El Alfa supremo y la Omega

Capítulo 5: Un cumpleaños tenso

Ha pasado una semana desde que comencé a evitar a Daniel. En todo este tiempo tampoco le he dirigido la palabra a Ángel, su hermano. Él ya se dio cuenta de que estoy enamorada de Daniel; al principio me sorprende, pero luego comprendo que es capaz de leer mis ojos cada vez que miro a su hermano.

Después de aquel día, Ángel deja de insistir. Se vuelve muy popular en el colegio. Por lo que observo, no sale con nadie; solo establece amistades con las chicas.

Daniel, por su parte, parece más distante que nunca cuando está cerca de mí. No entiendo por qué, si ni siquiera le he confeso lo que siento. Aunque tal vez no importa; quizás todo esto sea solo cosa mía.

—Amiga, hoy a la medianoche es tu cumpleaños. ¡Estoy tan emocionada! —me dice Adela, saltando y abrazándome con entusiasmo.

A la medianoche cumplo dieciocho años y me siento muy nerviosa. Mi corazón late con ansiedad mientras pienso en la tradición de nuestra manada. Es el momento en que la mayoría de los hombres lobo encuentran a sus parejas, pero lo más probable es que no sea así para mí. Si mi pareja fuera de nuestra manada, ya me habría reclamado. Miro mis manos, que tiemblan ligeramente mientras intento calmarme.

—¿En qué estás pensando? —pregunta Adela, dándome un suave golpe en el hombro.

Sacudo la cabeza, intentando despejar mis pensamientos.

—En nada —respondo, forzando una sonrisa.

Adela me observa con escepticismo.

—Sigues pensando en Daniel —dice con una voz suave, pero perspicaz.

Suspiro, sintiendo el calor subir a mis mejillas. En realidad, no estoy pensando en él… pero, al mismo tiempo, sí. Deseo con el alma que él sea mi pareja. Miro por la ventana de la biblioteca, con la mente atrapada en un torbellino de pensamientos. Daniel y Julia se han estado distanciando últimamente y, aunque no entiendo qué sucede entre ellos, su indiferencia hacia ella me da una pizca de esperanza.

Suspiro y sacudo la cabeza, intentando alejar aquella idea de mi mente.

—Tengo que dejar de pensar en él —murmuro para mí misma, como si decirlo en voz alta pudiera hacerlo realidad—. Esperaré a la persona que la Diosa haya escogido para mí.

Pero, en cuanto las palabras salen de mi boca, una punzada de ansiedad se instala en mi pecho. ¿Quién será mi pareja? ¿Y si realmente es Daniel?

—Solo estoy preocupada por mi pareja —le confieso a Adela, sintiendo cómo la inquietud tiñe mi voz—. No creo que esté aquí, en nuestra manada.

Adela me dedica una sonrisa cálida, llena de optimismo.

—No te preocupes —dice con convicción—. Un compañero te cambia la vida. Estoy segura de que, a partir de ahora, serás muy feliz.

Intento sonreír, tratando de contagiarme de su entusiasmo, pero una sombra de tristeza se instala en mi pecho. Siempre he sentido que Daniel es mi compañero. Durante años, una conexión invisible me ha unido a él… pero él nunca me ha demostrado sentir lo mismo por mí.

«Estoy segura de que él no puede sentir lo mismo», pienso, con un nudo en la garganta. Si lo hiciera, al menos habría intentado hablar conmigo sobre ello. Suspiro y miro a Adela con incertidumbre.

—¿Y si jamás lo encuentro? —pregunto con un puchero, sintiendo la angustia apretarme el pecho.

Adela toma mis manos con ternura y sonríe.

—No te desanimes, amiga —dice con dulzura y firmeza—. Tu compañero está ahí fuera, esperándote.

Paso un largo rato conversando con mi amiga. Sin embargo, después de mi última clase, la espero en mi aula por mucho tiempo… pero nunca llega. Con un suspiro, me levanto de mi asiento y camino hacia la puerta, echando un vistazo a mi reloj por enésima vez. Finalmente, decido marcharme. Tal vez Adela simplemente olvidó nuestra cita.

Al salir, me dirijo al pasillo principal. La escuela está casi vacía; solo quedan algunos estudiantes que se quedan a estudiar o a practicar deportes. A medida que avanzo, una sensación de soledad se apodera de mí y, sin quererlo, mis pensamientos volvieron a Daniel… y a la posibilidad de que él sea mi compañero.

Voy pasando junto a varias aulas cuando un sonido inesperado me detiene en seco. Unos gruñidos.

Un escalofrío me recorre la espalda y los vellos de mis brazos se erizan. Me acerco con cautela a la puerta de donde proviene el ruido. Antes de asomarme, echo un vistazo al pasillo. Vacío. Estoy completamente sola en esa parte de la escuela.

De repente, un golpe seco resuena en el aula. Mi cuerpo reacciona antes que mi mente. Abro la puerta de un tirón y me quedo helada al ver la escena ante mí. Dos chicos se sujetan por el cuello en un forcejeo violento. Pero lo que realmente hace que mi corazón se detenga es reconocer sus rostros.

—¡Daniel! —grito, corriendo hacia él con el corazón latiéndome en la garganta.

Antes de que pueda alcanzarlo, Ángel lanza un puñetazo directo a su rostro. El impacto resuena en la habitación y la sangre brota de la boca de Daniel. La comisura de su labio se ha partido. Mi pecho se oprime ante la visión de su dolor.

Llego hasta él y, con manos temblorosas, intento acariciar su herida, pero Daniel aparta ligeramente mi mano. Sin decir una palabra, se limpia la sangre con el pulgar; su mirada refleja una mezcla de dolor y confusión.

Dirijo mi mirada a Ángel, quien me fulmina con los ojos llenos de ira y resentimiento. Su expresión me hiela la sangre. ¿Qué pudo haber pasado entre ellos para llegar a eso?

—¿Qué está pasando? ¿Por qué le pegas? —pregunto, exigiendo una respuesta mientras aprieto los puños con rabia contenida.

Ángel me sostiene la mirada por unos segundos. Sus ojos se oscurecen de manera inquietante y un escalofrío me recorre la espalda. Algo en su expresión me pone en alerta. Recuerdo que, cuando éramos niños, siempre tenía un temperamento explosivo, fácil de encender con la menor provocación.

De pronto, sin que me dé cuenta, Daniel se mueve. En un parpadeo, su puño impacta con fuerza el rostro de Ángel. El golpe resuena en la habitación. Me quedo paralizada, con la boca entreabierta y los ojos muy abiertos, incapaz de reaccionar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.