando el nuevo día.

— También lo creí por un tiempo, que eso fue un accidente— sacó de un cajón una carta doblada en dos — Esta carta me la mando Jorge hace algunos años en ella me dice que el consejo había sido asesinado, los mismo que me dejaron libre... eso me hizo dudar y a él también — dijo con seriedad  — Días antes de morir me envió un mensaje que solo decía ¨él vive¨ no necesito saber qué es lo que significa, cuando me entere de su muerte fui enseguida por Madeleine, no podía arriesgarme a que algo pasara, dudo que su muerte haya sido tan sencilla como un paro cardíaco— dijo mirando a la nada — Madeleine esa pobre niña que he traído a sufrir aquí, sé que ha llorado hasta el cansancio, como me atrevo a hacerle daño —dijo molesto.

—¿Entonces? usted piensa que él está vivo… no puede ser un error — puso sus manos en su rostro tratando de calmar su sorpresa.

— Algo trama, sea quien sea y es en contra de esta manada y sé que es por mi culpa, él siempre fue más inteligente en las batallas... sé que tiene un plan y uno de ellos es acabar con mis hijos...—no pudo continuar se sentía sumamente cansado, María al verlo así le pidió que fuera a su habitación, el día ya había tenido demasiadas emociones.

Al dejarla sola María miro con detalle sus manos aun con rastros de sangre. Se levanto y detuvo su mirada con detalle en una foto del alfa y su amada esposa, Sofia, mientras caminada hasta su habitación en su mente recordaba ese eterno viaje en barco y como si lo estuviera viviendo de nuevo sus recuerdos se apilaron.

— María, ¿Los pequeños lobos los llevaremos?— preguntaba una mujer rubia, de ojos color azules, cabello ondulado hasta la media espalda, esos pequeños lobos uno negro y otro blanco, los había encontrado Guillermo en el bosque y dijo que serían un regalo para los hijos de Alexter, María no quiso dejarlo solos a su suerte así que los llevo con ella en el barco.

—Sí, Sofia por favor ponlos en mi habitación— la joven de no más de 17 años sonrió y obedeció, en una oportunidad Guillermo fue encerrado en su camarote alejado de todos en lo más profundo del barco.

Después de diez días de viaje la tripulación se encontraba un poco cansada así que en el primer puerto que pararon todos fueron a dar una vuelta, en cambio María se quedó... Sofia había preparado la comida del alfa y se disponía a llevarlo —¿sigue sin comer? — pregunto María mirando fijamente a la joven.

— Si, pero no te preocupes ya lo hará solo necesito saber qué es lo que le gusta— dijo, por eso María la había traído, esa mujer era muy optimista y siempre sonreía.

—Sofia... puedo hacerte una pregunta ¿tú quieres al joven Guillermo?— dijo María, ella mostró pena, bajo su mirada al suelo y su labio temblaba ante una posible respuesta — Tranquila, puedes confiar en mí, me he dado cuenta en la casa como lo mirabas y no dudaste en venir a este viaje que durara mucho tiempo — se acercó hasta ella, no se llevaban mucho en edad solo escasos 4 años.

—No puedo negarte que siento algo por él, no sé si algún día él pueda corresponderme, pero sería muy feliz si así fuera— dijo muy segura.

— Te animarías a hacer algo por él, bueno más bien intentar algo por él— ella movió la cabeza diciendo que sí con algo de duda, caminaron hasta el camarote, nadie podía entrar, por una rendija dejaban la comida — Entraremos, no sé cuánto quieras acercarte a él, pero necesitamos que él tenga contacto con personas y sé que no puedo confiar en nadie más — la otra mujer la escuchaba atenta, no había cosa que no haría por él, entonces lo hicieron abrieron la puerta, Guillermo se encontraba arrinconado en una posición muy animal, su cama y todo estaba destruido, Sofia se acercó hacia él dejando la comida cerca, este le gruño pero ella se mantuvo firme y así pasaron los días, hubo algunos donde la saco de ahí, otros la empujo y hasta la lastimo, pero ella seguía intentando, hasta que paso, él fue confiando en ella, poco a poco hablaban, María siempre estaba ahí al pendiente, cuando empezó a verle con más comportamiento al alfa, los dejaba estar a solas... entonces que ella fue testigo de un genuino amor que crecía en ellos.




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