El Alfa supremo y la Omega

Capítulo 3: Secretos al descubierto

—Tú —lo señalo, incapaz de disimular mi fastidio. Mi sorpresa se ha transformado en molestia en cuanto analizo en lo que estaba haciendo.

—Sí, soy yo —dice Ángel, arqueando una ceja con aire divertido—. Y, para tu amable información, esta es mi fiesta, muñeca.

Ruedo los ojos, ignorando por completo su comentario. El insistente sonido de mi teléfono me distrae, así que me apresuro a contestar la llamada.

—¡Papá!

—¡Milagro! ¿Dónde te has metido? —La preocupación en la voz de mi padre es totalmente palpable.

—Estoy en una fiesta, papá —le digo, intentando calmarlo.

—¿En una fiesta? ¿Qué clase de fiesta? —Su voz denota un creciente nerviosismo.

Siempre son así; mis padres son protectores hasta la exageración. Según ellos, lo hacen por mi propia seguridad.

—Es una fiesta del colegio, papá. Vine con Adela, ella me llevará de regreso a casa —explico, intentando sonar paciente.

—Ah, eso me tranquiliza un poco. Tu madre está muy preocupada porque no respondes las llamadas.

—Dile que volveré enseguida.

—De acuerdo, hija. Cuídate mucho y regresa sana y salva —dice mi padre antes de colgar.

Suspiro con calma mientras guardo el teléfono en mi cartera. No les digo que estoy en un club nocturno, porque ya soy mayor y no tienen por qué estar siempre encima de mí.

Me doy la vuelta para buscar a Adela, pero, como si estuviera destinada a chocar con la gente esta noche, vuelvo a tropezar con alguien. «¡Qué torpe soy!», pienso para mí misma.

—¿Te gusta chocar conmigo? —pregunta Ángel, mostrando una sonrisa que no me gusta.

—¡No, para nada! —respondo, tratando de sonar firme.

—Dos veces en tan poco tiempo. Parece que no puedes resistirte a mí —dice, acercándose demasiado. Su presencia me incomoda por completo.

—Me asustaste, pensé que te habías ido —digo, sintiendo cómo mi corazón se acelera.

Una sonrisa se dibuja en sus labios y, por un instante, me quedo mirando fija su boca.

—Soy irresistible, lo sé. ¿Por qué tú no caes rendida como las demás, muñeca? ¿Acaso hay alguien más? —pregunta guiñándome un ojo y riendo al ver mi reacción.

Siento un escalofrío recorrer mi espalda. Ese chico me da mucho miedo; su energía es densa y oscura. Intento pasar a su lado, pero me bloquea el camino de inmediato.

—¿A dónde crees que vas? —pregunta.

—¡Suéltame! —le digo, intentando sonar valiente, mientras me sostiene firmemente por el brazo.

—¿Te vas así? ¿Y quién me va a compensar por el daño que me causaste? —pregunta Ángel con una sonrisa burlona. Lo miro. Es muy guapo, sí, pero algo en él me repele.

—¿Qué daño? —pregunto, sintiendo un nudo en el estómago.

—Arruinaste mi momento con una chica preciosa. Ahora me debes una —dice, acercándose peligrosamente. Su cercanía me hace sentir sumamente vulnerable.

Me estremezco cuando Ángel se acerca tanto que casi puedo sentir su aliento, y alcanzo a ver una escritura en su pecho desnudo. La curiosidad me invade, pero antes de que pueda descifrar las palabras, lo empujo con todas mis fuerzas.

—¡No te me acerques! —le advierto, mientras corro lejos de él.

Por ir tan deprisa y sin mirar, vuelvo a tropezar con alguien más. ¿Qué me ocurre este día? Estoy hecha un desastre. Suspiro molesta y me quejo en voz baja, pero para mi sorpresa, el chico frente a mí es Daniel. Su rostro muestra asombro, hace una mueca de desagrado al mirar detrás de mí y, finalmente, su expresión se enfría por completo.

Ángel aparece a mis espaldas, sonriendo con suficiencia a su hermano, quien lo mira con puro odio. La tensión entre ellos dos es palpable en el aire.

—Discúlpame —le digo a Daniel en un susurro, y me escabullo rápidamente hacia la pista de baile.

Adela no está a la vista por ningún lado. La busco desesperadamente entre la multitud; me siento cada vez más ansiosa y atrapada. De pronto, alguien me agarra del brazo con fuerza y me arrastra fuera del gentío.

—¡Al fin! ¿Dónde estabas? —exclama Adela, con un resoplido de alivio y enojo a la vez.

—Mi padre me llamó, tuve que ir a contestarle —le digo, tratando de calmarla.

—Creí que te habías perdido —agrega, dándome un abrazo—. Me tenías con el corazón en la boca. Ya, vámonos de aquí —me dice, llevándome hacia la salida.

El aire nocturno me golpea el rostro como una auténtica bocanada de libertad. Me sentía sumamente atrapada ahí dentro. Afuera, por fin vuelvo a ser yo misma. Las fiestas y los ambientes tan cargados definitivamente no son para mí; mi felicidad está en la tranquilidad y en la naturaleza. Esas personas viven en un mundo completamente aparte.

Me subo al coche de Adela y ella arranca de inmediato.

—Adela, ¿no crees que es peligroso conducir así? —le pregunto con cautela.

—No te preocupes, soy loba. El alcohol no me hace ni cosquillas. Solo fueron cinco cervezas, estoy perfecta —me asegura con total tranquilidad—. Ahora, dime, ¿qué te pasa? ¿Por qué esa cara tan larga? —pregunta con curiosidad.

—Conocí a un tipo —le digo con un hondo suspiro.

—¡¿Qué?! ¡No me digas! ¿Lo conozco? ¿Hubo beso? ¡Suelta la sopa ya mismo! —cuestiona con una sonrisa pícara. No puedo evitar reírme por sus ocurrencias.

—No, es un idiota que se dedica a fastidiar a las chicas —le explico con fastidio.

—¿Te molestó? ¿Te hizo algo? ¡Dime quién es y le doy su merecido ahora mismo! —dice, usando un tono protector.

—Es Ángel. ¡Ese hombre me pone de los nervios! —hablo con frustración.

—¡¿El hijo menor del Alfa?! —indaga Adela sorprendida.

—¡No grites! ¡Y conduce! No quiero morir hoy, ¡y menos siendo virgen! Y sin haber besado nunca a un chico —le digo con evidente sarcasmo.

—Perdón, perdón. Pero cuéntame, ¿qué te hizo ese imbécil? —insiste mi amiga.

—Interrumpí su momento especial con una chica y tuvo el descaro de pedirme que la reemplazara. ¿Te parece normal eso? —le pregunto, indignada.

—¡Qué! Ese tipo está desquiciado. ¡Huye de él, Mili! Ángel tiene fama de ser un mujeriego terrible. En su otra escuela era todo un donjuán. Él solo quiere... —me informa Adela.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.