El Alfa Enamorado.

Capítulo 24

Debo irme...

 

 

 

Alexter corría sin parar entre los arboles corría detrás de Gabriela —Espera, Gabriela detente — alzaba su mano tratando de alcanzarla, pero cada vez era imposible se detuvo observó como su cabello se movía a la par del aire sacudiéndose suavemente, vestida con ese vestido verde que tanto le gustaba en ella...

— Prometes que te casaras conmigo...

De nuevo esa voz que no podía descifrar en su cabeza, la del sueño —¿Por qué? — se quedó parado en medio del bosque miro entre los arboles una vez más y ahí en medio de toda una pequeña luz brillaba, la voz de sus sueños provenía de ahí...

— Alexter…— un gruñido detrás de él lo hizo girar, detrás de él estaba un lobo blanco imponente muy parecido a su Sable, pero con los ojos diferentes uno color amarillo y el otro rojo como la sangre.

— ¡Esto debe de ser una maldita broma tú no puedes hablar! — renegó hacia el lobo blanco que solo lo miraba fijamente.

— Pero lo hago, aunque más bien tú eres el que me puedes escuchar — volvió esa voz gruesa a pronunciarse, pero el lobo no movía su hocico ni se movía solo le seguía viendo fijamente.

 

—¿Qué quieres de mí? — dijo cansado, eso se repetía una y otra vez era interminable.

 

— Recuerdas cuando regresaste lucido...— afirmó la voz

 

—Cuando desperté lejos de las tierras de la manada— dijo pensativo mirando a la nada

 

—Creíste haber domado a la bestia no es así — volvió a afirmar, hablaba de todos sus pensamientos y dudas con una facilidad pensó Alexter

 

—¿A qué vienes con esto? regrese a medias sin recuerdos...— gruño

 

 

 

— Por favor vive… ¡quédate! No mueras...

La suave voz de Madeleine lo hizo voltear de nuevo a su espalda ahí estaba ella vestida como ese día, se miraba frágil, rota, su cuerpo temblaba podía sentir su dolor...

 

— ¡Basta! Deja de torturarme — gritó hacia el lobo, pero este ya no estaba... — Perdóname Madeleine— dijo levemente casi como un suspiro.

 

— ¿Alexter dime... porque aun sigues con vida?...

Se quedó callado ante la pregunta del otro, no sabía que decir no podía decir nada por más que él mismo se lo preguntaba no encontraba esa respuesta el aún vivía por capricho, pensó, pero capricho de quien... entonces escucho un grito desgarrador que podía palpar el miedo... este le recorrió el cuerpo con un escalofrió.

 

Sebastián miraba a la nada pensando, las fechas de celebración de la época estaba a la vuelta de la esquina y sabía que debía hacer algo para que festejar y dar un momento de alegría a todos, miro a Madeleine salir como de costumbre por la mañana con sus herramientas de jardinera.

—Sofia al fin ha salido de su habitación—dijo triunfante Carlos entrando al estudio de su alfa.

—Me da gusto escuchar eso— dijo sin quitarle la vista de encima a ella, su amigo se aceró y miró hacia la misma dirección.

 

— ¿Dime que interés tienes ahora por ella? — preguntó con mucha curiosidad.

 

—Interés... — suspiro y regreso de nuevo a su escritorio.

 

—Sí, interés dime ¿te gusta? — dijo serio.

 

—Tú y Valentina hacen las mismas preguntas innecesarias— bufo acomodándose el saco.

 

—Mi hermana ella...eso no es bueno—dijo serio, el otro lo miro con duda

 

—A qué viene ese comentario — dijo sentándose

 

—No nada, son cosas mías, pero no me has contestado— regresa al tema ocasionado otra mirada dura de su alfa.




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